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Llave universal

Julio Padilla Carballada / @PadillaJPC | 30 de agosto de 2014

Casi todas las semanas el mundo amanece sentado sobre un barril de pólvora, al que rodea gente que no ha dejado de fumar. Pueden parecer conflictos lejanos, pero un día un señor mete unos soldados en Ucrania y, a las dos semanas, un agricultor de Catalayud no sabe qué va a hacer con sus melocotones.

La vida es algo diverso, emocionador, peligroso y apasionante. Pero no transcurre jornada sin que aparezca el nacionalista -«eres más aburrido que un nacionalista», dice un amigo mío- hablando de su cosa, de su endogámica cosa, de su obsesiva cosa.

Decía Tomás de Aquino que era de temer el hombre de un solo libro. ¡Ojalá los nacionalistas fueran de un solo libro! El problema es que son de una sola página, una página que unos días es la hoja de ruta y, otros, la hoja de parra para tapar las vergüenzas de la corrupción.

Debe de ser bastante penoso levantarse por la mañana y, antes de observar el día y despertar a los niños, tener que empezar a sufrir por la independencia que no llega, mientras el agua de la ducha termina por espabilarte y, entonces, más sufrimiento. Tampoco debe de ser flojo tener que hablar todo el día de lo mismo. Me imagino que van a comprar el pan y pregunta el panadero: «¿Qué tal va la independencia, don Sergi?». Y don Sergi, apesadumbrado por la tremenda responsabilidad, tomando la barra de pan, dirá con paciente humildad: «Ahí estamos. En la lucha».

A la mayoría de los españoles, los nacionalistas nos parecen unos tipos monótonos y aburridos, observándose todo el día el obligo nacionalista, pero empiezo a tener compasión ellos. ¡Qué vida más estrecha y pequeña! A fuerza de querer engrandecer la patria chica se vuelven patriotas enanos. Lo único positivo es que ser nacionalista todavía no es obligatorio. Al menos, hasta que tengan el poder.

Os maleteiros dos paraísos fiscais

Aos profanos dos temas económicos non nos é fácil entender como en países tan pequenos se poden agochar tantos cartos. Como algúns poden facer tantas viaxes cos maleteiros cargados de billetes e que os gardas non os paren? Cantas veces me pararon: «Sopre, documentación, chaleco, póliza de seguro, abra o maleteiro». Téñenme encontrado un saquiño de patacas e pedido explicacións polas mesmas: «Sonlle da aldea de Folgueirúa, para min non as hai mellores”. Pero se a min me pasa isto coas patacas, por que a outros automovilistas non lles revisaron as cargas dos maleteiros? Trinta e catro anos cos maleteiros cargados, multiplicando por cinco ou seis o peso dos meus tubérculos con billetes de 5.000 e 10.000 pesetas e, de dende o euro, de 500.

Pode pasar no mundo económico calquera cousa. Vendo as últimas fichaxes do FMI -Rodrigo Rato, Dominique Strauss-Kahn e Christine Lagarde-, que podemos esperar? A antes clase media, a rebaixar a carga e as viaxes á aldea polo prezo do combustíbel. Pero, que saberán estes xerifaldes do FMI de sacos de patacas se non se enteran (ou non se queren enterar) dos billetes dos maleteiros?

Xosé Balsa Pena. Correo electrónico

Querido suegro

Hace mucho tiempo que quería escribirte y no cometer contigo el error que cometí con papá de no decirle unas palabras muy sencillas y que solo algunos me han oído pronunciar: te quiero. Quizás por ser tan reservado nunca me las oirás, pero podrás leerlas y sentir que salen de un lugar que muy pocos ocupan.

Querido suegro, gracias por haberme dado tanto y por haberle dado tanto a nuestros hijos. Has estado siempre al pie del cañón y ahí sigues estando, pendiente de todo. Creo que has disfrutado tanto con David y Rubén como ellos contigo. Los has educado siguiendo nuestros criterios y nos has demostrado un gran respeto por ello, algunas veces ,incluso, en contra de tu propia forma de ver la cosas, aunque creo que han sido las menos.

Eres una gran persona, neutra al expresar los sentimientos, pero con un gran corazón, generoso como pocos y honrado como ninguno. Sé que una de tus grandes preocupaciones por las circunstancias de la vida ha cumplido finalmente sus expectativas y estás a gusto, tranquilo y contento por ver a tu hijo Fernando feliz e ilusionado. Has ganado una hija y nuestra familia ha crecido en cantidad pero, sobre todo, en calidad. No creo que Manolo y María Elena tengan un corazón más pequeño que el tuyo y así nos lo demuestran día a día.

Ahora la abuelita Chon necesita de ti tanto o más que nuestros hijos, que gracias a vuestro apoyo se están convirtiendo en unas buenas personas. A ella también le tengo que dar las gracias por su humildad ,por su bondad, discreción y paciencia. Siempre a tu lado haciendo contigo ese gran equipo del que todos nos sentimos orgullosos.

Gracias a los dos porque sin vosotros la vida de Pilar y la mía no hubiera sido la misma. La tranquilidad de marcharnos de viaje todos los días para trabajar sabiendo que cualquier problema o enfermedad iba a estar resuelto nos convierte en auténticos privilegiados y por eso os damos las gracias a vosotros y a la vida por habernos dado tanto.

Que todos los valores que nos transmites día a día y tu fuerza vital esté con nosotros mucho tiempo y, como dice mi madre, que Fernando ,‘El Santo’, siga tirando del carro como hasta ahora.

Un beso de tu hijo Alberto.Alberto Martín Mosteyrín. Correo electrónico

El plúmbeo nacionalismo

C omo las últimas jornadas de agosto invitan a lecturas dispersas me he detenido en una de esas noticias que en otro momento se dejan para otro día. Me ha llamado la atención una que refiere la confección mediante impresión en 3D y un programa denominado Photobump de una llave que abre cualquier cerradura.

Con ello se revela la obsolescencia de los sistemas tradicionales de cierre o clausura de puertas, y que la seguridad solo se garantiza con sistemas digitales de identificación. Es verdad que no de modo absoluto, y como muestra un botón, porque también hemos podido leer que las claves de acceso en la red se piratean, o sea que tampoco son absolutamente fiables.

La única seguridad la brinda el secreto absoluto y la estanqueidad no vulnerable, y eso enseña la vida que es una utopía. Pensemos si no en esas claves de identificación para acceder a espacios muy protegidos, que como muestra el cine, son al final conseguidas, pirateadas y en definitiva desveladas y así, sofisticadas instalaciones de seguridad de nada sirven.

Porque todo lo que puede ser conocido es susceptible de llegar a conocimiento de quien no es fiel a su obligación de confidencialidad.

No sé por qué, el asunto me recuerda a la técnica empleada por los pastores para que una oveja amamante a una cría que no es suya, mediante el sistema de cubrirla con lana de la madre, que engañada asegura la lactancia de una cría que no es suya y que sin esa falsedad sería probablemente rechazada.

La sabiduría popular lo formula claramente: «Lo que quieras que otro calle, mejor te lo callas tú antes». Que es tanto como decir que el secreto es solo de uno. Lo que saben dos ya no es seguro que no se difunda.

Y también me hace relativizar la idea de que alguna instalación de cierre sea invulnerable, de tal suerte que, quienes puedan costear las más valiosas, se beneficiarian, ellos solo, de la seguridad absoluta, quedando los demás al albur de la fortuna.

En fin, que a pesar de todo, podemos concluir que no hay dispositivos definitivamente seguros.

Nada de lo que el hombre ha inventado es infalible. Al menos por ahora. De modo que, entretanto, confiemos razonablemente en las llaves.

MI CORREO

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