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Experiencia sobre el terreno

Raquel Meizoso, en Atenas. EP
Raquel Meizoso, en Atenas. EP
La pontesa Raquel Meizoso Amarelo acaba de regresar de una estancia de voluntariado en Atenas, donde a través de la ONG Aire ha acompañado y atendido a mujeres refugiadas embarazadas o con bebés lactantes que están en el Elna Maternity Center

Tener una visión más amplia de las migraciones, conocer el contexto griego o descubrir la lentitud con la que maneja Europa el conflicto de miles de personas refugiadas son algunas de las enseñanzas que la pontesa Raquel Meizoso Amarelo se trae en su mochila después de pasar dos meses de voluntariado en Atenas.

La educadora social, que está cursando un máster de Políticas Sociales e Intervención Comunitaria en la especialidad de Migraciones, solicitó participar en un proyecto de conocimiento de la realidad de la Universidad de A Coruña (UDC).

"Me apetecía experimentar sobre el terreno", indica Raquel, que ha podido acompañar y atender a mujeres refugiadas embarazadas o con bebés lactantes en el Elna Maternity Center, a través de la ONG Aire (Asociación Integral de Rescate en Emergencias).

"El contacto con la gente y descubrir el verdadero significado de resiliencia, una palabra que está en boca de mucha gente, es lo más importante que saco de esta experiencia", dice la joven, quien ha tenido la ocasión de convivir con personas de nacionalidades muy diversas -desde afganas a sirias, pasando por congoleñas o iraníes- en un edificio preparado para acoger a las mujeres refugiadas "con el mayor grado de vulnerabilidad".

El centro lleva el nombre en recuerdo de la maternidad francesa que acogía a mujeres refugiadas durante la Guerra Civil española

"El inmueble tiene cuatro plantas. Ahora hay 74 personas -la capacidad es variable según los núcleos familiares-. Cuenta con 21 habitaciones, zonas comunes, cocina, terraza o sala de actividades...", enumera Raquel. El equipo de coordinación suele vivir en el edificio, mientras que el voluntariado ocupa un piso a unos cinco minutos del 'building'.

Entre las funciones que desarrollan las personas que acuden a colaborar a este centro, que recibe el nombre en recuerdo de la maternidad de Elna -una institución fundada en 1939 por la enfermera suiza Elisabeth Eidenbenz en la comunidad francesa de Elna y que acogió en ella a madres refugiadas de la Guerra Civil española y a mujeres judías perseguidas por el nazismo durante la segunda Guerra Mundial-, están la de desarrollar "actividades de gestión en sí misma".

"Por ejemplo, hay voluntarios que se encargan de racionalizar las cantidades de comida, otros de promover juegos educativos para los niños que no están escolarizados...", explica la pontesa, quien confirma que entre las tareas que realizan está también el "acompañamiento médico o legal".

"No suplimos a las personas, sino que les damos autonomía y las empoderamos para que sean ellas las que lo hagan", indica Raquel, quien cree que hay "cierta hostilidad por parte del pueblo griego" hacia la situación y las personas refugiadas.

"Es injusto para ellas, ya que la falta de acción de las instituciones europeas hace que el conflicto se alargue", critica, recalcando la importancia vital que tiene el acompañamiento en estos casos.

La pontesa valora muy positivamente su experiencia en el Elna, "donde hay un ambiente de convivencia ejemplar". Este voluntariado le ha permitido vivir "un choque cultural brutal" y descubrir "historias tan duras que no nos podemos si quiera llegar a imaginar", afirma una joven que seguirá ayudando con su trabajo a los que más lo necesitan.

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