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"O Trobo es cuna de mujeres que somos políticas por vocación social"

Javier Rivera | 06 de septiembre de 2020

Celia Fernández Fernández. EP
Celia Fernández Fernández. EP
Los padres de la fonsagradina Celia Fernández emigraron a Avilés cuando ella tenía un año, pero la vicepresidenta primera del Parlamento asturiano mantiene vivos los vínculos con su parroquia natal, donde también tiene sus raíces familiares la socialista viguesa Carmela Silva

Después de tres décadas como trabajadora social, labor que compatibilizó con sus ocho años como vicepresidenta y otros ocho como presidenta de la Cruz Roja de Asturias, Celia Fernández dio el salto a la política en los comicios autonómicos de 2019, como número dos de la candidatura del PSOE, liderada por Adrián Barbón. Su aterrizaje en la Junta General del Principado le obligó a dejar su plaza de profesora de Trabajo Social en la universidad de Oviedo, "algo que echo mucho de menos. Aunque tengo dos adolescentes en casa, el contacto con los jóvenes me daba una visión más amplia de la sociedad que la obtenida en el ámbito laboral o político", comenta.

¿Qué relación mantiene con A Fonsagrada?
Mis padres se marcharon a Avilés para trabajar en la siderurgia, como otras familias de la zona. Me trajeron a Asturias cuando tenía un año. Los niños y jóvenes de mi época veraneábamos en las casas de los abuelos. Yo lo hacía en Arquide, un lugar de la parroquia de O Trobo, donde nací. Abel Caballero, el alcalde de Vigo, ambientó allí su primera novela. Me siento muy vinculada a Galicia. Vuelvo de vacaciones, hablo gallego y cuando me enfado lo hago también en gallego.

¿Qué es lo que más añora de aquellas estancias infantiles?
Guardo muy buenos recuerdos de las meriendas de la época de la recogida de la hierba y la malla, cuando se reunía la gente del pueblo para ayudarse, y de las fiestas de mi etapa adolescente. Ahora me gusta comer el pulpo en A Fonsagrada con familiares y amigos.

A Fonsagrada parece una tierra prolífica en políticos y personalidades. La expresidenta argentina Cristina Fernández de Kitchner tiene raíces allí, como Carmela Silva, o usted misma.
Aunque se trate de una casualidad, O Trobo es cuna de mujeres que llegamos a la política por vocación social, al encontrar en ella un espacio para expresar nuestras preocupaciones. La presidenta Diputación de Pontevedra, Carmela Silva tiene, como yo, raíces familiares en esta parroquia. Entre las personalidades con orígenes en el municipio, tuve la oportunidad de conocer a Forges en un acto de la Cruz Roja, a la que estaba muy unido, como a A Fonsagrada.

¿Está ligada a colectivos gallegos en Asturias?
Pertenezco a la asociación del Día de Galicia, que se celebra el próximo domingo. En 2015 le entregaron un reconocimiento al Concello fonsagradino y yo recogí otro como presidenta de la Cruz Roja. Fue una coincidencia muy emotiva para mí. También colaboro en actividades relacionadas con el Camino de Santiago.

¿Qué le movió a integrarse en una entidad humanitaria como la Cruz Roja?
Más allá de mi actividad laboral como trabajadora social, decidí emplear mi tiempo libre como voluntaria de la Cruz Roja, donde ocupé después cargos directivos. Fue una etapa muy intensa, de mucho trabajo. Aún sigo como voluntaria. Durante el estado de alarma colaboré en distintas tareas, como la atención telefónica o el reparto de alimentos y otras labores que me encomendaban.

¿Qué le decidió a incorporarse a la política como fichaje estrella del PSOE en las autonómicas de 2019?
Tras un largo periodo en órganos de dirección de la Cruz Roja, veía necesario un cambio. Cuando dejé la entidad, me ofrecieron ir en la candidatura del PSOE y no lo dudé. Pensé que podría aportar mi experiencia en trabajo social y asociacionismo y no me arrepiento. Mi labor en la Mesa de la Junta del Principado no me permite estar tan pegada al terreno, pero asesora y colabora en proyectos sobre asuntos sociales y sanitarios.

También fue presidenta de la Comisión de Género de la Cruz Roja Española. ¿Sigue batallando en pro de la igualdad?
Soy una mujer muy vinculada al feminismo. La Cruz Roja de Asturias creó una red de apoyo a las víctimas de la violencia de género que puede considerarse un ejemplo en España. Fui vicepresidenta de la Comisión de Género de la Cruz Roja, cuando se creó, y después presidenta. Siempre defendí que se le diese una perspectiva de género a las actividades de la entidad con el fin de favorecer la participación de las mujeres, que son mayoría entre las voluntarias, o que también se focalizasen en ellas las campañas de socios. Impulsé iniciativas en ese ámbito que perduran y le dan valor a la ONG.

Usted trabajó en proyectos de inmigración. ¿Cuál es su opinión sobre las polémicas generadas por la crisis migratoria en Europa?
La gente llegada de fuera puede aportar mucho, y no solo en territorios con poblaciones envejecidas, como Asturias y Galicia, sino allí donde se demanda mano de obra, como en zonas agrarias. Sí es necesario apostar por darles formación. No me imagino una España sin inmigrantes. Aunque surgiera la crisis de Grecia, la inmigración no es un fenómeno nuevo y muchas instituciones llevan décadas trabajando en este campo. Como otras muchos gallegos, he vivido la emigración en mi familia. Mis abuelos tienen siete hermanos en Argentina y Brasil.

¿Cuáles son las razones por las que la pandemia del Covid-19 tiene por el momento una incidencia tan baja en el Principado?
El principal motivo es que se hacen muchas pruebas. Allí donde surge un brote se pone a trabajar un equipo para hacer las PCR e identificar posibles contactos de los contagiados. En el caso de las residencias, se medicalizan y se trasladan las responsabilidades de gestión a la Consejería de Salud. La clave está en responder con rapidez y agilidad para que los brotes no se descontrolen.

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