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Cambios que delatan errores

La reorganización del Concello o bien revela que antes hubo desidia o que ahora hay purga
Álvaro Santos. VICTORIA RODRÍGUEZ
Álvaro Santos. VICTORIA RODRÍGUEZ

EL NUEVO GOBIERNO local está adoptando decisiones con las que intenta acabar con la imagen de parálisis que presidió los últimos cuatro años de mandato. El reimpulso de obras y proyectos estancados gracias a que ahora es posible dotarlas de presupuesto coincide con una nueva etapa en la Policía Local, en la que la alcaldesa ha limado asperezas con los sindicatos policiales tras colocar al frente a un experimentado jefe que ha imprimido algo que se echaba de menos en un cuerpo de este tipo, la capacidad de mando.

Sin embargo, la reorganización que desde hace meses se ha puesto en marcha en el organigrama de la plantilla puede interpretarse de diferentes modos. Así, por una parte se puede estar certificando una purga de aquellos funcionarios con décadas de experiencia al frente de áreas que resultan incómodos para los nuevos dirigentes políticos del Concello y, por otra, los cambios servirían para certificar la denunciada desidia a la hora de gestionar a los trabajadores municipales por parte de los anteriores gobiernos. Gobiernos que, por cierto, abonaban sin dudarlo complementos de productividad por su buen hacer a jefes de servicio a los que ahora se les culpa de un "funcionamento anómalo".

El cambio más llamativo en una jefatura de servicio se registró esta semana, cuando el concejal de medio ambiente, el socialista Álvaro Santos, decidió destituir a Carmen Flores, una veterana sindicalista de la CIG que ocupaba desde hace 20 años esta plaza de forma provisional. Santos, que no se escondió a la hora de tomar la decisión y compareció ante los periodistas para dar explicaciones, dio a entender que tras 100 días al frente de su área comprobó que aquello no funcionaba, haciendo de esta forma un flaco favor a la gestión de su antecesor en el cargo, el también socialista Daniel Piñeiro.

El desatasco del contrato de la limpieza y la recogida de basura, el más caro de cuantos tiene el Concello y que lleva más de dos años caducado, sería una de las principales razones del relevo de Flores, que parece ser que pasará a integrar la asesoría jurídica municipal, donde hay dos vacantes, una situación que obligó al Concello a tener que externalizar parte de la gestión de este departamento. Y mientras Santos actúa, el BNG y la propia CIG callan.

Otro cambio en el área de personal, donde el bipartito local ha decidido quitar atribuciones a la jefa de servicio para dársela al interventor y la vicesecretaria, también puede dar pie a ser interpretado como una forma de sacarse de encima a una funcionaria que firma informes incómodos para el gobierno, como el de la RPT, o bien como un golpe en la mesa que acaba con la inacción anterior en un área donde se han dado bandazos en los últimos años.

Seguramente, los nuevos concejales seguirán haciendo cambios y formando sus equipos, porque para ello los lucenses los han puesto ahí con su voto, aunque a veces los toques de atención vía depuraciones pueden volverse en contra del político.

Cambios que delatan errores
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