"Una película dirigida por una mujer es otro rollo, porque no se empapa todo de testosterona"

Antonio de la Torre, que protagoniza la ópera prima de Clara Bilbao, 'Tratamos demasiado bien a las mujeres', dice que el rodaje en Vilalba le permitió conocer Lugo de cerca, lo que fue "todo un descubrimiento"
Antonio de la Torre, en el exterior del auditorio vilalbés. XESÚS PONTE
photo_camera Antonio de la Torre, en el exterior del auditorio vilalbés. XESÚS PONTE

"Cada película es una oportunidad de experimentar en primera persona la vida de otros". Esa es la máxima que motiva a Antonio de la Torre (Málaga, 1968) a encarnar nuevos personajes una y otra vez. El último ha sido Doce, uno de los protagonistas de Tratamos demasiado bien a las mujeres, la ópera prima de Clara Bilbao, que escogió Terra Chá para rodar buena parte del filme, y por la que el malagueño se siente afortunado de "formar parte de una obra tan transgresora grabada desde un lugar increíble".

Con decenas de películas a su espalda, como AzulOscuroCasiNegro, con la que logró grandes reconocimientos, El reino o Volver, De la Torre asegura que "todavía quedan muchas vidas por vivir", en relación a sus papeles.

¿Cómo fue el rodaje en San Simón da Costa?

No había ido nunca a esa zona y fue una experiencia increíble. Un rodaje siempre es duro, pero recuerdo con especial cariño a Pepe y a Marisa, que tienen un bar allí. Hice una gran amistad con ellos y la verdad es que se convirtieron en un refugio para nosotros.

¿Hubo algo que le llamase especialmente la atención?

Todo era nuevo para mí. Recuerdo salir por la mañana a correr por el paseo fluvial, que es un entorno fantástico; en el Parador me trataron genial y la gastronomía, otro tanto. El rodaje además me permitió visitar Lugo ciudad por primera vez y flipé con la muralla. Para mí fue un descubrimiento. Pero si me tengo que quedar con algo es con la gente, porque conocí a personas muy cercanas y cariñosas. La verdad es que ahora tengo un poco de morriña.

Entonces, ¿piensa volver?

Eso espero. Hablaba con algunas compañeras gallegas de que los flujos migratorios de veraneo han cambiado muchísimo. Antes era raro pensar en Galicia o Asturias por el tiempo. Parecía que el sur había copado toda la demanda de veraneo, pero cada vez somos más los que valoramos estas tierras. Ver un paisaje donde la lluvia forma parte de la vida es una gozada.

Como escenario para rodar, ¿fue duro?

Tuvo su complejidad porque, claro, supuestamente estamos en el Valle de Arán, por lo que debería estar cubierto de nieve, y allí nunca nevó, y eso supuso un gran esfuerzo y trabajo por parte de la productora. Yo les decía a los vecinos que qué les parecía ver San Simón nevado. Pero sin duda fue el escenario propicio para la historia y también para nosotros, porque nos llevamos mucho a nivel personal. Yo recuerdo el trayecto entre el Parador y San Simón, mirar por la ventana y ver todo fauna y flora por todas partes y eso es acojonante.

Siendo a día de hoy el actor español más nominado en los Goya, ¿qué es lo que debe tener una película para que decida involucrarse de lleno en uno de sus personajes?

Es una pregunta buena, pero no tiene una respuesta clara. Hay veces que con que te llame un director en el que confías ciegamente es suficiente. Otras veces te convence la historia, que la ves tan interesante que, al margen del propio guion, quieres formar parte de ella.

"Si esta película me la propusiese un tío no la aceptaría, porque es una obra que debe ser contada por una mujer"

En el caso de ‘Tratamos demasiado bien a las mujeres’, ¿qué fue?

Clara Bilbao, sin duda. Yo la conocía de antes porque había trabajado con ella y cuando vi su corto Prohibido arrojar cadáveres a la basura me pareció fascinante y surrealista. Al darme cuenta de que tenía su propio universo supe enseguida que quería formar parte de él. Es cierto que se trata de una película muy arriesgada, porque hablamos de nuestra historia, pero al ver que estaba contada desde un lugar inquietante no lo dudé. El plus de ir a rodar a Galicia también ayudaba.

En este caso interpreta a uno de los maquis que intentaron reconquistar España desde el Valle de Arán, ¿cómo fue el proceso para construir este personaje?
Intenté empaparme de esa época, pero es complicado servirte del siglo XXI y ponerte en la piel de un personaje que nació cien años antes que tú. En mi caso siempre intento estudiar una forma de estar y de caminar. Tuvimos además formación militar. Yo mismo le propuse a la directora si podíamos contar con un asesor militar para preparar bien las secuencias y le pareció genial. Cuando haces un personaje como este no puede ser que el actor coja un arma y ya está, tienes que tener una formación militar mínima, por eso es tan complicado interpretar. Cuando grabé O tesouro, en Estaca de Bares, con Manuel Martín Cuenca, me dijo: "Tú, para hacer de taxista, tienes que ir para el aeropuerto, que te roben, que tu mujer te deje porque está harta de que estés siempre fuera, y, cuando vivas todo eso, podrás hacer de taxista".

Entonces, ¿sigue esta máxima?

Si la siguiese siempre solo haría cuatro o cinco papeles en la vida, pero realmente sería lo suyo. Cada vez me interesan más los papeles que escojo por lo que aprendo y por la experiencia que me permite vivir que por lo que yo pueda aportar como actor. Si tú haces el mismo viaje que el actor tu interpretación será buena, para mí es un trabajo bien hecho.

"El rodaje me permitió visitar Lugo ciudad por primera vez y flipé con la muralla"

¿Nota como actor el hecho de que una película este dirigida por una mujer?

Se nota mucho en el ambiente que se crea en los rodajes, que suele empaparse del carácter del director. Y, en este caso, se trata de una película hecha por una mujer, producida por mujeres, la protagonista es una mujer [Carmen Machi], cosa que tiene mucho mérito al tratarse de un tema como la posguerra, donde nunca se les había dado voz.

Y el título, Tratamos demasiado bien a las mujeres, entiendo que ha traído cola...

Desde luego. Ese título solo podría ponerlo una mujer. Yo mismo le dije a Clara Bilbao que si esa película me la propusiese un tío no habría aceptado, porque la pregunta tiene que estar dirigida por una mujer y reflejada desde su perspectiva. Como siempre, todas las generalidades son equivocadas, pero lo cierto es que los rodajes con mujeres están mucho mejor gestionados porque hay mayor serenidad y no está todo empapado de testosterona, algo que se agradece.


"Que vivimos en una dictadura 40 años no debería ser un tabú"

Antonio de la Torre. XESÚS PONTE
Antonio de la Torre. XESÚS PONTE

Antonio de la Torre también quiso profundizar en la importancia de tratar lo que aparentemente parece un tema manido, como es la Guerra Civil, por "la forma satírica en la que se trata en este caso", y muestra su punto de vista, tanto en relación al propio filme como a la historia real de España.

¿Cree que es necesario que pase un tiempo prudencial para hacer humor de un tema que toca a tanta gente

 Normalmente sí, porque el tiempo te da perspectiva para contar los relatos y la distancia te da muchos matices para tener una mirada audaz. Que aquí hubo una dictadura durante 40 años es un hecho y no debería ser tratado como un tabú ni olvidarse. Luego hay expresiones peligrosas, como cuando Abascal le dijo a Sánchez que su Gobierno había sido el peor de los últimos 80 años, lo cual es una acusación muy grave, y no podemos hacer oídos sordos, porque sabemos que hay historia detrás.

¿Por qué piensa que sigue generando tanto revuelo la memoria histórica en España?

Porque la Transición la hicieron los ganadores. El otro día leí un artículo que diferenciaba entre lo que pasó en Portugal y lo que pasó en España. En su caso fue una revolución, en la nuestra una transición hecha desde el poder. Desde luego que tiene mucho mérito, no se lo quito, pero las estructuras de poder fueron las que hicieron la Transición.

Mucha gente cree que es un tópico tratar la Guerra Civil en una película. ¿En qué se diferencia esta de otras muchas?

Los datos desmienten esto, porque solo el uno por ciento de las películas españolas tratan sobre la Guerra Civil, lo que pasa es que hay algunas muy mediáticas como Mientras dure la guerra. Tratamos demasiado bien a las mujeres es muy transgresora, sobre todo para la época tan machista que vivían entonces. Es una forma de satirizar y lanzar una mirada mordaz a esa época.

Cuando vio la película por primera vez, ¿qué impresión tuvo?

¡Que qué mal estaba el actor de Doce [él mismo]!, pero siempre me pasa. Al final, la primera vista la echas hacia tu trabajo. Luego, las siguientes veces empiezas a ver un poco más allá. En mi caso soy bastante autocrítico y perfeccionista, mismo un poco obsesivo, pero creo que hay un punto en eso que está bien. Sin pasarse, claro. Creo a muchos nos pasa lo mismo, pero lo importante es saber llevarlo y no agobiarse demasiado.


"Como actor, no te da tiempo a echar de menos el periodismo"

¿Cuál es el mayor aprendizaje personal que se ha llevado de un papel?

De todos saco algo. Pero recuerdo con especial cariño la película El reino, en la que interpretaba a un político corrupto que si la gente supiese lo que me metí de lleno en él, El Progreso me hubiese comprado la exclusiva. Me vi con un montón de gente que me contó cosas muy jugosas, aunque nada que deba saber un juez. También me quedo con La noche de 12 años, donde pude conocer al expresidente de Uruguay Pepe Mujica.

Entonces, de alguna forma, nunca dejó del todo de lado su faceta como periodista.

Claro que no. El periodista y el actor cuentan historias, solo que el periodista lo hace en tercera persona y el actor en primera, pero ambos son portadores de un relato. Al final no te da mucho tiempo a echar de menos el periodismo porque intento conjugarlo con la interpretación, aunque sea para mí mismo. Periodista puede ser desde el que está picando titulares hasta Maruja Torres, que se recorrió América de punta a punta haciendo un reportaje sobre la sociedad. Es decir, que puedes tener el curro más anodino y puteado hasta otro más apasionante. Pasa igual en la interpretación y en todos los oficios.

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