Una vida a la carrera

La atleta lucense Karina Pasarín puede presumir de algo que no está al alcance de muchos, ya que ha finalizado los seis grandes maratones a nivel mundial, conocidos como Majors. Tras su hazaña se centrará en el medio maratón y pruebas de diez kilómetros.
Karina Pasarín posa con las medallas que la reconocen como 'finisher' de los seis Majors. VICTORIA RODRÍGUEZ
photo_camera Karina Pasarín posa con las medallas que la reconocen como 'finisher' de los seis Majors. VICTORIA RODRÍGUEZ

Las exigencias que suponen la crianza de cuatro hijos unido a la voracidad de su trabajo como enfermera del servicio de Urgencias del Hula y el reajuste continuo de su horario en la búsqueda de tiempo para completar sus arduas sesiones de entrenamiento fueron algunas de las dificultades que la atleta lucense Karina Pasarín tuvo que sortear para lograr un hito histórico en el atletismo.

La deportista lucense puede presumir de haber finalizado los seis grandes maratones a nivel mundial, conocidos como World Marathon Majors (WMM).

Su debut en la distancia de Filípides sucedió en 2017 en Londres. Un año después corrió en Boston y en el 2019 se hizo con los de Tokio y Nueva York. Chicago fue su quinta carrera sobre 42,195 kilómetros para completar la hazaña al atravesar la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, el pasado 24 de septiembre.

Karina Pasarín no puede ocultar su satisfacción por sellar uno de los retos mayúsculos del atletismo moderno. Ni mucho menos fue un camino de rosas. Tuvo que sortear caídas, lesiones, hipotermias y hasta un monzón para grabar con nombre propio su historia entre las elegidas.

"Llegué al maratón de Berlín casi sin entrenamiento porque tres meses antes de la prueba anunciaron las oposiciones del Sergas y dediqué casi todo mi tiempo a estudiar. Con el añadido de los turnos de trabajo en el hospital se me hizo prácticamente imposible entrenar", recuerda. El cúmulo de todos estos factores no la hizo desistir en su intención de acudir a la capital alemana, al haber hecho efectivo los pagos del dorsal y el viaje con antelación a los acontecimientos.

"Cuando vi la Puerta de Brandeburgo fue un alivio para mí. Corrí con muy malas sensaciones toda la carrera por la falta de entrenamiento, y por eso hice mi peor marca en maratón: 4.12 horas", explica la propia fondista, a quien todavía se le eriza la piel al recordar la rúbrica en esta hazaña. El camino a los seis Majors comenzó hace siete años en Londres. Con anterioridad había hecho su debut en la distancia en la Madrid Rock and Roll. El extraordinario ambiente que rodea el recorrido de la capital británica enardeció todavía más el primer Major de Karina. Los problemas físicos que sufrió no hicieron mella en sus recuerdos, en la que califica como "la prueba más bonita que corrí".

La lucense llegaba en un gran estado de forma, pero a falta de 17 kilómetros para el final, sufrió un resbalón con una botella vacía. "Me provocó un esguince de tobillo. Aun así, terminé con dolor pero valió la pena. Cuando pasas por el palacio de Buckhingham y oyes como te anima la gente es una sensación indescriptible. Tenía que terminar sí o sí", matiza.

Del maratón de Nueva York atesora momento únicos. El aliento del público desde el puente de Brooklyn hasta el paso por los cinco distritos permanecen latentes en la memoria de la atleta lucense. "Te gritaban hasta los policías que vigilaban el recorrido", rememora justo antes de desbloquear entre sus recuerdos su experiencia más dramática sobre el asfalto.

Karina Pasarín cruzó el Atlántico para enfrentarse al cronómetro. Lo que desconocía es que el reloj no sería su peor rival. "El maratón de Boston de 2018 fue calificado como el más duro de la historia. Durante la prueba se desató un monzón tropical sobre la ciudad. Fue horrible, muchos de los favoritos a la victoria tuvieron que retirarse debido a la condiciones extremas de lluvia, granizo y viento. Acabé en el hotel con hipotermia", relata aún con infausto recuerdo en su memoria.

Las sensaciones positivas regresaron en Chicago. La ciudad del viento trajo la mejor marca personal en la distancia de esta profesional de la sanidad pública. "Terminé la carrera en 3.30 horas y con muy buenas sensaciones".

La gesta de entrar en el selecto club de las 78 mujeres en España que han completado los seis Majors ha cerrado una etapa en la carrera atlética de esta lucense, quien se despedirá de los 42.195 metros para centrarse en otras citas de menor distancia.

"Ahora voy a preparar los 21 kilómetros, es la distancia donde me siento más cómoda. Correré el Medio Maratón Cidade de Lugo. El año pasado no pude", atestigua esta enfermera que no cesa de burlar al tiempo embargado entre los boxes de Urgencias y la competición más extenuante.

"Trabajar de enfermera, con cuatro hijos y a mis 46 años seguir corriendo es mi gran pasión. Mi sonrisa no tiene fin", explica Karina Pasarín, quien baila al son del traqueteo que producen las zapatillas sobre el asfalto. Es su momento. Correr se convierte en un ritual, un oasis que combate la vorágine de su profesión con el paso de los kilómetros.

De jugadora de baloncesto a velocista

Karina Pasarín y el deporte estaban predestinados a encontrarse. Aunque fue el baloncesto la actividad a la que primero otorgó su atención. Con 7 años comenzó a jugar en el Xuncas de la mano del técnico Carlos Pascual.

La casualidad quiso que con 14 años acompañase a una amiga a entrenar a las pistas. "Vi que se colocaban en los tacos de salida y me puse a imitarlos. Uno de los entrenadores me vio y me animó a entrenar velocidad". Todo un cúmulo de circunstancias que la llevaron a compaginar la canasta y las zapatillas de clavos hasta los 18 años.

Tras competir en baloncesto en su etapa universitaria, Karina abandonó la práctica deportiva para criar a sus cuatro hijos. "Hasta los 35 años no volví a correr". Fue a dar una vuelta a la muralla y ya nunca más paró. "Soy una afortunada por la gente con la que corrí. La sensación de subir al podio es indescriptible", dice Karina.

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