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¿Otro San Froilán sin salsa?

La comisión de fiestas decidirá la próxima semana si las patronales vuelven a ser limitadas
Un concierto en el San Froilán de 2020. ARCHIVO
Un concierto en el San Froilán de 2020. ARCHIVO

LOS HOSTELEROS que tradicionalmente instalaban las casetas del pulpo ya dejaron claro esta semana que la incertidumbre que generan los cambios en las restricciones sanitarias hacen inasumibles los costes de montar los restaurantes en el Parque. Y aunque en los pliegos de adjudicación de los espacios ya se contemplaban rebajas en el canon en caso de una reducción de los aforos e incluso la posibilidad de renunciar si se limitan a menos del 30%, la inversión que supone poner en marcha un restaurante que en una semana puede tener que cerrar, ha provocado que el San Froilán se quede por segundo año sin la tradición de comer el pulpo en las casetas.

La medida paliativa volverá a ser la autorización para que los locales de hostelería de la ciudad puedan montar calderos de pulpo en el exterior, para que el característico olor a cefalópodo cocido pueda impregnar el ambiente de otro octubre marcado por la pandemia.

Pero si la renuncia a las casetas tiene una justificación económica, ahora queda por dilucidar si se autoriza la instalación de barracas, el otro gran atractivo del San Froilán junto con los conciertos y el pulpo. Varias ciudades como Gijón, Valladolid, Salamanca, San Sebastián de los Reyes o Alcalá de Henares han optado por volver a contar con este tipo de feriales festivos, aunque manteniendo un control de accesos y un protocolo de utilización de las atracciones.

La decisión ha supuesto cierto alivio para un sector que agoniza después de año y medio sin poder trabajar y, por eso, estos empresarios han querido lanzar un S.O.S. al Concello de Lugo para que se les permita acudir al San Froilán y sacar unos euros el próximo otoño, a sabiendas de que las limitaciones también les impedirían hacer cajas como las de las fiestas prepandemia.

Alegan que cuentan con el apoyo de los hosteleros, que son también conscientes de que el pasado año las patronales, pese a los conciertos y espectáculos programados, no tuvieron la misma salsa por la ausencia del recinto ferial y las casetas del pulpo.

La concejalía de cultura, que tradicionalmente lleva cocinado el programa a la comisión de fiestas para que allí se le dé el visto bueno, ha optado este año por la prudencia para que se tome una decisión consensuada sobre qué hacer con el próximo San Froilán. Porque aunque se está viendo que es posible volver a programar grandes conciertos de forma segura, como ya está ocurriendo este fin de semana con el Resurrection Fest y el Fa Ce La o el mes próximo con el Caudal Fest, la autorización para instalar un recinto ferial del que tenemos en la retina imágenes de abarrote es otro cantar y, si hay quedar ese paso, mejor que sea con el apoyo de la oposición.

La resolución al dilema que se le plantea al Concello podría llegar el próximo miércoles en la reunión de la comisión de fiestas, donde además se informará de los avances en la contratación de espectáculos para tratar de que Lugo recupere, aunque sea en parte, el esplendor de sus patronales.

La prueba de verano 

La gran afluencia de turistas que registró la ciudad este verano y, más en concreto, este mes, puso a prueba la capacidad para asumir con seguridad la llegada de visitantes que podría tener Lugo si finalmente hay un recinto ferial en las patronales. Gran parte de la hostelería funcionó durante este mes a un ritmo similar a antes de la pandemia a pesar de la reducción de aforos y el sector quiere tener otro octubre bueno.

El peligro de las 'no fiestas' 

Este verano ha demostrado que son tan peligrosas para la transmisión del covid-19 las fiestas patronales que se celebran como las que se suspenden. En Monforte, Meira o Castro de Ribeiras de Lea los índices de contagios se dispararon coincidiendo con las celebraciones festivas en familia o los botellones, a pesar de que la única programación que recordaba las patronales eran misas y procesiones.

Menos presupuesto lúdico 

La organización del San Froilán tiene un elevado coste —casi un millón de euros en 2019— que en parte se sufragaba con los ingresos por el canon de las casetas y las barracas. Sin esa aportación, el Concello se ve obligado a tirar del presupuesto de cultura para programar conciertos y espectáculos, aunque también es cierto que los artistas han rebajado su caché a raíz de la pandemia como medida de supervivencia.

¿Otro San Froilán sin salsa?
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