Álex O'Dogherty: "En Gaza descubrí que la risa es necesaria en todas partes"

El gaditano es un artista inclasificable y por ello sus espectáculos deben estar a la altura. Este es el caso de Imbécil, con el que recala este viernes a las 20.00 en el Gustavo Freire para poner en jaque al poder que tienen las palabras y, sobre todo, a quienes las usan
Álex O'Dogherty. ANITA MANEZ
photo_camera Álex O'Dogherty. ANITA MANEZ

Ya estaba Imbécil inscrito en unos zapatos, en una guitarra, en una lámpara y en varios sitios más de la casa de Álex O’Dogherty (San Fernando, Cádiz, 1973) mucho antes que el vocablo sirviera de título para su espectáculo teatral. Actor en ficciones como Camera Café o El Ministerio del Tiempo, pero también músico y hasta con un libro de recetas publicado, a este histórico de la escena española no se le resiste nada.

Decía Jorge Cuadrelli, uno de sus maestros, que su patria eran las palabras. ¿También le ocurre en Imbécil?

Sí, para mí las palabras siempre han sido muy importantes. Y fue así como empezó este espectáculo en el que exploro los límites del humor, las ofensas... Las palabras no tienen poder, sino que lo tiene quienes las usan.

Algo se le habrá pegado a usted de la crítica fina de los Carnavales de su tierra...

Yo quiero pensar que sí. Me considero un gran aficionado a los Carnavales, a su letra, su ironía y sus mensajes. Esa crítica desde el humor y la educación.

Dice que escribió la obra cuando los teléfonos dejaron de sonar. ¿Cómo vivió ese momento?

Este show me ha salvado la vida, aunque no quisiera sonar tan dramático. Sí que me ha levantado y me ha colocado en un sitio donde realmente quería estar. Estoy muy orgulloso de que una obra que escribí en mi casa sin muchas pretensiones se haya convertido en mi fuente principal de ingresos y tenga un resultado tan bueno.

Y creo que en la actuación de Lugo tendrá entre el público a alguien muy especial...

¡Sí! Vendrá mi tía María Luisa, que vive en Foz.

Tuve una novia de Lugo y visité la ciudad en una ocasión. Me encantó la muralla y tengo muy buen recuerdo de una tortilla de patata que comí por allí"

También me han contado que tuvo usted algún amor en la ciudad.

Tuve una novia de Lugo, lo que me permitió visitar la ciudad en una ocasión. Me encantó la muralla, paseamos mucho por ella. Y también tengo muy buen recuerdo de una tortilla de patata poco hecha que comí por allí.

Y hablando de gastronomía, usted homenajeó a su madre con Las recetas de Amalia. Todo un éxito, ¿no?

Está feo que yo lo diga, pero sí. Es de lo mejor que he podido hacer en mi vida, ella está muy contenta y es algo que me ha dado muchas alegrías.

Su madre lo apoyó desde el principio en su carrera como actor, pero poca gente sabe que usted empezó doblando camisetas en Benetton.

Con 19 años me fui a vivir a Londres con mi amigo Manolo y encontramos trabajo en Benetton. Me gusta decir que trabajé en el mundo del doblaje [ríe]. Y los fines de semana nos íbamos a tocar al Metro, fue una vivencia maravillosa.

Y de ahí a Gaza con Payasos sin Fronteras. ¿Qué se llevó de la experiencia?

Es algo que he ido asimilando con el paso de los años. Aprendí que la risa es necesaria en todas partes, incluso allí. Los niños nos lo agradecían mucho y fue una de las primeras veces en las que me di cuenta de que el arte también puede curar a las personas.

¿Se plantearía volver?

No tendría problema en volver a colaborar con Payasos sin Fronteras. Pero ahora mismo no regresaría a Gaza. Me daría muchísimo miedo, mucho más del que tenía cuando fui con 22 años.

Adonde regresó fue a Camera Café, uno de los proyectos que lo encumbró. ¿Las segundas oportunidades sí son buenas?

En este caso, sí. Esa frase es un tópico, y los tópicos están para romperse. Fue una película muy diferente a lo que esperaba el público y me alegra mucho haberla hecho.

¿También en la vida?

Sí, por qué no. Hay que intentarlo, luego ya te darás cuenta de si funciona o no. Además, puede ser que el espectáculo que estoy escribiendo ahora sea una segunda parte de Imbécil...

En la interpretación me he encontrado muchos maestros. También imbéciles, pero a esos los olvidas rápido. Yo me quedo con lo bueno"

Trabajó con artistas de la talla de Viggo Mortensen o Val Kilmer… Confiese, ¿en la interpretación abundan los maestros o las envidias?

Me he encontrado con muchos más maestros. También me he encontrado con imbéciles, pero a esos los olvidas rápido. Yo me quedo con lo bueno.

En una ocasión mencionó la palabra fricción. ¿Cómo ve usted la situación actual?

Es desesperante, a mí la situación política me pone de los nervios. Intento ver un telediario y no duro ni 10 minutos: son todos contra todos, sin argumentos, tratando de sacar toda la mierda.

¿Puede definir en una palabra la política española?

Lamentable.

Usted la de aburrir parece que no se la sabe...

No, la verdad es que no. A veces me apetecería, pero mi cabeza va demasiado rápido. Siempre acabo haciendo algo, tengo muchas ideas y proyectos. Me acuesto pensando en lo que voy a hacer al día siguiente... ¡Y eso que me levanto a las seis de la mañana!

¿Se considera la antítesis del artista noctámbulo?

Soy la antítesis del cliché. Conocí la noche, no te voy a engañar, pero nunca fue algo que hiciese mella en mí.