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Fusión de experiencias

Antonio Castelo, El Rocho, junto a su mujer, Joaquina Meitín y el hijo de ambos en medio. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Antonio Castelo, El Rocho, junto a su mujer, Joaquina Meitín y el hijo de ambos en medio. JOSÉ Mª ÁLVEZ

Joaquina Meitín recibió un premio por toda una vida en la cocina de O Castelo, restaurante que regentó con su marido, Antonio Maseda

Joaquina Meitín lleva más de cuatro décadas en la cocina de O Castelo, el negocio que fundó en 1978 con su marido, Antonio Maseda, en Cervo, aunque ya trabajaron juntos con anterioridad en otro negocio que tuvieron durante tres años en Ribadeo. Toda una vida en los fogones que le ha valido recibir la distinción Touch Blanche-Gorro Blanco en la gala anual de los premios Plato de Oro, recientemente entregados en Santiago.

Una distinción que se suma a otro reconocimiento concedido hace dos años. Con ambos galardones posan encantados junto a su hijo, Antonio Maseda Meitín, heredero ahora del ‘imperio’ que al restaurante, con un amplio comedor, suma un hotel y una carpa frente a la playa sancibrense de O Torno.

Unos negocios que nacieron de la inquietud y el buen olfato del hombre, al que conocen como El Rocho por el apodo de su familia paterna, que a falta de estudios se formó en la "universidad del mundo", como él mismo reconoce, pues con 18 años abandonó su Xove natal "para labrarse un porvenir”.

Una etapa en la que nada le frenaba y Noruega fue uno de los destinos de un joven, empleado de una naviera, que aprovechaba las escalas para conocer los sitios más turísticos de donde estuviera, pero que reconoce que dónde realmente aprendió “fue de la relación que tuve trabajando, que es como se les conoce, con gente de diversas culturas”. Una relación, con unos y otros, que siguió cultivando en el restaurante y es que es para él una de las mejores cosas de un negocio que, aunque reconoce esclavo, a él le encanta y la prueba es que no puede desenganchar.

La cocinera se muestra muy orgullosa del galardón, “porque para que te lo den hay que estar ahí”, aunque reconoce que cuando empezó a cocinar con 23 años no le gustaba nada. En O Castelo, impera la cocina tradicional con materias de primera calidad de la zona “porque en eso no te puedes descuidar”, tercia El Rocho, encargado en innumerables ocasiones de recorrerse las lonjas y mercados en busca de lo mejor.

El local, especialista en asados y guisos, organiza jornadas gastronómicas del buey, angula y lamprea

Los guisos, como el mero al Castelo, y los asados, con la especialidad del solomillo a la Broche, son algunos de los platos más típicos de un local, donde la paella, el arroz caldoso y los mariscos siguen teniendo la merecida fama de siempre. Unos platos, a los que suman menús del día y hasta tres jornadas gastronómicas al año, que más de uno espera con inquietud: de buey, angula y lamprea.

Hasta doce personas, cuatro de ellas en cocina, conforman la plantilla del hotel y al restaurante, que fue primero, y que curiosamente no se abrió con la idea de continuidad, sino para aprovechar el tirón de la construcción de Alúmina-Aluminio, "una etapa que no se vuelve a repetir aunque se montaran tres fábricas” y que trajo a miles de personas a la vez a una zona en la que entonces había un déficit de locales hosteleros. "Fueron años de turnos de comidas de cuatro horas”, reconocen.

Una asentada clientela llevó al matrimonio a tomar la decisión de ampliar, primero con un comedor para 220 comensales, “donde se dieron muchísimas bodas” y, al poco, con la apertura del hotel en el año 1983.

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