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Disculpen las molestias.

¿Machismo o piel muy fina?

Una alusión condescendiente en el pleno vuelve a tensar las relaciones en la corporación
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Pleno del pasado jueves, el primero presencial desde febrero de 2020. SEBAS SENANDE

LA POLÍTICA es una actividad —para algunos una profesión— en la que es necesario tener suficiente cintura para aguantar críticas, reproches y menosprecios sin alterarse. De hecho, la capacidad de sacar de sus casillas al rival que tienen algunos representantes públicos los hace más populares y, desde la llegada de las redes sociales, los convierte en personajes de culto. Por citar unos cuantos: Juan Carlos Monedero, Gabriel Rufián, Javier Ortega Smith, Isabel Díaz Ayuso...
Además, la llegada de los partidos rupturistas a los salones de plenos y, sobre todo, de la ultraderecha, parece haber animado a que se instigue la bronca, siendo el choque más habitual el que se suele dar entre los partidos que abanderan el feminismo y los que lo consideran un extremismo más.

En Lugo, de momento, ese debate está aparcado, sobre todo porque Vox, el partido que más ataca el feminismo, continúa sin representación en las instituciones locales, aunque eso no quita que salten polémicas a raíz de comentarios condescendientes durante el debate político, que provocan airadas protestas por parte de las personas aludidas.

Si hace unos meses era el portavoz municipal del PP, Ramón Carballo, y la concejala de cultura, Maite Ferreiro, quienes protagonizaron una polémica tras un comentario del popular en el que trataba de zanjar una discusión con la edil diciéndole "adiós guapa", esta semana la chispa saltaba en el pleno tras considerar la regidora Lara Méndez como machista un comentario del concejal del PP Óscar Poy en el que se refería a ella como "miña querida alcaldesa".

En ambos casos, los ediles populares pidieron disculpas tras ver que la polémica podía convertirles, por simple silencio administrativo, en machistas. En el caso de Carballo, a pesar de que había voces en el partido que no consideraban la alusión como una ofensa, sobre todo porque había llegado precedida de un insulto de la propia concejala de cultura. En cambio, Poy, a quien no le duele pulsar el click a la hora de enviar mensajes incisivos en las redes sociales, apenas tardó en responder en sus cuentas con una disculpa pública al estilo Borbón: "Non volverá a acontecer", un gesto de sinceridad por parte de quien admite que su comentario sobraba en el debate.

En cambio, Poy nada dijo sobre otro de los reproches que le lanzó la alcaldesa, quien le acusó de homófobo por atacar la gestión del concejal de deportes, Mauricio Reppeto. Y es que los socialistas consideran que las críticas a este departamento por parte de los populares son más reiteradas que cuando ocupaba el cargo Miguel Fernández, como si la condición sexual determinase quién está capacitado o no para dirigir una concejalía.

PIEL FINA. Y es que no todo el mundo considera necesario el propósito de enmienda cuando ve cierta impostura en la indignación, bien porque vea demasiada piel fina en la persona aludida o porque crea que se busca desviar la atención sobre el debate.

Quienes defienden este argumento se basan en que hoy en día las mujeres ocupan ya un espacio tan relevante como el de los hombres en los partidos y en las instituciones, no solo por las cuotas para garantizar listas igualitarias, sino también por su preparación o su demostrada capacidad de gestión, y por ello creen que considerar cualquier crítica a la actuación de un mujer por parte de un hombre como una alusión machista está fuera de lugar.

Por ejemplo, si una ministra dice que el volcán de La Palma es un "espectáculo tan maravilloso" que se debe aprovechar como reclamo para el turismo, pues seguramente esté metiendo la pata igual que el ministro que en su día dijo que el petróleo que salía de los depósitos del hundido Prestige eran solo "unos hilillos de plastilina". Y criticarla por ello no es un acto de machismo.

Otra cosa es que en el trato que los representantes públicos se dan durante el debate político deban de evitar tanto del insulto y la zafiedad como la condescendencia, porque en ese momento no están actuando como meros tuiteros ávidos de ganar seguidores, sino como representantes de sus votantes, ya sean hombres o mujeres, heterosexuales o LGTBI, blancos o negros, nativos o inmigrantes.

¿Machismo o piel muy fina?
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