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La iglesia focense crea un proyecto de integración para personas vulnerables

ANTONIO VALIN Y ALEJANDRO PIÑON - SACERDOTES DE FOZ Y COORDINADORES PROGRAMA AGARIMO
Antonio Valín (izquierda) y Alejando Piñón, en el local de Foz. JOSÉ Mª ÁLVEZ

Cuenta con un espacio físico con duchas, lavandería y locales para compartir un café y tertulia, libros, juegos de mesa o ver la televisión


 

Un proyecto "ambicioso" que nace de las necesidades detectadas en Cáritas, unidas a las nuevas carencias que ha traído la pandemia, pero que trata de ser algo más que prestar asistencia, pues lo que se busca es un proyecto integrador en el que involucrar a la sociedad. Unas palabras que definen lo que es Agarimo, un proyecto que nace en el seno de la iglesia focense, "y que busca ser un instrumento de transformación social", explican sus promotores, los religiosos Antonio Valín, Alejandro Piñon y Álvaro Suárez.

El equipo se ha remangado ante las necesidades en busca de un futuro mejor para personas y familias vulnerables y, con la inestimable ayuda de los voluntarios, ha puesto en marcha un centro donde atender las necesidades más básicas de sus usuarios, además de acompañarlos sin juzgarles ni mirar el pasado. Una iniciativa que implica también la formación, con el objetivo de que puedan encontrar un empleo con el que salir adelante.

Para ello han habilitado en un local de la unidad pastoral, de más de 400 metros cuadrados, diversos espacios, entre ellos duchas y un servicio de lavandería, con lavadora y secadora, pensado de manera especial para las personas sin hogar, a las que han proporcionado neceseres con útiles de aseo y zapatillas para la ducha, "con el fin de que tengan sus hábitos y rutinas, para lo que también estamos trabajando con los horarios", cuentan.

Estos servicios los usan actualmente una decena de personas, y se complementan con otras propuestas, como el afeitado o el corte del pelo, para lo que tienen un acuerdo con una peluquería de la zona, que colabora así con los más necesitados. Un recurso al que es esperan sumar convenios similares con ópticas o gimnasios.

Propuestas a las que se suman otros aspectos básicos del día a día, "cuestiones que si no tienes estás al margen de la sociedad", reiteran los creadores de Agarimo, que en una sala han dispuesto un ordenador con conexión a internet, que para algunos usuarios que son de fuera es también la única oportunidad de comunicarse con sus familias, además de puntos para la recarga de móviles, "algo vital para que puedan tramitar la Risga y otros servicios".

El acceso al trabajo de los usuarios, varios con hijos a cargo, es un claro objetivo, por lo que hay conexión a internet y recarga de móviles

Las estancias físicas -que incluyen un punto de acceso a la lectura con una librería creada a base de donaciones y a la que en breve se sumarán una tele, pendiente solo de la instalación de soporte y antena- se complementan con la faceta humana de lo que denominan «café calor» y que es el espacio donde diversos grupos de voluntarios acuden todas las tardes, «a compartir un café y a hacerles protagonistas a los usuarios». Unas tardes en las que a las conversaciones se suman las risas y los juegos y donde no hay roles y lo mismo hace el café uno que otro.

"Lo que buscamos es cambiar un poco el chip con la atención, pues se busca la integración y nos preocupamos por las personas, por su dignidad. No tenemos que mirar su pasado, sino qué le pasa, cómo está y cómo podemos ayudar para su integración, que se sientan acogidos y tengan una segunda oportunidad", recuerdan los responsables de un proyecto que recoge en su nombre todos sus objetivos: "Agarimo significa abrazo, acogida, calor humano y estar con otro y todo esto está detrás de nuestro proyecto, pues cuando hay 'agarimo'' la vida es distinta", recuerda Valín, el administrador de la diócesis, pero que en este proyecto "estamos todos juntos".

"La idea es interactuar y trabajar con un estilo distinto, lógicamente desde la caridad cristiana y a partir de la iglesia ofrecer ternura, cariño, cercanía y acogida", insiste Alejando Piñón, quien ensalza el papel de los voluntarios, dieciséis en la actualidad, sin los que sería posible la puesta en marcha de esta iniciativa.

También destacan el apoyo de empresas y particulares que ayudan con sus donaciones. "La implicación ha sido total y hubo mucha gente que durante el confinamiento se puso en contacto con la parroquia para ofrecer su ayuda sabedores de que eran momentos difíciles y que habría gente que lo estaría pasando mal. La respuesta ha sido muy buena y recibimos muchas ayudas personales, además de las del colegio Martínez Otero o la fundación López Souto", asevera Antonio Valín, quien reconoce el gran espíritu solidario de Foz. "Al final de curso se organizaban para ayudar, con la recogida de material escolar y también de alimentos al haber niños que dejan de comer en los colegios", asevera.

Entre los objetivos de Agarimo está también el de promover la formación para poder acceder a un puesto de trabajo

Unas aportaciones que también llegaron en Navidad, con menús cedidos por restaurantes, aportaciones de diversos establecimientos y donativos de particulares con los que gestionaron los regalos de los Reyes Magos para los usuarios. Una jornada en la que se hizo una merienda, con todas las medidas covid, similares a los almuerzos de Adviento donde se comenzó a testar el proyecto y se vio que la interacción entre usuarios, voluntarios y sociedad era todo un éxito que había que repetir. La incidencia del covid limitó a las viviendas las cenas de Nochebuena o las comidas de Navidad.

El perfil de los usuarios es diverso y a las personas sin hogar se suman también víctimas de violencia de género, familias monoparentales y otras unidades, con varios hijos a cargo, a los que el covid ha pasado factura de su ya maltrecha situación. "Hay gente que tiene un hogar, pero que se han quedado sin trabajo y las facturas las hay que seguir pagando y si no les echáramos una mano está claro que habría más gente en la calle", aseguran los religiosos que ponen cifras a una angustiosa realidad. "Estamos asumiendo el pago de alquileres, tratamientos médicos y el pasado año destinamos solo en Foz 10.000 euros para el pago de la luz y el agua en los hogares", relatan, al tiempo que demandan calcetines y mudas como artículos más necesarios en la actualidad.

Entre los objetivos de Agarimo está también el de promover la formación para poder acceder a un puesto de trabajo, por lo que en el centro se suelen colgar en los tablones de anuncios las diversas ofertas de empleo, con el aliciente además de que gracias a Cáritas cuentan con una trabajadora social que les ayuda con los trámites. "En la pobreza hay también un factor educativo y hay que reeducar", manifiestan sin tapujos los responsables, aludiendo a que en muchas ocasiones cuesta convencer a los usuarios de que completen su formación para así ampliar sus opciones de encontrar un puesto de trabajo. Cáritas también cuenta con tarjetas monedero para el súper, condicionadas a un uso responsable de las compras.

"Aquí encontré una familia"

El mallorquín Francisco Mulet es uno de los fijos del hogar social focense, al que acude todas tardes. "Las mañanas las paso mendigando", confiesa valiente el hombre, de 59 años de edad, que «por circunstancia de la vida» lleva meses en la calle.

VOLUNTARIOS Y UN USUARIO DEL CENTRO SOCIAL QUE LLEVA LA IGLESIA EN UN LOCAL DE FOZ PARA DAR CAFE , DUCHAS O SIMPLEMENTE COMPAÑIA A GENTE SIN HOGAR QUE PASA POR ALLI- FOTO JM ALVEZUna situación que confía en que sea puntual, aunque «hay más recuerdos que proyectos», señala, confiando en que la buena suerte le vuelva a sonreír y aguarda poder volver a recuperar las riendas de su vida. Entre sus objetivos está el de poder hacerse con la concesión del bar de la estación de autobuses, porque la hostelería figuraba entre los negocios que tuvo en las buenas épocas y se ve con ánimos para ponerse detrás de una barra. "Me gusta el sitio y creo además que sería más fácil un acuerdo económico, porque está bien tener sueños, pero también hay que ser realista y hay otras zonas que aunque me gusten más sé que no me puedo permitir", dice.

"Yo he sido empresario desde el 84", relata el hombre, que recaló el pasado octubre en Foz y solo tiene buenas palabras para la localidad y sobre todo para sus vecinos. "La gente de aquí es muy guapa" y el municipio, que conoció por un compañero de trabajo en una planta de machaqueo cuando se construyó la autovía, le pareció un buen lugar para volver a empezar. "Me gusta vivir cerca del mar, me hace falta, porque me tira mucho. Cuando no tengo nada que hacer me puedo pasar horas sentado en el puerto y además me gusta pescar", reconoce el mallorquín.

A Francisco Mulet la vida le ha llevado a la calle, un trance que está superando con el apoyo de los vecinos de Foz, lugar que escogió para empezar de nuevo

Un buen sitio al que suma la bondad de sus vecinos: "Me han tratado muy bien aquí", cuenta para insistir que en el centro, al que no falta ninguna tarde llueva o nieve, "he encontrado a gente maravillosa". "Tener este hogar ha sido un gran apoyo, vengo todas las tardes a tomar el café, charlar, jugar al dominó… Para mí es sentir un poco de calor humano porque estoy entre amigos. No puedo decir que sea un hogar, porque para mí un hogar es donde te quedas a dormir, pero sí que he encontrado una familia".

"Me tiene dado las gracias por dejarme ayudar. Es algo increíble", asevera Francisco, que en estos meses en la calle ha recuperado unas de las aficiones que tenía perdidas, hacer nudos para llaveros o para cuadros, con lo que le gusta obsequiar a la gente que aprecia. "Fue algo que aprendí en la Marina, donde hice la mili y hace unos días me di cuenta que pasaron más años de los que yo contaba, porque acaban de ser los cuarenta años del intento del golpe de Estado del 23-F y yo fui en febrero del año siguiente", dice.

"Vine el día de Reyes y para mí fue un regalo"

Juan Ramón Vázquez, un camarero de 36 años, es uno de los voluntarios del proyecto. "El de la nueva temporada", asegura con desparpajo, recordando que ha sido de las últimas incorporaciones a un proyecto que conoció de la mano de una amiga, a la que acompañó a la merienda de Reyes. "Es difícil explicar la sensación con la que me fui, pero me encantó. Me fui de aquí totalmente emocionado y es curioso que fuera justo el día de Reyes, porque para mí fue un regalo", relata el joven.

Juan está acostumbrado a tratar con la gente y sabe que no podría dedicarse a otra cosa que no implicara un contacto social; quizás por ello ha encajado tan bien en es proyecto que para él ha supuesto todo un cambio personal. "Creo que siempre he sido muy negativo conmigo mismo y me ha importado más que los demás vieran mis valores que verlos yo mismo", confiesa recordando que "he llegado a un lugar donde me siento útil y valorado, pero donde he visto que lo que yo entregaba era muy poco en comparación con lo que me estaban dando". Por ello, no duda en animar a los demás a participar en proyectos de voluntariado como este. "Es necesario que la gente se involucre, que se sensibilice, porque la transformación social por la que muchos apuestan tiene que empezar en nosotros, en ceder una pequeña parte de nuestro tiempo", recalca el joven.

Junto a él está Pilar Martínez, otra de las voluntarias con un perfil completamente distinto, ya que ella es ‘veterana’ en otros proyectos solidarios vinculados a la iglesia. En Agarimo se integró desde su arranque y está encantada. "Me encuentro muy bien y creo que la gente debería experimentarlo", asevera de un lugar al que acude varias tardes a la semana a compartir su tiempo con otras personas a las que la vida no le ha puesto fácil; tampoco a ellas en estos momentos, pero pasar por el hogar le hace sentirse reconfortada. "Es una oportunidad para todos" y recuerda que lo mismo se pone una lavadora, que se hace café, hablamos y nos reímos o se juega a algo.

Huerto ecológico y hogar de oportunidades
El proyecto Agarimo es el paso intermedio para lograr llegar al "culmen", que sería la creación del llamado hogar de oportunidades y la puesta en marcha de un huerto ecológico, para autoconsumo y venta.
2024
Es el año en el que confían haber logrado otro de sus objetivos: la apertura de las iglesia de Foz 24 horas al día y sea un servicio de primera emergencia, desde donde se envíe a los usuarios al recurso correspondiente.
Mesa técnica
Es la encargada de elaborar la guía con los diferentes recursos que existe en la comarca y de la que forman parte responsables de diversos servicios de Foz y Burela, también ayuntamientos, a los que agradecen su «excelente disposición».

La iglesia focense crea un proyecto de integración para personas...
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