Amancio Prada: "Quería ser labrador, pero vi que no valía para tanto"

El cantautor berciano Amancio Prada recala en el Auditorio Gustavo Freire como llegó a París hace más de 50 años: con una guitarra y el pecho y la memoria repletos de canciones y de poetas
Amancio Prada durante el concierto ofrecido en San Cibrao. JOSÉ MARÍA ÁLVEZ
photo_camera Amancio Prada durante el concierto ofrecido en San Cibrao. JOSÉ MARÍA ÁLVEZ

Hijo de labradores y de una tierra bañada por el río Sil que guarda nítida en su memoria, el cantautor y compositor Amancio Prada lleva medio siglo "subiendo por una cuerda hacia un sueño muy alto": el de la canción. Pasó por el París de Brassens y conoció, a través de sus versos, a Rosalía y a San Juan de la Cruz, a quien dice que les debe casi todo. Este viernes presenta su último disco, Prada, Prada, en el Gustavo Freire, en una comunidad en la que se siente "como en casa".

Nació en un pueblecito de León. ¿Cómo era ese Amancio niño y con qué soñaba?
Nací en un pueblo rural que se llama Dehesas, en el Bierzo, junto al río Sil. Allí aprendí a nadar y a pescar junto a mi padre, a quien ayudaba en todas las labores del campo. En aquella época, todavía no me atrevía a soñar con poderme dedicar a la canción, pero estaba cantando siempre.

De hecho, no tardó en formar parte del coro de los Salesianos.
Sí. Con diez años me mandaron a estudiar a Cambados y allí me escogieron para el coro. Así aprendí solfeo y a cantar con otros, que es algo muy importante.

¿Fue ahí cuando empezó a soñar con ser cantante profesional?
Más que soñar, sentía que lo que más me gustaba era cantar. Entonces, con los salesianos, cantar era, como ellos mismos nos decían, una forma de rezar dos veces. Por eso yo le ponía mucha emoción, aunque no pensaba en ello como una profesión hasta que sentí la llamada de la vocación con los ardores de la pubertad.  

En Ponferrada me estrené en una orquesta, cantando pasodobles y chachás..."

¿Cuándo da el salto entonces a la música profesional?
A los 14 años fui a Ponferrada a estudiar el bachillerato y allí me estrené en una orquesta que se había fundado en el pueblo de al lado. Estaba formada por cuatro mozos que habían ido a Bilbao a estudiar trompeta, acordeón, batería.., y yo empecé a cantar con ellos: pasodobles, chachás... Aquello empezaba ya a tener un aire que no era profesional, pero que sí era el comienzo, la forma con la que empecé a subir por una cuerda hacia un sueño muy alto. 

Sin embargo, al acabar el bachillerato, decidió marcharse a Valladolid para estudiar Dirección de Empresas Agrícolas, ¿por qué escogió una formación que parece tan lejana a la música o a la poesía?
Porque en el fondo quería ser como mi padre, labrador, pero me di cuenta de que no valía para tanto. No obstante, fueron unos estudios que me gustó realizar, porque me permitían tener una visión global de todo lo que rodea a la agricultura, a la ganadería... Que al mismo tiempo eran para mí cosas muy familiares y muy ligadas con el canto, porque antes se cantaba mientras se trabajaba.

¿Su padre cantaba en el campo?
¡Mucho! Recuerdo a mi padre silbando, tarareando mientras empuñaba aquel arado romano con el que iba trazando el surco, junto a las dos vacas que teníamos, la Estrella y la Roja. Me parecía que iba sembrando el surco con la salmodia de su propio canto. No solo sembraba en la tierra, sino en mi propio pecho, donde tengo una jaula y, en esa jaula, un pájaro que lleva dentro un niño cantando.

En el campo conoció la canción, pero ¿cuándo llegó la poesía a su vida? ¿Fue en Valladolid?
En Valladolid conocí a Rosalía de Castro y de pronto sentí que lo que ella había escrito estaba también escrito en mi corazón. Lo sentí de una forma tan vehemente, tan dentro de mí, que necesitaba cantarlo. Le puse música a un largo poema suyo, por el que me dieron un premio, La Galleta de Oro, y con él, unas pesetas con las que compré mi primera guitarra. 

Me siento más que medio gallego. De hecho, en mi pueblo, en la labranza, todo se decía en gallego

A Rosalía entiendo que le debe mucho, ¿es por eso que se siente medio gallego?
Yo creo que me siento más que medio. De hecho, en mi pueblo natal, en la labranza, todo se decía en gallego. Entonces, para mí el gallego no era un idioma extraño, sino que era, como me diría luego en París el poeta Agustín García Calvo, una forma más de hablar mal el latín.

Dice que cuando llegó a Valladolid se sintió en un lugar lejano, ¿qué sintió entonces cuando en 1969 llegó a París, una capital europea muy distinta al Madrid de Franco?
Me sentí feliz, libre... Estaba ante un mundo tan distinto, tan abierto y tan acogedor a la vez... No sentí morriña; la morriña la sentí en Valladolid porque era un paisaje muy distinto al del Bierzo. Me pasó lo mismo que le pasó a Rosalía cuando vino a vivir a Simancas y sintió Castilla como un páramo, como un desierto... 

¿A los místicos cómo llegó?
A San Juan de la Cruz me lo 'presentaron' al poco tiempo de llegar a París. Un compañero de pupitre de la Sorbona y vecino de buhardilla en el 'bulevar de las Malas Hierbas', que estaba harto de mis canturreos, me dijo: "¡Toma, lee!", y puso en mis manos un libro sobre la vida y obra de San Juan de la Cruz. Fue peor el remedio que la enfermedad. El libro lo conservo como un tesoro, porque cuando leí aquellos versos tan enamorados, tan ardientes... Aquello fue una llama que prendió en mi pecho y que nunca se ha apagado.

Yo soy lo que canto: cuando canto a Rosalía, soy Rosalía; cuando canto a San Juan, soy San Juan; cuando canto a Darío Xohán Cabana, soy Darío"

¿Se considera usted también, en cierto sentido, un místico?
Yo soy lo que canto: cuando canto a Rosalía, soy Rosalía; cuando canto a San Juan, soy San Juan; cuando canto a Darío Xohán Cabana, soy Darío.

¿Y qué significó George Brassens?
Georges Brassens me invitó a ser su telonero durante tres semanas. Yo tenía 23 años, era diciembre del 72. Encontramos el teatro lleno todas las noches durante 21 días. Fue una bendición. Luego nos grabó la radio, me llamaron de la tele... y poco a poco empecé a cantar en centros culturales, programas para la radio... y así pude grabar mi primer disco, hace ahora 50 años.

Medio siglo después, llega 'Prada, Prada', ¿qué quiere decir con él?
Prada Prada son mis dos apellidos e insinúa que tanto letra como la música son de mi autoría. He aprovechado que ningún poeta llamaba a mi puerta para sacar mis letras, mi corazón.

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