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"En Marbella había libertad porque el cura les dejaba en paz"

Viruca Yebra.EP
Viruca Yebra.EP
De los restos de la Alemania nazi y consumida por la guerra, recala Clotilde en Marbella en la novela La última condesa nazi. Llega con una mochila de soledad que la sarriana Viruca Yebra pudo conocer de primera mano para su segunda obra, gracias a las anécdotas que le fueron contando y a los personajes que fue conociendo

CLOTILDE tiene 33 años, lo pierde todo, se recompone y la soledad se apodera de ella. Es la protagonista que nace de la imaginación y de las charlas que Viruca Yebra (Sarria, 1959) mantuvo con mujeres elegantes, altivas, con clase, pero siempre solas. ‘La última condesa nazi’ tiene nazis y tiene judíos, pero no va ni de unos ni de otros.

¿Entonces de qué va su libro?

Es una novela diferente sobre qué pasó con los nazis, con los alemanes que tuvieron que huir del ejército ruso y qué pasó con los judíos después de la guerra, con los que perdieron a sus familiares y no saben ni quiénes son ni adónde ir encontrarse con otros parientes porque están en el limbo.

Las películas acaban con la liberación de los campos de concentración, pero usted va más allá.

Claro, pero qué pasa luego con esas personas. No es la intención de mi novela, pero en el fondo ese tema está ahí. A estas personas las liberan, han sufrido muchísimo, están deshumanizados en cierto modo —porque mantener la propia vida era, muchas veces, a cuenta de la vida de otros—, se tiran a los caminos y cómo viven. Así empieza la novela, con el final de la guerra y con Clotilde, la protagonista, que ha vivido la guerra de una manera un poco colateral. No es que no se entere, pero para ella es un problema como cualquier otro, aunque sufre lo mismo.

¿Cómo hizo ese personaje?

Yo empecé a escribir mi novela y me di cuenta de que tenía que volver sobre Clotilde. Clotilde era un personaje que, al principio, no me caía bien. Era el prototipo de aquello que no quería que fuera, entonces tuve que rehacer los dos o tres primeros capítulos porque el personaje tiene que empatizar conmigo, si no lo hace no lo puedo sacar adelante. Al final puse las formas de ser de todas las personas con la que me he ido entrevistando y que tenían un perfil completamente diferente: señoras muy luchadoras, un poco altivas, que ahora tienen 80 y tantos años y que han luchado tanto que llegan a lo que llegan porque no son ‘señoras de’. Por eso al final te cae bien, porque es una luchadora.

"Por el paseo marítimo veía un prototipo de señora estupenda, muy elegante. Hice una lista para entrevistarlas"

Las historias que dan vida a Clotilde las conoció de primera mano.

Sí, yo muchas veces me pasaba por el paseo marítimo de Marbella y veía un prototipo de señora estupenda, muy elegante, y eso que iban de sport. Pero les ves una elegancia, una clase y una apariencia que me sorprendía. Entonces pensé que me gustaría saber la vida de estas personas, qué las trajo aquí, e intenté hacer una lista de todas esas señoras que conocía para entrevistarlas. Y una me llevó a la otra.

¿Fue fácil que estas mujeres se le abrieran?

Nada fácil. Yo me acuerdo de la primera, que la conocí a través de una amiga mía que se dedica a la banca privada en Suiza. Pero la señora, porque esta era la persona de confianza, que sino no me hubiera soltado nada. Me acuerdo de otra señora que no soltó prenda, pero me dio una cosa muy importante en la novela: la soledad. Me aportó el ver a una Clotilde al final de su vida: desconfiada. Pero me di cuenta de la soledad que tenía y que todo pasaba porque había tenido varios maridos. Esa es una tónica general en casi todas estas mujeres: varios maridos, muchos países en los que han vivido, concasa aquí, casa en EE.UU.… Es un denominador común.

"Es una tónica general en casi todas las Clotilde: varios maridos y muchos países en los que han vivido"

¿Quedaron cosas en el tintero?

Sí, tengo una mesa de despacho grande en la que tengo montones de libretas. En unas tengo las entrevistas, en otras los personajes, en otras los datos históricos. De esas libretas yo no me deshago, porque ahí muchas entrevistas que no he podido usar. No sé si habrá una segunda parte, porque tampoco quiero que me encasillen como que solo hablo de Marbella.

¿Cambió mucho esa Marbella a la que llegó de la de hoy en día?

Ha cambiado como cambia el mundo. Yo llegué a mediados de los 80 y conocí a muchas de las personas que aparecen en mi libro. De hecho, los cameos los he podido hacer gracias a anécdotas reales y a conocer a los personajes y analizar su personalidad. Pero es verdad que cuando yo llego, Marbella ya empieza a cambiar. La gente decía: «Es que Marbella no es lo que era». Es que el mundo no es el que era.

Ya presentó el libro en Marbella, ¿qué les pareció a sus vecinos?

La gente que vivió el momento que yo cuento, como mi marido, pudieron conocer a muchos de esos personajes que yo cuento. Tengo la suerte de que mi marido es de aquí y me ha contado muchas historias, uno de los personajes, que era el cura, era tío suyo. Era un personaje interesantísimo. En Marbella se pudo conseguir ese ambiente de libertad porque el cura les dejaba vivir en paz y era un hombre abierto y liberal.

Era una burbuja.

Intelectual y social, y se consiguió gracias a que una serie de personajes se dieron cita aquí. Al cura lo que le interesaba era sacar adelante a la gente más humilde y aprovecharse, entre comillas, de los más ricos para dárselo a los más pobres, como cuando creó la fábrica de esparto para que en las casas de los pescadores entraran dos sueldos. No le importaba que las suecas fueran en bikini o que un grupo de intelectuales hiciera un baile de disfraces.

"Me sorprendía que aquí la gente vivera tan desahogada; yo llegué y era una niña de Sarria"

¿Cómo fue su llegada a Marbella?

Me sorprendía que la gente viviera tan desahogada y tan bien. Recuerdo estar en casa de una señora a la que le habían traído un vestido de Dior expresamente para la fiesta que daba en unos días. Esas cosas me sorprendían. Ahora también, pero antes mucho más. Y cuando te decían los precios de los vestidos ya te quedabas patidifusa, no lo ganaba yo ni en un año en ABC. Yo llegué y era una niña de Sarria, aunque ya llevaba en Madrid bastantes años, pero yo nunca renuncio a ser de pueblo. Gracias a eso he podido descubrir mucho de la filosofía de la gente y ser gallega me imprime un carácter que me hace tener un radar.

¿Vuelve a menudo a él?

Me encantaría ir más.

En su anterior novela, El fuego del flamboyán, hablaba de la migración y en esta, Clotilde es una refugiada.

Tengo que hacer una segunda parte, porque aquí hubo varios gallegos importantes en la época. Empecé a querer hacer la segunda parte y empiezo con una persona que viene de Galicia a Marbella.

¿Vendrá a Galicia a presentarla?

Voy el día 19 a Vigo y me gustaría aprovechar para hacerla en otro sitio. He pensado en hacerlo en Lugo, a ver si de cara al verano… A mí me encanta Lugo, yo estudié en las Josefinas y he pasado allí más años que en Sarria

"En Marbella había libertad porque el cura les dejaba en paz"
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