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El jardín de la ética

Los valores pesaron más que el fútbol a la hora de decidir qué hacer con Lopetegui tras su patoso fichaje por el Real Madrid. Su decapitación parecía sellar el futuro de la selección en Rusia y la confirmación llegó en octavos de final. Solo quedan cuatro años para otro Mundial

Al día siguiente de meterse en octavos de final tras un agónico triunfo ante Nigeria, el diario Olé, el más importante de la prensa deportiva argentina, regaló el póster de la celebración del gol de Rojo. Fue un mensaje cifrado al pueblo. Celebremos esta paupérrima clasificación porque a la vuelta de la esquina no habrá nada que celebrar. En España no se regaló ningún póster al término de la primera fase, y eso que el papel de la selección estuvo a la altura del mostrado por el equipo de Sampaoli. Y es que pese a que cada pase que daba, cada control que hacía, cada remate que realizaba, España jugaba peor, el país albergaba la esperanza de que a la vuelta de la esquina estuviese el Mundial 2010 o la Eurocopa 2012. Pero no.

Lo que se encontró España en su camino fue un duelo de octavos de final ante la selección rusa, posiblemente la más floja de las que quedaban con vida. Un equipo limitado y consciente de ello que interpretó a la perfección un papel tan viejo como el fútbol, el del boxeador que se esconde entre las cuerdas con la intención de esquivar todos los golpes y con el sueño de encontrar una mano que conecte con la mandíbula de cristal de su rival. Y así fue. La mano que buscaba Rusia se le escapó a Piqué en un córner, y en los penaltis, con los dos luchadores agotados, la portería se encogió para los de rojo.

Ganar un Mundial en esas condiciones sería un milagro sin cabida en el fútbol, que es el paraíso de los milagros

La derrota fue tan dolorosa, la imagen tan pobre, que en esta historia no cabe el tópico de que los penaltis son una lotería. Fue el epílogo de un viaje que parecía de placer y se transformó en otro de trabajo cuando, a dos días de empezar el Mundial, el Real Madrid anunció el fichaje de Julen Lopetegui. La onda expansiva del terremoto se extendió hasta que Luis Rubiales, con la etiqueta aún colgando de su traje de presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), decidió que aquello era una traición inaceptable y que la trayectoria de Lopetegui en la selección había terminado. Ahora sabemos que eran las huellas de los primeros pasos hacia el abismo. Cualquiera que se parase a pensar un minuto, con la bufanda en el cajón, sabía que ganar un Mundial en esas condiciones sería un milagro sin cabida en el fútbol, que es el paraíso de los milagros.

Nada más acabar el partido ante Rusia, Luis Rubiales dijo que no se arrepentía de su decisión de prescindir de Lopetegui, que lo volvería a hacer. Está bien ser coherente, aunque ello te convierta en  responsable del papel de la selección en Rusia. No el único, pero sí culpable, porque él sabía desde el primer momento que sin el entrenador que había llevado a la selección al Mundial y que había recuperado el ánimo de los jugadores, levantar la Copa el 15 de julio en Moscú era una quimera. Rubiales jugó muchos años al fútbol y sabe cómo funciona esto. Su decisión fue, es y será respetable, pero para los intereses deportivos de la selección fue, es y será negativa.

Rubiales jugó muchos años al fútbol y sabe cómo funciona esto. Su decisión fue, es y será respetable, pero para los intereses deportivos de la selección fue, es y será negativa

Si a usted lo trata un médico durante dos años y le programa una operación para un 15 de junio en un hospital de Moscú, seguro que prefiere que el bisturí esté en manos de ese doctor a la hora de pasar por el quirófano, aunque dos días antes le anuncie que su futuro está en un centro médico de Madrid y que no va a poder llevarle el tratamiento post operatorio. Vale, el ejemplo es exagerado, esto es fútbol, no una cuestión de vida o muerte y al final todo está en manos de los jugadores, por eso mismo es muy difícil aceptar el principal argumento que se utilizó para justificar el despido de Lopetegui; esto es, que no podía dirigir a la selección en condiciones porque iba a estar pensando en la pretemporada del Real Madrid. De las 24 horas que tiene el día, y durmiendo 12, podría dedicarle cuatro al equipo blanco, y que fuesen televisadas, y no interferiría en su papel con la selección. ¿Sería ético? No, pero recuerden, esto es fútbol, no una cuestión de vida o muerte.

Buena parte de la prensa apoyó la decapitación de Lopetegui porque, como sostenía Rubiales, había pisoteado el jardín de la ética; curiosamente algunos de ellos con un programa de TV por la tarde y otro de radio por la noche, pero eso es otra historia. El Mundial de Rusia pasará a la historia en España por una decisión en la que el fútbol quedó en segundo plano. Que la rectitud, la decencia y la moralidad ondeen ahora en la sede de la federación es una noticia excelente después de tantos años de sombras, pero de todos modos que en Las Rozas no se olviden de que la última F de RFEF es de fútbol.

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