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ALDEAS RENACIDAS

Llegaron, vieron y se quedaron

Vecinos de Galegos (Pantón). TOÑO PARGA
Vecinos de Galegos (Pantón). TOÑO PARGA

Galegos (Pantón), donde el 70% de los nuevos vecinos son almerienses, o Sampaio (Castroverde), que cuenta con más de una quincena de niños, son dos buenos ejemplos de que aún hay esperanza

La despoblación y el envejecimiento del rural es una realidad que cuesta rebatir. Son decenas las aldeas en las que tan solo quedan un par de ancianos o, en algunos casos, ninguno. Una suerte de pueblos fantasma y prácticamente abandonados. Sin embargo, por fortuna, aún existen casos en los que la situación es bien diferente. Aldeas que se mantienen vivas o que, curiosamente, empiezan a renacer.

Sampaio, en el municipio de Castroverde, es un ejemplo de esos pueblos que desafían la tendencia al declive en el ámbito rural. Más de una quincena de niños y niñas  aseguran el presente y el futuro de esta aldea no muy lejana a la capital lucense. Su situación geográfica es, precisamente, uno de los mayores atractivos de Sampaio. Ubicado en plena LU-530 (la carretera de A Fonsagrada) bastan apenas unos minutos para llegar a la villa de Castroverde o a Lugo sin sacrificar la tranquilidad y la desconexión que ofrecen las zonas apartadas de la ciudad,

Quizás esta circunstancia ha contribuido al aguante y vitalidad que se respira en Sampaio. "Dende o 2012 levo bautizado aquí a uns 17 ou 18 pequenos", cuenta el párroco, Alejandro Pin. "Houbo algúns anos nos que bauticei ata  catro", destaca. "E non creas que Sampaio é tan grande. Terá unha trintena de casas", añade, con intención de no restarle importancia al número de nacimientos.

En los últimos tiempos, además, se han construido varias viviendas. "É xente que vén para facer casas de novo e xa quedan. Outras estanse amañando e tamén se están vendendo parcelas", dice el cura, aunque admite que en la mayoría de los casos esas personas ya tenían algún tipo de vinculación anterior con el pueblo.

La libertad y la tranquilidad son los argumentos que esgrimen todos los que apostaron por quedarse a vivir en la aldea
 

Nelly Fernández y Sergio López, vecinos de Lugo, rompen ese esquema, en cierto modo. Esta pareja —sin relación previa con el lugar— buscaba "un sitio sin cobertura" para escapar de la ciudad. Encontraron casualmente una casa en venta en este pueblo y decidieron comprarla. "De momento solo hemos estado aquí este verano, aunque nuestra intención es venir también los fines de semana durante el resto del año", explican. Con ellos han venido sus dos hijos, de seis y doce años. "El más pequeño está encantado, ya no quiere irse para Lugo, porque aquí tiene más libertad para ir en bici, jugar... La mayor lo lleva un poco peor, al no tener cobertura", dicen entre risas.

Aseguran que, por ahora, la experiencia está siendo "maravillosa". Y es que, según afirma el párroco, "Sampaio ten moita vida social. Os veciños xúntanse en moitas comidas e festas, coma a deste fin de semana".

Los pueblos próximos a la capital de Lugo no son los únicos que recuperan población. En la Ribeira Sacra también hay aldeas que despiertan el interés de nuevos pobladores y una de ellas es Galegos (Pantón). Factores como su ubicación, a medio camino entre Ferreira y Escairón, la han convertido en una de esas afortunadas poblaciones que reviven en la Galicia del envejecimiento y la despoblación.

A Galegos llegaron en los últimos años almerienses, vigueses y catalanes, entre otros, que han apostado por quedarse y hacer vida en el rural. La aldea tiene 24 viviendas actualmente y los nuevos vecinos son una decena de familias de distinto perfil. El 70% de ellos son almerienses y la culpa de esta concentración de andaluces la tiene Juan Díaz.

Este hombre llegó a Galegos a mediados de los ochenta a visitar a un amigo. Le gustó el pueblo y con el tiempo se compró una casa para pasar los veranos lejos del calor de Almería. Poco a poco se trajo a varios familiares que también se animaron a adquirir domicilios en esa aldea y otras cercanas.

Fue el hijo de Juan Díaz, que lleva el mismo nombre que su progenitor, el primero que decidió quedarse en Galicia durante todo el año. Buscó trabajo en hostelería y ahora tiene su propio establecimiento en Escairón, que lleva el nombre de Indalo Gourmet, en referencia al conocido amuleto almeriense. Ahora, los padres, que ya están jubilados, también cambiaron Almería por Galegos de forma definitiva. Dicen que en el norte "se respira mucho mejor".

De Vigo llegaron otros dos de los nuevos vecinos de Galegos. Son Iria Iglesias y Dani Viéitez. Esta joven pareja compró casa en Galegos en el 2008 y se instaló en la aldea. Los suyo fue un salto de menos kilómetros que el de los andaluces pero de mucho más vértigo.

Iria y Dani vivían hace una década en Vigo, con buenos empleos y buenos sueldos. Ella trabajaba en el equipo de diseño de Bimba & Lola, pero ambos estaban "ata o carallo" , dice Dani, de la vida de la ciudad.

Él tenía raíces en Pantón pero ella nada que ver con la zona. Aun así no lo dudaron, hicieron las maletas y se plantaron en Monforte en un primer momento y después se compraron una casa en Galegos. Esa vivienda vio nacer a sus dos hijos (la mayor tiene seis años y el pequeño, dos y medio) y en esa vivienda también nació Estudios Gnomo, una empresa dedicada al diseño gráfico, la creación de páginas webs y al mundo editorial. Estudio Gnomo está, por ejemplo detrás de las aventuras del Raposo Rufo, una colección de cuentos que cautiva a los más pequeños. Y de allí, de Galegos, sale todo ese torrente de creatividad.

Dicen Iria y Dani que no se arrepienten del cambio, que lo único malo es que en invierno su hija de seis años tiene pocos niños con los que jugar. Al principio sufrían algunos problemas con internet, pero desde que llegó el 4G se han terminado esos contratiempos. Viven más tranquilos y "con más libertad".

Llegaron, vieron y se quedaron
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