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Carlos Moro: "Seguiremos ampliando la posición de Matarromera en O Ribeiro"

Carlos Moro, presidente de Bodegas Familiares Matarromera.EP
Carlos Moro, presidente de Bodegas Familiares Matarromera.EP
Al frente de uno de los grupos bodegueros con más solera de España, el presidente de Bodegas Familiares Matarromera, Carlos Moro, presentó el jueves en Ourense Casar de Vide, el primer vino que produce en la bodega que adquirió en julio en Castrelo de Miño. La apuesta de este grupo con corazon en la Ribera del Duero por la D.O. Ribeiro arrancó en 2016 con una colaboración con Viña Costeira

La denominación de Origen  Ribeiro —una zona cuya tradición vitivinícola hunde sus raíces hasta el siglo II antes de Cristo— está en boga y capta el interés de grandes grupos. Heredero de una saga de conocedores del mundo del vino, el ingeniero agrónomo, enólogo, viticultor y bodeguero Carlos Moro (Valladolid, 1953), que en 1995 vio encumbrado su tinto más conocido, Matarromera, como el ‘Mejor Vino del Mundo’, repasa sus planes de futuro en Galicia.


Bodegas Familiares Matarromera suma diez bodegas, ¿qué os aporta Casar de Vide?

Primero, el elemento pasional, pues Galicia me encanta y disfruto de sus paisajes, sus vinos y mariscos. Segundo, estoy en el mundo del vino desde que nací y he conocido la evolución de los caldos gallegos, y de forma especial de los de O Ribeiro, y me parece tan fantástica que ha llegado un punto en el que hay un caudal de potencial de calidad extraordinario. El albariño y el godello tuvieron ya su desarrollo hace unos años y había unas cualidades y una zona por descubrir y potenciar mucho más, que es la de O Ribeiro, con la treixadura y la torrontés. Esta pasión me movió a comprar la bodega y a hacer nuestro propio vino, Casar de Vide.

Una de las características de la D.O. es el minifundismo, un lastre en Galicia. ¿Cómo lidiáis con esto?

Matarromera está ubicada en Valbuena de Duero, una zona muy minifundista. La bodega Carlos Moro, en La Rioja, también, pues las parcelas son muy pequeñas y antiguas. Por tanto, no nos sorprende tanto. Quizá aquí se ve todavía más el minifundismo, pero eso no quita nada a la calidad de las viñas, las uvas y a la idiosincrasia del suelo. Hay que verlo como una riqueza, independientemente de que luego sea conveniente a futuro ir organizando parcelas un poco más grandes y fáciles de trabajar.

Además de esta operación, Los Ruiz Aragoneses se han hecho con otras dos bodegas en O Ribeiro. ¿Prevéis ampliar vuestra presencia en la D.O.?

Nuestra historia es muy bonita. Hace tres años, contacté con un amigo que tiene tres bodegas en Galicia y me insistió para seguir con su labor. Por eso vimos Casal de Vide y otra bodega en la zona. En aquel momento, estábamos con la bodega Carlos Moro de La Rioja y me era más complicado, porque cuando se hace algo tiene que hacerse con fuerza, calidad y con la dimensión adecuada. Y no lo hicimos. Pero elaboré un primer vino con nuestros amigos de Viña Costeira, que me cedieron un pago: Carlos Moro Finca San Cibrao, que lleva tres años en el mercado con un éxito extraordinario. Eso me animó a conocer de primera mano el potencial de la zona y las variedades. En julio, me decidí a apostar mucho más por O Ribeiro, pues mi amigo Luis Vázquez quería traspasar esta parte de su negocio. Hacemos unas 7.000 botellas de Carlos Moro y en Casar de Vide arrancamos elaborando solo las variedades autóctonas, por el momento.

Elaboré Carlos Moro Finca San Cibrao con Viña Costeira, que me cedió un pago; lleva tres años en el mercado con un éxito extraordinario

¿Cómo ha ido la primera cosecha?

Hemos hecho una primera producción de unos 60.000 kilos, muy atrevida. Se trata de una selección con un extraordinario tratamiento en bodega y es solo el principio. Seguiremos creciendo a medida que el propio mercado nos lo vaya diciendo. Llegamos a planteamientos ambiciosos, pero con humildad. Si gusta a nuestros consumidores, tenemos potencial y lo alcanzaremos, primero cubriendo la capacidad productiva, de unos 200.000 kilos, que, si todo va bien, alcanzaremos en un par de años. Seguiremos incrementando nuestra posición, acompasando el desarrollo que está teniendo O Ribeiro.

Vuestro grupo tiene una presencia internacional importante. Servirá para proyectar este primer caldo?

Va a llegar todavía a pocos mercados porque es una producción pequeña. Estamos en 80 países y en todas las provincias españolas. Por tanto, sí, será una cifra corta pero suficiente para que todos conozcan nuestro potencial de calidad, de hacer vinos de gran personalidad.

Lleva unos 30 años en el negocio y en su día fue merecedor del Premio al Mejor Vino del Mundo, ¿cómo ve la situación del sector en España?

El recorrido es fantástico. En estos 30 años he visto cómo ha cambiado la tecnología, cómo ha mejorado la enología, cómo se han creado bodegas con condiciones fantásticas. España ha pasado muchas competiciones, situándose a la cabeza de los vinos del mundo. Casal de Vide no es menos bueno que cualquiera de los mejores vinos blancos frescos del mundo y eso es fabuloso. Los mercados lo han ido reconociendo y eso supone que el precio medio ha ido creciendo, igual que la exportación y la presencia de los vinos de alta calidad. Hemos invertido en el sector, en las personas, la tierra, las viñas y el conocimiento, así que auguro un recorrido estupendo, independientemente de los avatares coyunturales derivados de la situación económica o de los aranceles.

¿Introducir a las nuevas generaciones en la cultura del vino es un reto?

El desafío es incorporarlos un poco antes. Somos una de las bodegas que apuestan por diversificar. Elaboramos un vino sin alcohol, el Win, y otro con una graduación baja, el Win 5.0. Son una guía para empezar a conocer este mundo. Tomado como se debe tomar, el vino es un alimento saludable y hay que promocionar esa cultura. 

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