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El ansia que todo lo invade

A Magnus Carlsen le aburre el ajedrez tradicional, a Kilian Jornet solo le hace gracia subir el Everest corriendo y Álex Txikón quiere derrotar el K2 en invierno, cuando hacerlo en verano ya es una heroicidad. ¿Hacia dónde va esto del deporte?

Una partida de Carlsen. EP
Una partida de Carlsen. EP

EN UN MUNDIAL de ajedrez para la historia, Magnus Carlsen dio la razón a aquellos que sostienen que vivimos en la era del ansia. El noruego llegó empatado a la última partida con Fabiano Caruana y, cuando tenía todo a favor para hacerse con el triunfo -y con el título-, dejó con la boca abierta a quienes seguían el duelo. En el movimiento número 40, el primero en que se puede pedir tablas y, con el rival acorralado, ofreció el empate a su rival, que aceptó con la sorpresa dibujada en su rostro. Algo así como si un equipo de fútbol llega a la prórroga con tres jugadores más que su rival y le ofrece ir directamente a los penaltis. El título se decidiría en un desempate de partidas rápidas, con límite de tiempo por jugada, con prisa, con ansia, como la era en que vivimos.

La única explicación que se encontró a la actitud de Carlsen es que cada vez le interesa menos el ajedrez tradicional, que le aburre, vamos, y fue él mismo quien lo confirmó al día siguiente.

"Debe ponerse mayor énfasis en las modalidades rápidas, que ofrecen un margen más amplio para saber quién es el mejor", señaló el noruego después de dejar claro que los duelos jugados con Caruana bajo el estilo clásico le habían "aburrido".

Carlsen es joven, cumplió 28 años el pasado viernes y forma parte de una hornada de deportistas, de elegidos, a los que les gusta ir un poco más allá de la línea de meta. No les llega con atravesarla en primera posición. Aquí entra bien el ejemplo del alpinista Kilian Jornet, al que no le llega con subir el Everest, sino que lo hace corriendo. Otra vez el ansia.

Las ideas de Carlsen, Jornet y muchos otros chocan directamente con las de quienes se agarran al presente (piensan ellos) o pasado (piensan Carlsen, Jornet y muchos otros). El deporte, como todo, evoluciona, y cada vez más rápido, así que ponerle diques al mar es una pérdida de tiempo.

El COI es el principal interesado en que las nuevas generaciones no se descuelguen del negocio y por eso en los programas de los Juegos Olímpicos se incluyen disciplinas como el snowboard, el esquí freestyle o la escalada. El problema es dónde marcar el límite, pues ya hay quien ve inevitable incluir en el futuro a los deportes electrónicos, a los videojuegos, vamos. Pero no nos asustemos. Eso será cuando Carlsen y Jornet sean mayores. Será interesante conocer su opinión cuando llegue ese momento.

Lo que es imparable es el hambre del ser humano por derribar paredes, o por subirlas. Recuerdo que cuando era niño me preocupaba que cada poco se batiera el récord del mundo de los 100 metros lisos, 9.93... 9.90... 9.86... como sigan así le van a dar la vuelta al cronómetro, pensaba. Por suerte estaba equivocado y hay barreras que nunca caerán. A otras siempre se les puede dar una vuelta de tuerca. El ejemplo más claro es el del alpinismo. Lejos quedan los días en que se luchaba por ser el primero en clavar la bandera en las cimas del mundo. Hoy en día ya no hay sitio para tantos colores y lo que se hace es doblar la apuesta. El reto pasa por alcanzar el lugar más inhóspito del mundo en las peores condiciones posibles. En esas anda el vasco Álex Txikón, quien tras dos tentativas fallidas con el Everest se ha marcado el que tal vez sea el mayor reto que queda en pie en el mundo del montañismo: alcanzar la cima del K2 en temporada invernal, algo que nadie ha logrado pese a que lo han intentado los mejores.

Txikón busca cerrar una página que muchos creen que estará siempre abierta. El K2 en invierno, aseguran los que saben de esto, es inexpugnable. Pero con esta gente, tan llena de ansia, nunca se sabe.

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