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El colegio O Pilar de Foz celebra sus 75 años con una exposición fotográfica y varios concursos

Estrella, Eva y Elena. Abuela, madre y nieta de una amplia estirpe de alumnas del centro, que llega a la cuarta generación. ÁLVEZ
Estrella, Eva y Elena. Abuela, madre y nieta de una amplia estirpe de alumnas del centro, que llega a la cuarta generación. ÁLVEZ
La pandemia ha limitado los actos masivos de un centro que arrancó como escuela de niñas con la misma congregación religiosa que sigue al frente ahora, pero ya solo con docentes laicos

El colegio O Pilar de Foz conmemora este año el 75 aniversario de su fundación, que coincide con la llegada a la localidad de las religiosas de las Franciscanas de la Purísima para hacerse cargo de la enseñanza de las niñas, tras la puesta en marcha de un colegio para niños, ambos con parte de la herencia dejada por el matrimonio Martínez Otero para fomentar la educación en el municipio. La pandemia ha limitado los actos con motivo de esta efeméride, que incluirán una exposición fotográfica en el Cenima en mayo.

Una muestra que se dividirá en tres partes, una por cada 25 años, que se hará coincidir con la llegada exacta de las religiosas, que desembarcaron en Foz un 27 de mayo, y que pondrán fin a una iniciativas muy mermadas por el covid, que arrancaron con concursos entre el alumnado de poesía, narración y dibujo, cuya imagen ganadora ilustrará la pancarta conmemorativa. El estudioso local Antón Niñe dará una charla sobre la historia del centro.

Juan Vivero. ÁLVEZ

Han sido más de 3.500 alumnos los que pasaron por las aulas de un centro regido desde su inicio por la misma congregación que lo sustenta en la actualidad, aunque ya no hay ninguna religiosa dando clase. "A última xubilouse o ano pasado", asegura Juan Vivero, director del centro desde hace quince años, aunque lleva 33 como profesor, el primer varón en incorporarse cuando el centro se convirtió en mixto. "Ata o 98 fun o único profe", recuerda el responsable de un equipo docente formado por 24 personas.

A pesar de que todo el profesorado es laico, las monjas siguen estando muy vinculadas a la vida diaria del centro y la portería, la biblioteca y el comedor son gestionados por la congregación y desde el colegio se promueven los valores religiosos. "Aínda que non é o mesmo, tentamos continuar o labor que elas empezaron. O centro é propiedade da comunidade, sendo un dos tres que teñen en España, xunto co de Alacante e Madrid, polo que é destacable o esforzo que fan por mantelo unha congregación coa casa central en Murcia", cuenta Vivero.

El actual director fue el primer profesor varón del centro, por el que pasaron más de 3.500 alumnos y que es mixto desde 1985

A los centros educativos en el país se suman otros en Kenia y Mozambique, a través de su ONG Makúa, a la que destinan el dinero recaudado en Foz en iniciativas, como el ‘bocata solidario’.

Las religiosas llegaron a Foz en el año 1946 y su primera escuela fue en la conocida como Casa de Botes, un local temporal hasta que pudieron ocupar las estancias que dejaron libres el colegio masculino en las dependencias que hoy alberga la casa de la cultura. En 1977 se trasladaron al edificio que ocupan en la actualidad y que incluso da nombre a la calle.

En 1985 empezó la enseñanza mixta y en el 2000 salió la primera promoción de secundaria. Desde hace una década ofrecen gratis el programa Madrugadores y están preparados para poder impartir clases online. "A pandemia trouxo cousas que van quedar", afirma el director del centro.

"Regresar ha sido como un regalo"

Sor Dolores, focense, que inauguró como estudiante en 1946 un colegio en el que fue docente y del que ahora es la superiora. ÁLVEZ

Dolores Posada López, sor Dolores, ha sido de todo en el colegio en el que actualmente es la superiora, desde que en 2006 la congregación acordó su vuelta a Foz. "Regresar ha sido como un regalo", cuenta la religiosa de 85 años de edad, encantada de retornar a sus raíces.

Su vinculación con el colegio empezó con su inauguración en el año 46, al que accedió con diez años movida por sus progenitores que residían justo enfrente. "El primer día llegué muy disgustada a casa porque me pusieron en una clase en la que no conocía a nadie, pero al día siguiente ya me mandaron con mis amigas y todo fue distinto, porque éramos todas del pueblo y nos conocíamos de jugar en la calle", asevera.

Lo ha sido todo en un colegio del que ahora es responsable como integrante de una congregación en la que ingresó con 23 años y de la que llegó a ser superiora general

Con el tiempo fueron llegando niñas de los pueblos cercanos, "que se quedaban internas toda la semana e incluso fines de semana y ahora da risa porque venían de los alrededores", cuenta la hermana, sobre un cambio de hábitos, pues ahora el centro tiene rutas diarias desde varios puntos de la comarca.

A los 23 años "sentí la llamada del Señor" e ingresó en la misma congregación que regía el centro, las Franciscanas de la Purísima, de la que llegó ser superiora general durante doce años, de 1987 a 1999. La decisión de ser monja la tomó a sabiendas del disgusto que le dio a sus padres. "Fui hija única y para ellos fue muy duro, sobre todo para mi padre, que no quería que me fuera, pero tampoco quería hacerme infeliz", cuenta emocionada. A pesar del tiempo transcurrido echa la vista atrás y se ve a sí misma con su progenitor en la primera Cabalgata de Reyes que hubo en Foz, unos días antes de su marcha. "Bajé con él al puerto, pero no hablamos nada", rememora.

Tras el noviciado en Treviño, estudió Magisterio en Murcia y Teología en Madrid y estuvo dando clases en los tres colegios de la congregación, en Madrid, Alicante y Foz. En este último durante la etapa del 1984 a 1987 dando clases de Gallego.

Su vida se centra ahora en la comunidad y ayuda encantada en el comedor, sobre todo con los más pequeños, y es que los niños son su debilidad y no cree que los de ahora sean peores que los de antes. "Todos somos producto de una sociedad y es verdad que tienen otras libertades y un capricho con el que antes no se vivía, pero los niños son siempre niños".

"Nos gustan los valores que inculcan"

Estrella, Eva y Elena. Abuela, madre y nieta de una amplia estirpe de alumnas del centro, que llega a la cuarta generación. ÁLVEZ
"En el momento que supe que iba a ser madre, ya tenía decidido el colegio. Para mí fue una tranquilidad", cuenta Eva Robustillo, madre de la pequeña Elena González, de cuatro años y que es ya la cuarta generación en matricularse en el centro. Fue la bisabuela de la pequeña, Balbina López, la que estrenó el colegio en 1946 junto a sus tres hermanas. Para que las cuatro pudieran estudiar su padre les hizo pupitres y las sillas.

Una vivencia que recuerda Estrella, hija de Balbina, a la que su madre también matriculó en el centro, del que solo tiene buenos recuerdos y eso que algún castigo reconoce que llevó. "Yo estuve encantada y muy agradecida porque lo que me enseñaron me valió mucho en mi vida", rememora.

La bisabuela Balbina estrenó el colegio de las monjas, para el que su padre realizó los pupitres y las sillas para que sus cuatro hijas estudiaran

"Foz tiene dos cosas buenas, la playa y los colegios", afirma Estrella y reconoce que O Pilar, "es un dentro donde cuidan mucho a los niños y eso es lo que buscan las familias", tanto que no dudó en inscribir a su hija Eva, al igual que ella hizo después con Elena.

Para Eva, los valores que se inculcan en el centro son unos de sus principales reclamos, en el sentido de tener un mayor respeto, pero también "una mayor disciplina en el sentido, por ejemplo, de que en el comedor no puedes sentarte de cualquier manera, te enseñan a coger los cubiertos y tienes que recoger". "Valores que para mí son una filosofía de vida, porque la educación hay que darla en casa", afirma Estrella.

Eva, de la última generación de la EGB, recuerda con especial cariño los recreos de después del comedor, "porque eran los más largos, las veladas de la Navidad o las fiestas de la familia", sin olvidar algunos de los viajes, como el de fin de curso a Madrid o a la visita a PortAventura. "Ahora ya se van a Londres", cuenta entre risas sobre un centro al que ahora vuelve como madre. "Creo que ha mejorado y evolucionado", cuenta, aludiendo a que, como a su madre, les parece un colegio con un buen nivel académico.

Un centro al que ahora asiste Elena, a la que le encanta ir al cole con su profe Fátima, "que es muy buena", dice. Jugar al balancín y a la pata coja con sus amigos Martina y Adrián es el pasatiempo favorito de la pequeña. "Estoy aprendiendo a conocer los números y mi favorito es el 1", explica en un alto en el recreo.

"Emociona dar clase donde estudié"

Teresa Vázquez Pérez, docente del centro en el que fue alumna y al que ahora acuden sus dos hijas. ÁLVEZ

Teresa Vázquez Pérez es una de las profesoras de O Pilar que conoció las aulas siendo estudiante. "Hacer prácticas en las mismas aulas en las que yo estudié fue un cúmulo de emociones y dar clase ahora me hace especial ilusión", cuenta la docente, que es también madre de dos hijas que están matriculadas en el centro. Un colegio que está muy vinculado a su familia, pues su suegra, Mari Carmen Piñeiroa Lozano, ya fallecida, fue también estudiante y docente.

Para Tere el colegio durante su infancia y adolescencia fue su segunda casa, pues a las clases de lunes a viernes sumaban la asistencia los sábados para los ensayos de guitarra para cantar los domingos en la catequesis. Sus mejores amigas, de hecho, siguen siendo las de esa época.

Sus mejores amigas son de su etapa del colegio, que fue como su segunda casa, pues los sábados quedaban para tocar la guitarra y ensayar para la catequesis

Natural de Foz, recuerda a la perfección su primer día de clase en el último año del edificio antiguo, muy próximo a la imprenta de su padre. Un recuerdo que conserva con cariño, pero aún más nítido tiene el de su último día de cole. "Creo que pocas veces lloré tanto en mi vida como en la fiesta de fin de curso de octavo, porque para mí el colegio fue una experiencia inolvidable. Fue una época especial y durante años seguimos viniendo", relata.

Unas aulas a las que volvió años después para hacer las prácticas del Grado de Educación Primaria para completar su licenciatura en Inglés, tras el cierre del Seminario de Mondoñedo donde impartía clases. Su pasado volvió a ser presente porque su mentora fue sor Carmen, que había sido su profesora de Lengua. "Lo que más me llamó la atención es que seguía con el mismo entusiasmo, la misma preocupación y el mismo tesón de como yo la recordaba", manifiesta, para asegurar que su forma de enseñar es fruto del legado que le dejó la religiosa, a la que precisamente sustituyó tras su jubilación.

Teresa es tutora de quinto de primaria y docente de Inglés de cuarto y quinto, por lo que trata a diario con los niños, a los que ve un comportamiento distinta al que había en su época. "Con las hermanas veo una relación mucho más cercana a la que teníamos antes, algo que a veces me maravilla porque yo las sigo llamando de usted, porque no me sale de otra manera". Una cercanía que contrapone con un "menor respeto al trato con el profesor, que antes era mucho más formal".

El colegio O Pilar de Foz celebra sus 75 años con una exposición...
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