Imprimir

Benigno Araujo López

José de Cora | 04 de abril de 2019

110 lucenses singulares

Durante los últimos años del XIX y primeros del XX, los delincuentes del sur de la provincia de Lugo tienen  enfrente a un enemigo implacable, el cabo comandante  de los puestos de la Guardia Civil de Quiroga y Monforte de Lemos, Benigno Araujo López.

No da un caso por cerrado, escudriña los indicios más insignificantes, no regatea horas a las labores de vigilancia y se deja llevar por una intuición que durante ese tiempo lo convierte en un auténtico Sherlock Holmes con gaita y tricornio.

El caso de Ignacia Carnero le da mucha fama. Ignacia es soltera, tiene 40 años, y todos los hombres de Proendos (Sober) saben que no pone reparos a la hora de repartir favores sexuales, dinero mediante o no. La noche del domingo 17 de noviembre de 1900, el Juzgado de instrucción de Monforte debe desplazarse a Proendos porque el cadáver de Ignacia aparece en el camino de Pedrido.

Es un crimen con ensañamiento, alevosía y extrema crueldad. Quien lo hace demuestra un odio especial hacia la víctima, que presenta muchas heridas, aunque su muerte sobreviene por estrangulación.

Araujo acaba de solucionar un enrevesado caso y quiere mantener alto el prestigio que le precede. Detiene a dos hombres acusados del crimen y a otros tres como encubridores. Cuando se despoja a Ignacia de sus ropas para hacerle la autopsia, se observa que utiliza rellenos con el fin aumentar el volumen de sus pechos.

Una de las citas nocturnas de Ignacia, según sospecha Araujo, es fatal. El juez Lasiote llama a declarar a gran número de personas, y si no pueden acudir, constituye el juzgado en sus casas, como la de una enferma que dice haber oído voces aquella noche. El juez no parece satisfecho con las primeras detenciones.

La gente comienza a hablar del crimen de Proendos como la segunda edición del caso de Demetria, una mujer de Caneda con muchos amantes en cuya investigación también interviene el cabo. La tensión se palpa en el ambiente y todos sospechan de todos. Es necesario llegar al culpable cuanto antes porque Proendos es una caldera hirviendo a punto de estallar, ya que por un lado está el asesinato en sí, y por otro, los favores sexuales de Ignacia, que afectan a medio pueblo y muy especialmente a los cinco detenidos.

Por fin, Araujo realiza otra detención que se presenta como la del verdadero autor del crimen y la tensión se relaja. Los detenidos salen en libertad y sus familias comienzan a recuperar el resuello.

En 1900, Eulogio González causa la muerte de otro mozo en una romería de San Clodio y Benigno lo atrapa al poco de cometerse con otros nueve individuos implicados. En ese año también detendrá al parricida Liborio, que luego da lugar a una llorada ejecución en Lugo. Ese año comienza las pesquisas en el caso de los cabritos.

Se trata de un matrimonio de A Ermida, en Quiroga, que se dedica a la venta de carne de macho cabrío.El negocio les permite contratar los servicios de la joven Máxima Soto, pero cabrito va, cabrito viene, el hombre y Máxima intiman hasta chocarse las carnes. La mujer se entera, pero no pone inconvenientes a la relación. Entonces pasa lo propio de las relaciones sexuales. Máxima anuncia su embarazo a la pareja y entre los tres deciden que allí no hay sitio para cuatro, de modo que lo que venga será eliminado.

Lo hacen mediante el salvaje método de arrojar la criatura a los cerdos. Los vecinos denuncian, las mujeres son detenidas, pero el carnicero se echa al monte y Benigno dedica casi un año a perseguirlo y darle captura. Todo eso ocurre entre octubre de 1900 y septiembre de 1901. Su fama como detective que no abandona un caso hasta darle solución va en aumento y las  felicitaciones de sus superiores, también.

En ese año de 1901 tendrá otra destacada actuación en Ribas de Sil, donde va a evitar un delito antes de ser cometido. Juan González, nacido en Sober y licenciado de presidio por múltiples fechorías, se encuentra en Oviedo después de una de sus temporadas a la sombra. Desde Asturias avanza hacia Ribas de Sil para dar un importante golpe del que Araujo tiene noticias por un paisano. Su avance se realiza como  el de los grandes capitanes, reclutando gente a su paso para formar una banda competente con la que acometer mayores objetivos.

Bajan a León, donde adquieren pistolas, navajas y puñales de Albacete, e incluso explosivos de dinamita y sus mechas. Le acompañan otros dos expresidiarios huidos y un vecino de San Clodio, al que se considera su informante. Desde León avanza con robos y asaltos. Ésa es su perdición, porque alerta a Benigno.

Se cree que intenta unirse a otra partida que merodea por las cercanías de Monforte, a las órdenes de quien llaman el Zurdo, conocedor de cárceles como Juan y con quien disputará el liderazgo si llega a producirse la fusión.

Benigno Araujo se ha desplazado con sus hombres a San Clodio y vigila para ver qué ocurre. El objetivo es la fi nca llamada Granito de Oro, en San Clodio de Ribas del Sil. Sus dos propietarios van a desplazarse a Monforte con una fuerte suma de dinero para el pago de unas tierras y la operación ha sido detectada por la banda de Juan. Benigno observa la presencia de tres individuos que levantan sospechas. Pueden ser adelantados de la banda, por lo que cae sobre ellos y los detiene. Cuando todo se conoce no hay palabras suficientes para elogiar al guardia civil.

El éxito en cada caso solo se olvida con el siguiente. Ahora Araujo investiga al sacerdote Pedro Domingo López Álvarez, párroco de Parada do Courel, Seoane y Esperante. Éste se enemista con el juez municipal, Urbano Paz, y su conducta divide al vecindario. Para unos es un buen párroco, y para otros es un borrachín, mujeriego y camorrista irascible que enarbola un revólver a la primera oportunidad, o reparte patadas con las que rompe los pantalones de quien tiene delante.

Vive con su hermana y el marido de ésta, Manuel Novo, y tiene a su cargo una sobrina llamada Carmen López, de doce años. El 5 de abril de 1902, el vecino de Parada Manuel Rodríguez se encuentra con el párroco en Sobrecarreira. Pese a no haber buenas relaciones entre ambos, charlan y en determinado momento, don Pedro le dice:
—Se fas o que che mando, tes o meu permiso para casar coa miña sobriña, e non irá mal dotada.

Manuel lleva dos años interesado en Carmen, es decir, desde que la niña tiene solo diez, e incluso sueña con raptarla y fugarse con ella a Cuba. Esos tempranísimos amores son mal vistos por su tío, que tiempo atrás la lleva a un colegio de Villafranca del Bierzo para alejarla del joven.

Por esa razón, al escuchar las palabras del sacerdote, a Manuel se le hacen cortas las orejas y quiere saber de sus labios qué debe hacer para obtener a Carmen, la dote y el beneplácito de su tío, todo en uno. Entonces el sacerdote saca de su bolsillo un revólver de cachas blancas, un Smith calibre 9 milímetros, y le dice:

—Toma este revólver e mata a Francisco García Ramos, que me ten ameazado e me está a perxudicar coas súas denuncias. Coida de que ninguén te vexa.

Tras un intento fallido, Manuel dispara, pero se equivoca de hombre y alcanza a su hermano Avelino García Ramos, que agoniza hasta morir la noche del día siguiente.

A partir de ahí se desarrolla una complicadísima investigación, tanto por ser un crimen de encargo, como por morir una persona equivocada y tratarse de un sacerdote su autor intelectual. Pero el párroco acaba por estar en la primera línea de las sospechas gracias una vez más al buen hacer de Araujo, que descubre la trama urdida de forma tan maquiavélica por quien se supone el pastor espiritual de aquella comunidad.

Otro caso más. Anochece el 30 de enero de 1902, aunque pasan pocos minutos de las seis de la tarde. Demetrio Fernández Franco ha preguntado a varios vecinos de Quintá de Lor por la rectoral del párroco que se encuentra entre una docena de casas. La última de las consultadas, Avelina González, entra en una de ellas y lo comenta. Luego, acompañada por Dionisio Estévez, sale a ver si se trata de un ladrón.

Observan a Demetrio hablando con el párroco, José Casanova, que se ha asomado a la ventana para escucharle. Después le abre la puerta y los dos hombres desaparecen dentro de la rectoral. Avelina y Dionisio se retiran. No hay peligro, es un conocido del sacerdote. Sin embargo, lo que va a ocurrir a partir de ese instante será uno de los sucesos de sangre más despiadados de la historia criminal gallega.

Demetrio, el recién llegado, anuncia al cura que es portador de una carta de su sobrino Ramón, el que vive en Fornela, donde le comunica la muerte de una cuñada. Adereza sus palabras con nombres que son muy conocidos del sacerdote y se gana su confianza, de tal forma que Casanova no duda en bajar y franquearle la entrada. Ambos pasan a la cocina, pero una vez allí, cerca del fogón, Demetrio cambia su discurso y exige del párroco que le entregue el dinero que tenga, a lo que éste se niega.

Entonces sale a relucir el revólver que hasta entonces ocultaba y el religioso trata de calmarlo: «Pero, home; non fagas iso». La decisión está tomada de antemano. Aunque el cura se hace con un pequeño cortaplumas que lleva consigo, Demetrio le dispara a la cabeza y Casanova se derrumba muerto.

Hay otras dos personas en la cocina que hasta ese momento han contemplado la escena paralizadas por el horror. Son Elvira Álvarez, la criada de la rectoral, y una niña de doce años, María Hermitas Fernández Yebra. Elvira acude a los gritos finales del sacerdote, pero Demetrio responde con un segundo tiro contra ella. Y un tercero contra Hermitas. Las ha neutralizado y tiene vía libre para dar rienda suelta a sus propósitos, que son hacerse con la mayor cantidad de dinero posible, sabedor de que Casanova cobra por fincas de su propiedad y lo imagina dueño de una fortuna.

Se dirige a las habitaciones interiores y rebusca en todos los muebles, pero en la cocina no ha quedado el cuadro que supone. Elvira solo está herida de consideración en la región temporal izquierda y otra, menos grave, en la temporal derecha, cerca del oído.

Se descalza con intención de huir sigilosamente. Ya se encuentra cerca de la puerta, cuando advierte que el criminal vuelve sobre sus pasos. Entonces se le ocurre retomar la posición en la que había quedado y simular su muerte. Demetrio, bien porque la ve, porque sospecha que se ha movido, o porque quiere asegurarse de su silencio, se acerca a ella y le asesta tres puñaladas que ahora sí, acaban con su vida en la puerta de la cocina. Por su parte, Hermitas no ha perdido el conocimiento, pues el disparo solo le roza la mejilla. Demetrio también lo advierte y añade dos puñaladas que le atraviesan el pecho.Como la niña se encontraba pelando patatas para la cena, le mete la cabeza en el caldero donde se juntan agua, patatas y mondas. Ahora ya está seguro de que nadie será testigo de su vesania y se centra de nuevo en la búsqueda del dinero. Nuevamente está en un error. Ni el disparo, ni las puñaladas, ni el ahogamiento en el caldero han acabado con la vida de Hermitas, que sobrevive a las agresiones gracias una fortaleza que en el futuro juicio será calificada de milagrosa.

La Benemérita, a las órdenes de Benigno Araujo, localiza la carta que sirve de engaño a Casanova y limita su búsqueda a Monforte,donde se detiene a tres individuos de pésimos antecedentes, los hermanos Demetrio y Emilio Fernández Franco, y José Lara Fernández, de entre 22 y 24 años. Araujo será recompensado por su trabajo.

Uno de los casos más comentados, aunque no por su trascendencia, fue la operación contra el juego llevada a cabo en Monforte el año 1908, cuando Araujo y sus hombres caen sobre la red de organización del prohibidos —así llamados los juegos de apuestas—, y detienen a 17 participantes. El caso no habría tenido tanta repercusión si no fuese porque la vigilancia y las detenciones se producen a lo largo de la tarde-noche del 24 de diciembre, Nochebuena. Todo un caso para los Intocables.

Sus éxitos le llevan a ocupar comandancias de mayor importancia, como las de Burgos y Zamora, donde no solo mantiene su fama como detective sino que también lleva a cabo destacados operativos de vigilancia, como son viajes de los Reyes y otros.

Tras su retiro del Cuerpo, el alcalde Ángel López Pérez lo nombra en 1917 jefe de la Policía Municipal de Lugo, cargo en el que permanecerá 16 años. Sustituye a Ángel Balboa. Al cumplir la edad reglamentaria de los 70 es cesado, aunque inicia un proceso judicial contra la resolución, por considerarla no ajustada a derecho. Representará a la Administración el conocido abogado Juan Morros Sardá, mientras que los intereses de Benigno están en manos de su amigo y valedor político, Ángel López Pérez.

La Corporación no admite el fallo, aunque es favorable a Benigno y decide nombrarlo inspector de Arbitrios. Este acuerdo se toma en plena guerra, noviembre de 1936, y se establece que entre en vigor el 1 de enero de 1937. Sin embargo Benigno muere el 29 de diciembre de 1936 y es enterrado un día antes de tomar posesión. Quizá nunca acepta el cargo que se le ofrece a cambio y prefiere irse.

Este año se convierte en personaje literario de la novela Te llamaré Muerto, en la que figura como cabo comandante de la Guardia Civil, aunque en un destino que nunca ocupó, la línea de Ponteceso. 

PERIPECIA VITAL
1863 Nace en Lugo. 1899 Cabo-comandante del puesto de la GC de Quiroga.
1901 Cabo-comandante del puesto de Monforte de Lemos.
1904 Ascendido a sargento y trasladado a Zamora.
1911 Segundo teniente de la GC y trasladado a la Comandancia de Burgos.
1912 Dirige el operativo de seguridad del viaje de los Reyes a Ferrol con motivo de la botadura del acorazado España.
1913 Retiro del Cuerpo estando en Ourense.
1917 (15 de enero) Nombrado jefe de la Policía Municipal de Lugo, por Ángel López Pérez.
1929 (23 de julio)
Fallece en su domicilio de Manuel Becerra, 13 (Progreso) de Lugo, su mujer, Isabel Saavedra Arias. Ambos son padres de José, Manuel, Carlos, Teresa, Aurita, Benigno, Germán y Gerardo Araujo Saavedra. 1932
Su hijo Benigno es nombrado apoderado del Banco de La Coruña. Muere en 1938. 1933 (7 de febrero) Cesado como jefe de la Policía M. al cumplir los 70 años. 1936 (29 de diciembre) Muere en Lugo, y es enterrado un día antes de tomar posesión como inspector de Arbitrios.
Puede ver este artículo en la siguitente dirección /articulo/album-de-los-lucenses/benigno-araujo-lopez/201904041912571369091.html


© 2020 El Progreso de Lugo

Rúa Ribadeo 5, Lugo

Tlfno: 982 29 81 00

(Grupo El Progreso)