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El partido infinito de Setién

Nada más clasificar al Betis para la Liga Europa, le preguntaron a Quique Setién por su mejor momento como entrenador. El técnico cántabro se acordó de un partido cuando dirigía al Lugo. ¿El del ascenso en Cádiz? Pues no, uno que acabó entre lágrimas

Quique Setién, tras la derrota ante el Alcoyano en el Ángel Carro. AEP
Quique Setién, tras la derrota ante el Alcoyano en el Ángel Carro. AEP

LAS REDES sociales tienen la capacidad de atribuirnos superpoderes, o al menos eso nos creemos. Con un simple tuit podemos parar el tiempo. Estamos viendo un partido, el resultado no nos  gusta, el árbitro pita el final, ponemos un tuit desbordante de indignación y nos creemos que el encuentro aún no ha terminado. Pero no, ha finalizado y de nada sirven nuestros lamentos por muchos favs o retuits que consigamos.

Los partidos que no acaban nunca son otros. Los inmortales son esos que se guardan en el cajón de los recuerdos. Duermen, pero de vez en cuando algún gallo canta y entonces despiertan para que no olvidemos nunca lo que vivimos aquel día. Para que no olvidemos lo que somos. El gallo no canta siempre para recordarnos alegrías, muchas veces lo hace para recordarnos que también  estamos hechos de derrotas, de puñetazos, de lágrimas... De un dolor que, con el tiempo, ya masticado, nos recuerda que estamos vivos. Casi nada. 

A Quique Setién le cantó el gallo el otro día en una de las ruedas de prensa más felices para el Betis  de los últimos años. Venía el cuadro andaluz de meterse en competición europea y al técnico  cántabro le preguntaron si estaba ante el momento más feliz de su carrera como entrenador. La pregunta era lógica. Como técnico, nunca había llegado tan alto, pero las alegrías a veces están en los pisos de abajo.

El técnico cántabro se acordó de una derrota, de un puñetazo, de un mar de lágrimas

La memoria llevó a Setién a su etapa en el Lugo para recordar su mejor momento como  entrenador. Pero no a Cádiz, donde el equipo rojiblanco se hizo mayor de edad, sino a lo sucedido un año antes. El técnico cántabro se acordó de una derrota, de un puñetazo, de un mar de  lágrimas... De aquella calurosa tarde en la que el Alcoyano congeló el Ángel Carro y dejó al Lugo en Segunda B.

La memoria trasladó a Setién al tramo final de aquel partido, a los últimos minutos de un duelo en el que ya no cabía la esperanza de que la caballería llegase a tiempo. Con el Lugo tumbado en el desierto y el Alcoyano levantando polvo en el horizonte en plena cabalgada hacia la Segunda  División, el Ángel Carro empezó a corear el nombre de Setién, el mítico ‘Quique  Setién, lo lo lo lo lo lo lo looooo’.

Fue la manera de agradecer a un equipo una temporada maravillosa y de sellar un pacto con  vistas a un futuro inmediato. La afición habló alto y dejó claro que aquello no era un punto final, sino un punto y seguido de una historia que tendría final feliz un año después con un pase a la red de Manu en el Ramón de Carranza.

Al día siguiente de ver al actual técnico del Betis acordarse de su etapa en Lugo, vi en internet el avance de un trabajo que los chavales de la web Lugoslavia están preparando sobre el ascenso conseguido por el equipo rojiblanco en 2012. El trailer del documental, titulado ‘Heroes’, comienza precisamente con el Ángel Carro coreando el nombre de Quique Setién después de perder ante el Alcoyano. No había visto nunca esas imágenes —prefiero repasar la tanda de penaltis de Cádiz narrada por Alfonso Pardo— y me sorprendió ver a Quique Setién en las gradas del Ángel Carro, con los ojos llenos de lágrimas, saludando a una multitud que lo aclamaba y dando a entender con las manos que en el futuro, al año siguiente, lo iban a intentar. Y a conseguir.

El partido de Cádiz terminó cuando Manu metió el gol que veinte años antes había metido Alvite

Pero esa es otra historia. El partido de Cádiz terminó cuando Manu metió el gol que veinte años antes había marcado Alvite. Los capítulos que vinieron después forman parte de la historia más brillante del CD Lugo, pero un año antes, en el Ángel Carro, se disputó un encuentro de esos  eternos. De esos que de vez en cuando resucitan cuando canta el gallo para que los aficionados recuerden que el fútbol, como la vida, está hecho a base de decepciones. 

Han pasado varios años desde aquella calurosa tarde, los mejores en la historia del CD Lugo y los mejores en la carrera como entrenador de un Quique Setién que seguro que tiene más  partidos  infinitos guardados en su cajón, pero que el otro día, cuando cantó el gallo, se acordó de uno que terminó entre lágrimas cerca del Miño. Y eso está bien, cuando se anda por tan arriba conviene recordar los días en que no todo era de color de rosa por los pisos de abajo.

El partido infinito de Setién
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