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ONGs: crecen las necesidades pero también el número de manos que se moviliza para prestar ayuda

I. Blanco | 18 de julio de 2013

Las necesidades sociales de la población se han disparado en los últimos cinco años como consecuencia de la crisis económica. Y las ONGs dan fe de ello, pues la demanda de sus servicios se ha multiplicado considerablemente. Pero, al mismo tiempo, la situación socio-económica dio lugar a otro fenómeno: el aumento de voluntarios paulatino en el último lustro.

En Cruz Roja Galicia cuentan, actualmente, con 5.314 voluntarios, de los cuales 1.643 son incorporaciones del último año y 752 del primer semestre de este ejercicio. La coordinadora de voluntariado de Cruz Roja en la comunidad gallega, Mónica Castelao, afirma que desde la ONG advierten tres causas principales que explican este incremento.

En primer lugar, ''el aumento se debe a que hay mucha gente desempleada'' y esas personas ''tienen mucho más tiempo libre''. La tasa de paro en Galicia sumaba 283.886 desempleados a finales del mes de mayo. El incremento de voluntarios refleja, para Castelao que ''la gente quiere estar activa y no quedarse en casa''.

Pero este auge de voluntariado se debe también -en segundo lugar- a las necesidades, cada vez más latentes, que existen en la sociedad. Se trata de necesidades básicas que despiertan la conciencia social de los ciudadanos. ''Cada vez somos más solidarios'', señala Castelao, ''a todos les gusta saber que están ayudando a los demás y que son útiles''.

En tercer lugar, esta coordinadora de Cruz Roja subraya que la labor social de ONGs como la suya está cada vez más presente en los medios de comunicación y en la vida pública. ''Se avanza en materia de voluntariado'' y ''la gente cada vez conoce más nuestro trabajo y lo que implica ser voluntario''. ''Todos quieren aportar su granito de arena y su aportación representa mucho más dentro de una filosofía o una cadena'', explica.

Desde Cruz Roja señalan otra tendencia que se viene acusando desde el 2008 y es que la actividad de voluntariado se desarrolla, principalmente, en las grandes ciudades mientras que en los pequeños pueblos el volumen de voluntarios es menos significativo. En la misma línea, Castelao ha constatado que, a raíz de la crisis, se ha registrado mayor movilidad entre los voluntarios por motivos, normalmente, laborales y de búsqueda de empleo.

En Cáritas acusan la misma tendencia. El aumento de la demanda corre paralelo al aumento de voluntarios. El responsable de prensa de la Diócesis de Santiago de Compostela, Javier García, destaca que el aumento de voluntarios ha sido paulatino desde el comienzo de la crisis y que, en el último año, este número creció un 30%. Actualmente, en Santiago cuentan con 1.879 voluntarios. Aunque desde esta organización no profundizan en las causas de este incremento, García señala que ''vienen porque creen en nosotros, en nuestro trabajo y en la Iglesia. Además, saben que hay más necesitados que antes''.

Sin embargo, el fenómeno nini (jóvenes que ni estudian ni trabajan) parece que puede estar también detrás de este aumento. El concepto nini nacía en 2009 para definir a un perfil ciudadano cuyo desinterés general, tanto por el mundo laboral como por el educativo, era llamativo. Hoy esta definición ha alargado su sombra, dado que la realidad socio-económica empuja a un importante porcentaje de la población a la inactividad: el mercado laboral está imposible y estudiar, en términos económicos, se está convirtiendo en un vía crucis.

Si se atiende al perfíl de voluntarios que trabajan en una u otra organización, se ven diferencias sustanciales.  En Cruz Roja, la edad media se sitúa en los 37 años. Respecto al género hay variedad -50,9% mujeres frente a 49,1% hombres- y su perfil se corresponde, en términos generales, con el de personas con estudios superiores.

Mientras, en Cáritas, la media de edad se sitúa ''en los 50 años y de ahí para arriba'', por lo que en repetidas ocasiones han hecho un llamamiento a que más gente joven ''se una a su causa''. Por su parte, el presidente de la Fegaban (Federación Gallega de Bancos de alimentos), José Pita, afirma que aunque siempre hay voluntarios, hacen falta más, porque el trabajo supone muchas horas y el perfíl de voluntarios con los que cuentan son mayoritariamente jubilados.

Demanda social

No sólo crecen las manos que ayudan. Cada vez más gallegos necesitan el apoyo de las ONG para sobrevivr. Los recortes en materia de sanidad o de dependencia y el tijeretazo a las ayudas sociales, entre otras muchas causas, han derivado en el colapso de estas organizaciones.

Javier García, desde Cáritas, resalta que, desde el 2008, el número de personas atendidas por su organización ha crecido un 178%. En el último ejercicio, un total de 76.795 personas acudieron a sus servicios. Y, del mismo modo, destaca que, mientras hace no muchos años atendían principalmente a inmigrantes, hoy por hoy, continúa el ascenso de personas de nacionalidad española atendidas -hoy ya en el 58%. ''El perfil del demandante ha cambiado sustancialmente a lo largo del último año. Personas que, hasta el momento, nunca habían necesitado ayuda ahora no pueden cubrir las necesidades básicas''.

Las principales demandas, durante el último ejercicio fueron las de búsqueda de un empleo, ayudas para la alimentación, vivienda, sanidad y hacer frente a los pagos de los suministros. El trabajo más intenso se centró en los servicios de atención primaria, que pasaron de 59.582 personas a 61.184.

Desde los bancos de alimentos también advierten un cambio en el perfil de los demandantes. José Pita los denomina ''los pobres de corbata'', que se corresponden con personas de clase media-alta, que tienen una hipoteca que pagar y no llegan a cubrir las necesidades básicas.

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