Miqui Otero: "Los hijos de gallegos somos monstruos propagandísticos"

Formado durante cuatro veranos en este diario y autor de 'Simón', premio Ojo Crítico de Narrativa en 2020, el periodista y escritor Miqui Otero vuelve a las librerías con 'Orquesta', una novela sobre una noche de verbena en una aldea que recuerda mucho a A Mariña lucense
Miqui Otero. ENRIC FONTCUBERTA
photo_camera Miqui Otero. ENRIC FONTCUBERTA

Miqui Otero (Barcelona, 1980) es periodista, escritor, profesor de en la Universidad Autónoma de Barcelona y, como él mismo enfatiza, hijo de emigrantes gallegos, un hecho "fundamental" en su vida. Con Orquesta, que se ambienta en una ciudad ficticia pero que retrata con pericia una noche de verano en cualquier aldea gallega, Otero vuelve a sorprender a sus lectores, esta vez utilizando un narrador poco habitual: la música.

Catalán, pero hijo de emigrantes gallegos.
Pues sí. Mi padre es de la zona de Foz y mi madre, de Alfoz.

¿También siente la morriña?
¡Hombre, claro! Los hijos de gallegos somos muchos más pesados con Galicia que nuestros padres, porque nosotros hemos conocido esa tierra a través de nuestras estancias allí en periodos de vacaciones —siempre algo placentero— y a través de cómo nos cuentan Galicia desde pequeños, a la que, como emigrantes, le aplican un filtro muy fotogénico. Desde bebes, tenemos una imagen idílica de Galicia, casi mágica. Así que los hijos de gallegos somos peligrosos, somos pequeños monstruos propagandísticos, nos deberían dar dinero institucional por estar todo el rato dando la brasa con Galicia. [Risas].

Me imagino, entonces, que sus hijos también van a crecer con esa morriña gallega, a pesar de ser catalanes de segunda generación.
Mis hijos también tienen muy presentes Galicia y sus valles, y la casa de Peppa Pig, en la hierba, les recuerda mucho a la casa que tenemos en la aldea. Tienen, como yo, una imagen idílica.

Usted, además, tuvo en Lugo una primera experiencia profesional, ¿cómo fue?
Hice prácticas en El Progreso durante cuatro veranos, desde el primer año de la carrera —entonces se podía— hasta el último, y fue una de las experiencias más importantes de mi vida. Aunque suene a peloteo, no lo es. Recuerdo fascinado el talento de muchos redactores que entonces tenían mi edad actual o eran más jóvenes. Lo que aprendí con periodistas como María Piñero o Jaureguizar me ha servido hasta el día de hoy. De hecho, hasta el nombre con el que hoy firmo los libros se lo debo a El Progreso y a un redactor que ya falleció, Miguel Otero.

"Mi primer reportaje fue sobre una cabra que tuvo un montón de crías en una finca de Lugo, y salió en portada"

¿Recuerda su primer reportaje?
¡Por supuesto! Me mandaron a un parto de una cabra que había dado a luz a no sé cuántas crías —yo no sabía si eran muchas o pocas, pero resulta que eran muchísimas— y el reportaje acabó siendo portada. Jamás podré olvidarlo.

Acaba de publicar Orquesta (Alfaguara, 2023). ¿Qué quería contar?
La novela narra una noche de verbena, desde los preparativos hasta el amanecer. En esa noche reverberan otras noches idénticas, pero de otras décadas. Lo lectores tienen que saber, además, que quien les va a contar eso es la música.

¿Por qué escoge un narrador tan atípico?
Digamos que tuve una intuición, un instante de revelación, durante las pruebas de sonido de un concierto: al escuchar el bombo, me di cuenta de que el sonido que producía estaba fuera de mí, pero también dentro, porque retumbaba dentro de mi caja torácica. Entonces vi que sería interesante un narrador que pudiera estar en el corazón de los personajes, pero a la vez fuera, en el aire, en todas las conversaciones.

Esa forma de narrar es innovadora. ¿No tuvo miedo de que los lectores no le entendieran?
Siempre lo hay, pero como no es mi primera novela, sé que cuento con una serie de lectores. Mi último libro fue muy bien, tuvo muchísimos lectores, y yo confío en ellos, en que van a entender los riesgos que asumo. 

"Reimunde me llevó en su Land Rover a conocer los montes"

Más allá de la ficción, su novela se asienta sobre un poso enor- me de documentación.
Es que no quise hacer una novela de intruso, del típico que viene de Barcelona y quiere hacer una novela rural, porque yo estoy muy implicado emocionalmente con esta tierra. Entonces leí un montón de libros de todo tipo, sobre montes, sobre lo forestal, sobre las leyendas y los mitos de Galicia... Jesús Fraga me puso en contacto con Antonio Reigosa, que tiene todos los diccionarios y libros de mitología gallega, y, de repente me llama y le digo: "No te lo vas a creer, pero tengo cinco libros tuyos encima del escritorio". A sus libros le debo mucho.

Además de realizar esa documentación, hay personas que lo han ayudado mucho a preparar la novela.
Sí, están al final del libro, en una extensa lista de agradecimientos a personas que verdaderamente han sido muy relevantes para mí, como Ramón Reimunde o María Sánchez. Ramón Reimunde es un profesor de literatura que sabe mucho de montes, y me hizo varios paseos en Land Rover y a pie para ver el funcionamiento de lo forestal, de las explotaciones. A él le debo que, en ese sentido, el libro tenga cierto rigor.

También aparece en la lista la escritora y veterinaria María Sánchez, que hace poco se mudó de su Córdoba natal a O Saviñao.
Sí, con María Sánchez tengo mucha relación porque hicimos una serie documental juntos para la plataforma CaixaForum+, en la que abordábamos la narrativa de ciudad y la rural. Yo entrevisté a los escritores urbanos y ella a los rurales. Durante todo este proceso, ambos hablamos mucho. Ella vino a Barcelona y yo fui a su pueblo, en Córdoba, donde conocí a su padre, un hombre fascinante. Aprendí mucho con ellos sobre lo rural y, cuando empecé a escribir Orquesta, le comenté a María que tenía un poco de miedo, porque ella siempre es muy crítica con el escritor que viene de fuera a contar el mundo rural; me tranquilizó mucho oír de ella que yo no tengo nada que ver con eso.

"Todo lo que he escrito en mis últimas novelas está muy influido por mi paternidad"

Tiene dos hijos. ¿Siente que ser padre ha influido en su obra?
Todo lo que he hecho y escrito en mis últimas novelas está influidísimo por el hecho de pasar tantas horas con mis hijos, que ahora tienen 3 y 6 años. De hecho, en Orquesta hay un personaje que se parece sospechosamente a mí y a través de él reproduzco algunas conversaciones con mis hijos. Tener un niño es vivir por segunda vez todo por primera vez y detectas en ellos cosas de tu carácter, y eso por un lado te enorgullece, pero por otro te da un miedo terrible.

¿Cree que tener que ejercer de padres y conciliar está cambiando la literatura hecha por hombres?
La figura del escritor con su pipa, su batín y el libro abierto antes de dormir ya no existe, y a la vista está que ahora la influencia de la paternidad en nuestras obras [la de los hombres] es mucho mayor. Yo paso miles de horas con mis hijos, porque mi mujer trabaja, y todo el tiempo con ellos es de calidad.

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