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La Xunta rejuvenece

Martín G. Piñeiro / El Ala Oeste | El Ala Oeste

Martín G. Piñeiro / El Ala Oeste | 23 de septiembre de 2020

Rajoy, Feijóo y Romay, tres generaciones de políticos. EFE
Rajoy, Feijóo y Romay, tres generaciones de políticos. EFE
Más allá de las razones políticas que pueda haber detrás de cada caso, los cambios en las consellerías confirman un relevo generacional

EL PRESIDENTE de la Xunta y líder del PPdeG, Alberto Núñez Feijóo, siempre sostiene que su sucesión en el partido será más sencilla que la de Manuel Fraga en 2005. Y otra de las opiniones del de Os Peares es que a la persona que se haga con las riendas del partido cuando corresponda habría que buscarla en generaciones atrás y no en la suya.

De ser cierta esta reflexión, muchos nombres que llevan apareciendo en las quinielas sucesorias desde hace años tendrían la puerta cerrada, ya que sería más lógico echar la vista atrás, hacia lo que viene empujando fuerte en un PPdeG que siempre presume de banquillo y de cantera.

Los cambios introducidos en las consellerías en las dos últimas semanas corroborarían esta teoría. Eso no significa que de los nombramientos recientes salga un sucesor o sucesora, sino que las direcciones y secretarías xerales, las auténticas salas de máquinas de las consellerías y, por extensión, del Gobierno, están en pleno proceso de relevo generacional, igual que las cinco delegaciones. Es como si Feijóo estuviese dando el primer paso para dejar el partido preparado para el futuro.

→ ¿Por qué estos cambios?

Las modificaciones de estructura y nombres introducidas en los dos últimos consellos en la Xunta pueden tener muchas lecturas, porque, de hecho, cada una responde a una realidad concreta. Sin embargo, hay elementos comunes en todas ellas: la prioridad de luchar contra la pandemia y sus consecuencias económicas y, sobre todo, una clara vocación de relevo generacional.

Las biografías de los nuevos altos cargos así lo confirman. Feijóo podría estar descontento con un delegado concreto y cambiarlo, pero parece difícil que el relevo de los cinco se interprete en clave de castigo. Si se analiza, se marcha gente de 66, 62, 58,53 y 48 años y llega otra de entre 43 y 46.

Y lo mismo se podría aplicar a la inmensa mayoría de altos cargos de esta nueva legislatura: al frente del Sergas, en las secretarías de las consellerías, en organismos como Agader o Agacal... Empiezan a aparecer incluso nombres importantes nacidos ya en la década de los 80 del siglo pasado, gente muy joven, pero la mayoría del perfil elegido por Feijóo está entre los 40 y los 50, la que para muchos estudiosos de los recursos humanos es la edad perfecta para cargos de responsabilidad: la mezcla de la experiencia que dan bastantes años de vida laboral con la ilusión que tiene quien todavía tiene mucha carrera por delante. La Xunta, en consecuencia, se está rejuveneciendo.

Una realidad que no está reñida con que cada relevo de Feijóo esconda una razón concreta. Por ejemplo, algunos parecen diseñados con un marcado afán de movimiento político, como los de delegados pensados para desembarcar en el futuro en clave municipal como Marta Fernández Tapias en Vigo o incluso Trenor en A Coruña o Arias en Lugo. Otros premian años de trabajo duro y los hay que responden a la pura lógica de que los nuevos conselleiros quieran rodearse de gente de su máxima confianza.

→ Manda la generación del 68

En cuanto al Gobierno puro y duro, la generación del 68 manda. Hasta cuatro conselleiros nacieron ese año: los vicepresidentes Rueda y Conde; el todoterreno Román Rodríguez y el nuevo titular de Sanidade, Julio García Comesaña, que precisamente sustituye a un Vázquez Almuiña que también pertenece a esa generación.

Curiosamente, mientras la estructura de las consellerías rejuvenece, la Xunta nombrada por Feijóo en este 2020 es casi tres años de media más vieja que la que designó por primera vez en 2009. Entonces era un equipo de 46,3 años y ahora tiene 49,8, en parte por la supervivencia de Rueda y Rosa Quintana, que son 11 años mayores, y la presencia de Valeriano Martínez, que es del 61, la quinta del presidente.

Sin embargo, en 2009 no había conselleiros por debajo de los 40 años —Rueda y Jesús Vázquez eran los más jóvenes con 41 y 42—, mientras que ahora María Jesús Lorenzana tiene 39 y Fabiola García, 35. Son el mejor ejemplo de las nuevas generaciones que vienen.

Dos formas de ser político 

La presentación del libro de memorias de Romay Beccaría reunió en A Coruña a los que quizás sean sus dos alumnos aventajados en la política: Marian Rajoy y Alberto Núñez Feijóo. Romay lo fue casi todo en política, desde la Xunta al Gobierno central y tanto en el ámbito institucional como en el orgánico. Y lo hizo además durante toda su vida. Cumplirá los 86 en enero, pero a los 84 años todavía era presidente del Consejo de Estado. Pertenece a esa estirpe de cargos que conciben así la política: sirviendo hasta el final. Rajoy, por su parte, representa todo lo contrario. También fue casi de todo a nivel municipal, autonómico y estatal, pero llegado el momento de la retirada, aun no cumplidos los 65, se apartó de todo y parece difícil que vuelva. Falta saber si Feijóo es de la escuela del primero o, por el contrario, prefiere la del segundo.

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