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La alcaldesa agarra el bastón

Méndez toma el mando ante el titubeo del BNG y marca el paso para el resto de mandato
Méndez, con el bastón de mando. XESÚS PONTE
Méndez, con el bastón de mando. XESÚS PONTE

HAN PASADO YA dos años desde que la alcaldesa Lara Méndez revalidara un mandato con un nuevo escenario distinto al de los cuatro anteriores, sembrados de tropiezos por la falta de mayoría en el pleno. El rápido acuerdo con los nacionalistas para formar gobierno y el claro reparto de competencias y presupuestos presumía un mandato sin sobresaltos. De hecho, las hostilidades que siempre se auguran en este tipo de pactos se preveía que comenzarían en el último año de mandato, donde se hace necesario comenzar a vender los logros al electorado, y quizá por ello hasta ahora ninguno de los socios trató de restar protagonismo al otro, incidiendo cada uno en los proyectos que el acuerdo de gobierno les parcelaba.

Sin embargo, este mandato municipal nada tiene que ver con cualquier otro y la pandemia obligó a los políticos a tomar decisiones, algunas arriesgadas, pero que son las que justifican su sueldo. Lara Méndez y su equipo fueron conscientes del problema que el confinamiento provocaba en una economía frágil como la lucense, con muchas pymes y demasiado dependiente del sector servicios. La ventaja de contar con fondos en las cuentas municipales facilitó la puesta en marcha de dos planes de ayuda a empresas y familias, que pese a los iniciales problemas de tramitación, con el funcionariado teletrabajando, supuso una pequeña inyección de liquidez a muchos lucenses.

En paralelo, los socios nacionalistas fueron avanzando en un programa de gestión pensado en sacar adelante todas las obras que se estancaron durante el mandato anterior, como el repitando de las calles, la peatonalización de Quiroga Ballesteros o la reparación de calles en barrios, una labor de abeja obrera cuyo objetivo es presentar al final de los cuatro años una producción suficiente para lograr el aval de las urnas.

Mediado el mandato y con la pandemia en vías de controlarse gracias a la vacunación masiva, la alcaldesa parecía centrada en vender su modelo de ciudad sostenible por el que apuesta Europa, pero que a los lucenses con aldea o finca les suena lejano, o en reimpulsar la economía con un plan a largo plazo que juega en contra de los intereses de unos políticos que deben rendir cuentas cada cuatro años.

Pero ese perfil institucional que para algunos parecía alejado del pálpito de la ciudad, cambió en las últimas semanas cuando Lara Méndez se vio en la tesitura de actuar ante cuestiones que el socio nacionalista no abordaba o bien mantenerse al margen respetando las parcelas de gobierno. Tras fracasar el concurso de las casetas del pulpo, el inmovilismo de la concejala de cultura, Maite Ferreiro –consentido por su jefe de filas, Rubén Arroxo–, ante la petición de que se permitiese instalar un recinto ferial con barracas llevó a la alcaldesa a arriesgar y adoptar la decisión de dejar que se instalaran las atracciones pese a que el inicio de las fiestas era inminente. Se trataba de una medida de urgencia que la regidora justificó por la necesidad de reactivar la economía usando uno de los pilares en los que se apoyan muchos empresarios de la ciudad, las fiestas de San Froilán.

Desde las filas del BNG no hubo réplica, conscientes de que la gestión del ferial es la parte más compleja de la organización de las patronales, aunque la táctica conservadora adoptada por los nacionalistas puede volverse en su contra si la alcaldesa acaba el 12 de octubre como la gran protagonista de un supuesto éxito de las fiestas.

La semana dejó además otro golpe en el suelo con el bastón de mando de la alcaldesa, tras darse a conocer el proyecto que Lugo presentará a los fondos Next Generation. La regidora anunció que los más de 7 millones de euros que podría captar la ciudad se dedicarían en exclusiva a finalizar la peatonalización del casco histórico, dejando sin efecto la propuesta lanzada por Rubén Arroxo de invertir el dinero de Europa en proyectos impulsados por su área. Tampoco hubo reacción en este caso ante la decisión de la socialista, quizá para no dar argumentos al PSOE para una ruptura del acuerdo de gobierno que la oposición ve cada vez más cerca.

La alcaldesa agarra el bastón
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