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Lo apostamos todo al tren

EL GOBIERNO CENTRAL acaba de presentar un proyecto de presupuestos que da la impresión de que fue elaborado sin tener en cuenta el principal problema que amenaza la pervivencia de empresas y el futuro de miles de familias. Las cuentas apenas suelen variar en el capítulo de gastos corrientes de un año para otro y son las inversiones el colchón que se utiliza para satisfacer a afines, socios o situaciones imprevistas. Sin embargo, en un año en el que se han perdido unos 700.000 empleos y que va camino de aumentar con la llegada de la segunda oleada de la pandemia, el gasto público puede acabar por dispararse y dejar la inversión en una carta a esos Reyes Magos que este año puede que se queden confinados como convivientes.

Lugo, una provincia acostumbrada a ver las inversiones solo sobre el papel, acaba de recibir la noticia de que se va a concentrar la inversión de esos millones en obras públicas que se anuncian y luego no llegan en la mejora de una red ferroviaria decimonónica para llegar más rápido a un Ave que no pasará de Ourense. Si no fuese porque ya hemos escuchado la copla de la boca de diferentes intérpretes, los lucenses hasta podríamos volver a salir a los balcones a aplaudir a los redactores de esas cuentas, aunque ya sabemos que tiene que ser el BOE el que, a golpe de licitación, nos anuncie de verdad si lo que se nos cuenta tiene visos de ser realidad.

De momento y a la espera de que la pandemia no nos deje un año más sin la inversión estatal en obras, al menos queda el consuelo de que, desde esta semana, Madrid y por ende el resto de capitales del este y sur de España, nos quedan una hora más cerca, aunque en algún caso tengamos que cargar con la maleta para cambiar de tren si lo que queremos es usar diferentes frecuencias.

Ahora que el viaje de larga distancia comienza a ser competitivo con el coche particular, le toca a Renfe y a los gobiernos locales y autonómicos, por la vía de la subvención, la decisión poner más convoyes con horarios adaptados a las necesidades para tratar de recuperar el tren en esta provincia como un medio de comunicación sostenible, moderno, cómodo y barato.

Yo recuerdo que la primera vez que me subí a un tren en Lugo fue con 18 años camino de Bilbao, un viaje directo que hoy en día ni siquiera podría hacer sin bajarme del vagón en alguna estación intermedia, una prueba más del retroceso que este medio ha tenido en tres décadas.

Aunque el momento actual no es el más apropiado para fomentar la movilidad, si se nos presenta la oportunidad de engancharnos al último vagón de la alta velocidad, debemos de pelear por conseguirlo, aunque la incredulidad quiera quitarnos la ilusión.

Autovía a medias
La apertura de un tramo de la autovía A-56 entre Lugo y Ourense que ni siquiera sirve para acercar más ambas ciudades es la prueba de que la planificación de las infraestructuras en territorios no estratégicos como estas dos provincias no atiende a criterios racionales. De hecho, ni siquiera resulta atractivo hoy en día usar el tramo de la autovía de Santiago hasta Guntín si lo que se quiere es viajar a Ourense, porque no hay un intercambiador que facilite el acceso a la N-540, un vial de tres kilómetros que lleva años de retraso.

A-54, la deseada
La autovía a Santiago es ahora mismo la infraestructura que más esperan los lucenses no solo para tener más cerca la capital de Galicia, sino también el aeropuerto de Lavacolla o las ciudades de la costa atlántica. Los dos tramos que restan por concluir, uno de los cuales discurre unos kilómetros por la provincia lucense, aún van a tardar al menos dos años en estar finalizados, siempre y cuando los fondos presupuestados no tengan que ser reasignados para tratar de salvar la economía de un país que se asoma al precipicio por la pandemia.

Intermodal encaminada
Los tres millones de euros presupuestados para iniciar la estación intermodal y las anualidades de hasta 36 millones euros fijadas hasta 2024 son un buen síntoma de que este proyecto paralizado por el Gobierno del PP durante la crisis anterior puede estar encaminado. Ahora será preciso que la Xunta haga también sus cuentas e incluya las partidas necesarias para la estación de autobuses, siendo el único escollo pendiente la financiación del párking, que incluso podría llegar de la mano de la iniciativa privada vía concesión.

Lo apostamos todo al tren
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