David Perdomo: "Soy un tímido demencial, salir a escena es como un exorcismo"

El cómico coruñés lleva la disrupción y la honestidad por bandera. En medio de su gira con Touriñán, que el 8 de junio llegará al Gustavo Freire de Lugo, arrasa con Level Up, un show en el que se desnuda como nunca antes y que llega este viernes a Afundación de A Coruña
David Perdomo. CEDIDA
photo_camera David Perdomo. CEDIDA

En el humorista David Perdomo (A Coruña, 1979) nada es lo que parece. Quizá nadie diría que bajo su estética rockera se esconde "un cuarentón" que tiene en casa una colección de más de 400 perfumes y que su timidez le hace sentirse más cómodo en escenarios pequeños. Como si eso no le impidiese llenar teatros junto a su fiel compañero Touriñán con Corentena. Disonancias como esa llevan la voz cantante -y nunca mejor dicho, pues estuvo en una banda de punk- de su vida "casi monacal". Pues sí, nadie lo diría.

Personajes como el Koruño han marcado su trayectoria, un "niño mimado" del que, a veces, se pregunta que habrá sido de su vida. Hace un par de años quiso apartarse de la comedia, aunque ahora dice que "está mejor que nunca" y tiene pocas ganas de petarlo. Pero sí de abrirse en canal ante su público. Y eso hará este viernes con el show Level Up en el Auditorio Afundación de A Coruña a las ocho de la tarde.

¿Qué se va a encontrar el espectador en Level Up?
Si algo caracteriza lo que yo hago, es que nunca sabes lo que te vas a encontrar. En este caso, serán reflexiones de un cómico que ya pasa de los cuarenta y que, evidentemente, tiene otras cosas que contar.

Habla de un cambio de paradigma en los humoristas al llegar a cierta edad, ¿sufrió una especie de crisis de los 40 en lo profesional?
No sé si hablaría de crisis, pero sí que se pierden ciertas expectativas que tenías cuando eras más joven. Yo ahora me subo al escenario y me veo como un señor de 40. Está ahí esa obligación de renovarte o morir, pero al mismo tiempo con esa pátina que te da la madurez de decir las cosas desde otro lugar.

La comedia fue un accidente, con 14 años tenía una banda de punk. Mi alma es de rock & roll y soy actor por vocación"

Si se dobla el DNI a la mitad aparece un paso por grupos de rock o el aprendizaje en la escuela Casa Hamlet. ¿Dónde estaba usted tal día como hoy hace 20 años?
Tenía 24 años y estaba ganando mi segundo concurso de comedia. Pero yo ya llevaba una década haciendo el camándula: con 14 años tenía una banda de punk. Mi alma es más de rock and roll que de otra cosa y soy actor por vocación. La comedia fue un accidente, simplemente me golpeé con ella.

¿Qué queda de ese David?
La esencia sigue siendo la misma. Si pudiera decirle algo a ese David es que va a ir todo bien, que confíe. Soy una persona valiente, siempre me he escuchado y he sido honesto conmigo mismo. Es con lo que espero que la gente se quede.

Hablando de honestidad. En el show menciona sus taras y fobias. ¿Cuáles son?
Soy un tímido demencial, tengo la tendencia a estar solo y a aislarme. Me ha pasado toda la vida: disfruto mucho mi soledad, no me gustan las aglomeraciones de gente, las fiestas, los eventos. No es una fobia, pero no lo paso bien.

Entonces no le resultará fácil hablar de su vida en un escenario.
Eso es un exorcismo. Lo hablaba con el guionista Arturo González-Campos y me decía que los grandes cómicos son grandes tímidos. Y esa es una gran verdad. Cuando estoy ahí arriba lo vivo como una terapia.

Es usted una caja de sorpresas. Dicen por ahí que tiene una colección de 400 perfumes. ¿Es cierto?
Quizá a día de hoy tenga más, ya no los cuento porque es un vicio. Creo que es curioso porque no pega conmigo. Probablemente me pilles llevando un perfume de ámbar, aunque la gente se piense que huelo a cerveza y tabaco [ríe].

Quizá es la huella que dejó en la gente el Koruño. ¿El personaje devoró a la persona?
Sí que es cierto que al principio no me gustaba mucho que me asociasen todo el rato con el personaje. Aunque, con los años, me lo tatuaría en el pecho. Es algo que me dio de comer y solo puedo tener agradecimiento. Lo tengo como mi niño mimado y en mi intimidad, todavía lo interpreto para mí. Sigue siendo un gran chiste privado en mi círculo cercano.

Tras 20 años, a lo mejor le resulta complicado identificarse con él.
Es que ya siento un poco el síndrome del hombre mayor: no es que no me vea haciendo del Koruño, es que no soy un veinteañero y ya no cuela [ríe]. Pero sería interesante saber cómo es su vida ahora con 44 años.

¿Y cómo se imagina esa vida?
Probablemente se habrá separado de su mujer y esté trabajando de seguridad en un centro comercial. Tiene toda la pinta [ríe].

Cuando hice el sketch de C. Tangana recibí una avalancha de odio. Fue la primera vez en toda mi carrera que me preocupé"

Se metió en camisa de once varas cuando lo utilizó para parodiar a C. Tangana y el himno del centenario del Celta. ¿Cómo recibió las críticas?
Fue una avalancha muy grande de odio y mira que estoy acostumbrado por la época de Facebook, que yo era muy incendiario. Pero ya no estoy en ese lugar. Justo se viralizó en verano, tenía una actuación en Vigo unos días después y fue la primera vez que tuve miedo por la reacción del público. Pero el show fue fantástico.

Le decía a su yo de hace 20 años que confiara. Pero, ¿también se lo diría al David del futuro?
La verdad es que cada vez estoy mejor, más tranquilo, entiendo mejor las cosas. Yo nunca he deseado nada más que ser feliz y lo estoy consiguiendo. Poco puedo pedir, ver crecer a mi sobrina y, si Dios quiere, ser padre si alguna insensata se cruza en mi camino en los próximos años [ríe].

En detalle: "La gente se queda con esa imagen rebelde y si me viesen dirían: ‘Llevas una vida casi monacal"

Hace un par de años quiso tomarse un descanso de la comedia. ¿Por qué?
Pues mira, yo creo que fue un cambios de fase. Fue un momento en el que dije: "Coño, voy a escucharme a mí mismo". Fue en la pandemia, con Touri, que la gente descubrió nuestros directos y otra faceta mía que no conocían que creo que es más interesante. La gente se queda con esa imagen rebelde que no se corresponde mucho con quien soy. Si muchos de ellos me viesen, dirían: "Llevas vida casi monacal" [ríe].

Y con Touriñán, volvió con Corentena y arrasó. ¿Se lo esperaban?
No, a este nivel no. Sabíamos que la gente tenía ganas y que iba a responder bien; teníamos la confianza y para nosotros es un privilegio. Hace unas semanas estuvimos en A Coruña y metimos a 6.000 personas en el Palexco. Ya llevamos unos tres años y me sigue dando muchísimo vértigo, pero solo sentimos agradecimiento y felicidad.

Se centra en la comedia pero, ¿le queda mucho por explorar?
Siento como que me queda todo. Me encantaría hacer algo más oscuro y si es un villano, todavía mejor: soy un fanático del cine negro, de Scorsese y un friki de Juego de tronos. ¿Si sucederá algún día?, no lo sé. La vida es muy larga, no hay miedo y me queda mucho por conseguir.