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BNG: el socio incómodo

Arroxo y Ferreiro protestan en un pleno porque se impidió intervenir a una asociación. AEP
Arroxo y Ferreiro protestan en un pleno porque se impidió intervenir a una asociación. AEP

SI HAY UN GRUPO político que ha contribuido a consolidar los gobiernos municipales socialistas en los últimos 20 años ese ha sido el BNG, aunque en los debates plenarios los dos ediles nacionalistas sean tan críticos con la gestión de la alcaldesa como pueden ser los del PP. Porque si en su momento contribuyeron a consolidar a José López Orozco en la alcaldía, llegado el día le enseñaron la puerta a cambio de apoyar a Lara Méndez, aunque ese respaldo a la regidora duró el tiempo que transcurrió hasta que el BNG y, sobre todo su asamblea, concluyeron que ese apoyo les podía acabar pasando factura.

Aun así, los concejales Rubén Arroxo y Maite Ferreiro han visto realizadas algunas de las iniciativas que llegaron a plantear en este mandato, siendo la más llamativa la reducción de la velocidad en la Ronda da Muralla a 30 kilómetros por hora, aunque la idea de los nacionalistas era más ambiciosa y buscaba también peatonalizar el tramo de A Mosqueira.

La movilidad urbana ha sido el caballo de batalla de este grupo municipal, que pasó el mandato mirando de reojo a los antiguos "compañeiros" que, tras su marcha a las mareas, dejaron el Bloque convertido en una balsa de aceite. Los nacionalistas presentaron varias iniciativas para tratar de reducir el tráfico en la ciudad, imitando el modelo seguido por Pontevedra, ciudad a la que se llegaron a desplazar junto con miembros de asociaciones y periodistas para conocer cómo se transformó el centro urbano tras las peatonalizaciones. Un metrominuto para llegar andado a cualquier punto, itinerarios seguros para los escolares, carriles bici o aparcamientos disuasorios en solares municipales fueron algunas de las propuestas nacionalistas, todas ellas bien vistas por el gobierno local, que sin embargo solo llegó a poner en marcha las zonas 30 en diferentes avenidas, mientras los párkings disuasorios están ahora en construcción.

La creación de una playa fluvial, propuesta hace una década por este grupo municipal y que llegó a tener una aportación económica del área de la Diputación que entonces controlaba el BNG, ha sido otra reiterada propuesta de los nacionalistas, que incluso lograron un permiso de la Confederación Hidrográfica para colocar una escalera de acceso al río, con el que trataron de demostrar que no era imposible crear una zona de baño. En paralelo, el BNG se movilizó contra la construcción de un dique en el Miño por parte de la concesionaria de la fábrica de la luz y, junto a un colectivo integrado por el entramado de asociaciones vinculadas al nacionalismo, lograron parar aquel despropósito.

La implicación del BNG con las asociaciones también dejó una inédita intervención plenaria en la que Arroxo emitió durante su turno un mensaje grabado por un colectivo en defensa de la movilidad en bicicleta, mientras él y Ferreiro se tapaban la boca con un esparadrapo para criticar la negativa de otros grupos a autorizar que esa asociación hablarse en la sesión.

'Look borroka' que no gusta

La sudadera, la camiseta y hasta la palestina han sido los atuendos más habituales de Rubén Arroxo durante este mandato, un ‘look borroka’ que puede servir para ganar voto juvenil, pero que, en un partido en el que la media de edad de los votantes es cada vez más elevada, no siempre gusta a todos. Algún veterano militante cree que un candidato a la alcaldía que está en la mitad de la treintena debería de cuidar el atuendo.

Denunciados por FLI

Los nacionalistas no cuentan con muchas simpatías entre algunos rivales políticos como puede ser el partido Foro Lugo Independiente (FLI), que denunció ante la Confederación Hidrográfica la colocación en la orilla del río de un cartel reivindicando una zona de baño en el Miño, lo que le acarreó una multa de 90,40 euros. FLI también suele criticar que los nacionalistas cuelguen banderas independentistas en la muralla.

Feminismo por bandera

Maite Ferreiro le ha servido al BNG para acentuar en el Concello el carácter feminista del único partido gallego con representación parlamentaria que lidera una mujer. La edil, que asumió el difícil reto de encabezar la lista al Congreso, tuvo encendidos debates sobre políticas relacionadas con la mujer con PP y Cs. Además, el BNG hizo suya la reivindicación de un juzgado exclusivo de violencia machista en Lugo.

BNG: el socio incómodo
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