Raquel Graña: "El mundo no se acaba, pero igual nuestra vida sí"

La psicóloga mariñana compendia en un libro las claves para lograr el equilibrio interno y mejorar la relación con el entorno
Raquel Graña
photo_camera Raquel Graña.

Raquel Graña cree que la falta de atención a uno mismo, a las necesidades individuales, desvía a las personas de su centro, ese punto en el que se sienten bien. Para quien desee reorientar su rumbo, ha escrito 9 claves para la vida. Una guía práctica para el equilibrio interior.

¿Qué nos desequilibra?
A cada persona la desequilibra una cosa distinta. Desequilibrio es sacar a la persona de su centro. Para estar sanas y en armonía con nosotros mismos necesitamos estar en nuestro centro. Sintiéndote conectada contigo, con lo que tú necesitas. No me gusta la palabra desequilibrio. A una persona la puede sacar de su centro un mal comentario, fuera de lugar, porque está más sensible y a otra, que la llamen de repente para hacer una tarea de forma obligatoria en ese momento. Volvamos a nuestro centro, respiremos, conectemos, tomemos una pausa sin móviles ni redes sociales, centrémonos en nosotras. Es algo tan sencillo como dos minutos de respiración profunda con los ojos cerrados o disfrutando de la naturaleza. No estando en el runrún diario, ni en los pensamientos, ni en el automatismo, ni hacia fuera, hacia lo que los demás quieren. 

¿Tiene algo que ver el ritmo de vida?
El ritmo de vida tiene mucho que ver, siempre apagando fuegos. Depende del momento de cada persona y el encontrarse o reencontrarse consigo misma, que es lo que hablamos en el libro, tiene que ver con la voluntad de querer dedicarte ese tiempo de calidad, de disfrutar de esas herramientas, de estar por y para ti. Considero que para eso hay momentos. Y no todo el mundo está preparado, en ese nivel de consciencia para decir: hay algo que sucede y la solución no está fuera sino dentro de mí. No todo el mundo llega a esa reflexión.

Tal vez si nos sentásemos a respirar no haría falta nada más.
La terapia nos ayuda a conectar con nosotras mismas y una vez conectas contigo también te vuelves más comprensiva con el resto. Ya no te tomas las cosas tan a lo personal. Los otros tienen su vida, preocupaciones, inquietudes, situaciones. Nos vuelve más comprensivos y en la comprensión está la empatía. La empatía no es ponerse en lugar del otro, sino comprender cómo se siente el otro y desde ahí actuar sin echarle cosas en cara, reproches que hacemos mucho en las relaciones de pareja y en general, quejas. Todo esto son conductas tóxicas que hacen que las relaciones no funcionen y nuestro día a día tampoco. Todas las personas somos iguales, formamos parte de un todo y si todas nos ayudásemos nos iría mejor, pero lo que hacemos es pelear constantemente.

¿Cuáles son esas nueve claves?
Comienza a escucharte, a dedicarte tiempo de calidad y permitirte disfrutar de la vida, reconoce tus valores, cambia tu diálogo interno, comunicación asertiva con límites, comprensión para aceptarte, compasión para abrazarte y vivir en el presente.

El ego hay que relajarlo. Nos cuesta tener autoestima y confianza en nosotros mismos

No nos escuchamos, no nos entendemos. La solución no es fácil.
Hay solución, siempre y cuando queramos. Si una persona tiene voluntad se puede conseguir, si no hay voluntad, no. Nos cuesta mucho tener autoestima y confianza en nosotros mismos y siempre tenemos al ego, la vocecita en la cabeza que nos está machacando, exigiendo, que nos dice que nada es suficiente. El ego hay que relajarlo. Eso podemos hacerlo a través de la respiración, la reflexión, la consciencia. Y una vez que empiezas a comprenderte y a conocer mejor tu historia es cuando empiezas a ser más comprensiva con tu familia, tu pareja, contigo, y empiezas a nutrirte de ese amor. Eso es lo que necesitamos. Las generaciones anteriores iban apagando fuegos, las situaciones sociales y económicas no eran fáciles, pero en la actualidad tenemos más espacio para priorizar nuestra salud mental, nuestro aspecto físico, la parte emocional, psicológica, incluso de conexión con la naturaleza. No es fácil, vivimos en un mundo que quiere todo ya. La vida es un proceso. Identificar los fallos es complicado, pero admitirlos todavía es más difícil y enmendarlos da pereza.

¿Cómo se aborda ese tema?
Lo primero es reconocer. He tenido esta conducta y no me ha gustado nada. En vez de sacar el látigo y darme con él, voy a tratar de aprender desde la comprensión y la compasión, desde el amor y la humildad conmigo misma. Y cuando vuelva a suceder la misma acción, voy a intentar tener otro tipo de conducta. Ahí está la solución. Si es con otra persona, también. Hablar desde el cómo tú te sientes. Esto se trata mucho en parejas. En equipo las relaciones pueden funcionar, pero para eso debemos bajar las barreras. La gente está a la defensiva constantemente. La realidad es que no tenemos comunicación, lo que hacemos es parlotear, pero no profundizamos.

Algo imprescindible para vivir en equilibrio.
Parar. Para mí una de las cosas más importantes es dejar de hacer, respirar y tomar un ratito para ver el cielo, por ejemplo. Es algo simple pero que ayuda a empezar a conectar. Ver el cielo, tomar un par de respiraciones profundas. Cerrar los ojos. Cuando te duches, acariciar tu cuerpo de forma consciente; cuando te laves la cara, igual. Necesitamos ratitos de consciencia. Vivir hacia fuera solucionando todos los problemas y todos los quehaceres infinitos no es vivir la vida. Al final nunca estás en ti, vives en una ansiedad constante. El mundo no se va a acabar ya, pero igual nuestra vida sí. En los últimos años hay muchísimas más enfermedades autoinmunes porque vivimos hacia fuera, porque no estamos conectados con nosotros, no estamos en equilibrio. Todas las emociones que se niegan y no se expresan se somatizan y la salud pasa factura. Por eso es tan importante reconocer, llorar, enfadarse. Las emociones hay que reconocerlas y darles un espacio. Es importante expresar y no negar.

Los inicios de año son épocas de altibajos. ¿Cómo mantener el equilibrio entre los propósitos de año nuevo y las decepciones de lo no conseguido en el anterior?
Lo primero, vamos a borrar la palabra decepciones. No son decepciones, igual tenía unas expectativas muy altas y no se cumplieron porque no tenían que cumplirse. O igual yo quería conseguir unas cosas y ahora me dan igual. Relativizar, no sacar el látigo porque me estoy decepcionando. Y evaluar desde el amor y la comprensión si lo que no he conseguido el año pasado aún me interesa. Los propósitos de este año, hacerlos pensando en qué necesito. Más amor, tranquilidad, actividad... Luego hay que preguntarse qué me lo puede aportar. Me puede aportar tranquilidad ir a pasear 15 minutos al día, meditar cinco minutos, escribir en tu libreta cómo te sientes, tomar una infusión mirando al cielo. Son pequeñas cosas adaptadas a la vida que tenemos.

La autoayuda está de moda. ¿Qué diferencia este libro?
Yo nunca hablo de autoayuda porque realmente la psicología debe confiar mucho en el paciente. En terapia yo guío y acompaño, pero es la persona quien realiza los cambios. El libro es lo mismo. Yo aporto herramientas y cada persona decide cuáles le sirven, las que le resultan cómodas, y descarta aquellas con las que se siente forzada. En el libro hay muchas herramientas y prácticas para que la persona pueda decidir. La diferencia es que aporta herramientas prácticas para el día a día, con casos de consulta. Es cercano, amable, como si estuvieras hablando conmigo.

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