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Esperas que merecen la pena

La ciudad estrenó esta semana el primer colegio público que se ha levantado en casi tres décadas y vio finalmente iniciado un retrasado desdoblamiento de la Avenida Duquesa de Lugo

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Feijóo observa una bola del mundo en el nuevo colegio del Sagrado Corazón. XESÚS PONTE

Esta semana se inauguró un nuevo colegio en la ciudad, el primero público en casi tres décadas que se construye en la capital y que viene a sustituir al edificio que la caja de ahorros cedió cuando se construyó el barrio del Sagrado Corazón. Las prisas del Gobierno central por deshacerse de la ruina que dejaron esas entidades financieras provocaron que se saldase también su patrimonio, incluidos los edificios de la llamada obra social y que ahora están en manos privadas, ya fueran museos, centros culturales, guarderías o colegios, como era este caso. Aun así, aquel despropósito de los políticos liquidadores le vino bien a barrios como el Sagrado Corazón, que pese a la larga espera por problemas urbanísticos ha visto cumplido en este curso que acaba de empezar el sueño de contar con un centro escolar del siglo XXI, que además es un ejemplo de lo que la Xunta denomina Plan de Nova Arquitectura Pedagóxica para adaptar los centros al escenario de la pospandemia.

La construcción de este edificio público precisó, como recordaba esta semana en sus redes sociales el exalcalde José López Orozco, de un compromiso de los propietarios para ceder los terrenos, dado que está pendiente el desarrollo urbanístico de la zona, un problema que también se encontró el gobierno local cuando se decidió, con el apoyo financiero de la Diputación, a promover el desdoblamiento de los dos tramos pendientes de la Avenida Duquesa de Lugo, que la crisis del ladrillo dejó a medio urbanizar hace una década.

Esta semana también comenzaban las obras de ensanchamiento de uno de esos tramos pendientes tras otro tedioso proceso de cesión y expropiación de terrenos que se inició en el año 2015 y en el que llegaron a intervenir hasta cuatro concejales de urbanismo. El otro trazado, que conecta el centro comercial con el polígono de O Ceao, también está en tramitación por lo que no hay fecha para completar una obra que había sido proyectada a principios de los noventa del siglo pasado por el alcalde Tomás Notario.

Y es que los grandes proyectos en Lugo son como una carta a los Reyes Magos, donde solo lo que se pide con insistencia acaba por tenerse debajo del árbol. Porque incluso cuando una obra parece que está ya acabada después de década de espera, siempre hay un nuevo obstáculo que la para, como ocurre desde hace años con el nuevo auditorio, que aguarda entre la maleza que la cultura comience a brotar en sus dos escenarios.

La recuperación de la actividad y lluvia de millones comprometida por Europa para dejar atrás los efectos económicos de la pandemia auguran la reactivación de proyectos anhelados en Lugo, como la finalización del anillo de circunvalación de la Ronda Este o la construcción de la estación intermodal que liberará nuevos espacios urbanos en el centro. Los retrasos, generalmente derivados de la falta de presupuesto, condicionarán la ejecución de estas obras, aunque habrá que contar también con problemas derivados de la ordenación urbanística, la expropiación de terrenos y la capacidad de acuerdo entre administraciones para que sean realidad en un plazo que los lucenses asumen que no será el previsto inicialmente. Porque hasta los diligentes romanos tardaron décadas en levantar la muralla.

Esperas que merecen la pena
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