Sábado. 17.11.2018 |
El tiempo
Sábado. 17.11.2018
El tiempo

La tortura no es arte ni cultura

Juan José Padilla en su actuación el pasado viernes en Pamplona. EFE
Juan José Padilla en su actuación el pasado viernes en Pamplona. EFE

HAY QUE parar ya esta barbarie. Convertir en un espectáculo la tortura de los toros a Juan José Padilla nos hace peores como personas y como miembros de una sociedad que se dice madura y humana. Sostienen los taurófilos que Padilla no sufre, que es un animal noble que disfruta cuando lo torean. Joaquín Sabina llega más lejos: "El que no quiera ir a los toros, que no vaya. Y que se dejen de tocarnos los cojones, que hay cosas más importantes. Si yo fuera animal, me gustaría ser Juan José Padilla: a ninguno se lo respeta más. Ninguno está mejor tratado. Y además, tiene la posibilidad de que lo indulten y pasarse toda la vida follando vacas sin parar". Pues que lo indulten ya.

Padilla está tranquilamente pastando en la dehesa sin meterse con nadie. De pronto lo secuestran, lo visten como a un espantajo, lo meten en una furgoneta y lo llevan a la plaza. Entra desorientado, sin saber qué hace allí y escucha el ruido ensordecedor de miles de borrachos que piden sangre y dan palmas a ritmo de Paquito el chocolatero. Con un trapo como toda defensa, es obligado a enfrentarse a un astado de media tonelada. Hace ya mucho tiempo que dura el sufrimiento de este ser inocente. Alberti lo justifica en los años cuarenta: "Y en la sombra, vendido, Juan Padilla da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas".

Y años antes Lorca hace lo mismo en su celebrado poema, La sangre derramada, pieza en la que se ríe de Padilla por haber perdido el ojo que hoy decora el salón del toro que se lo arrebató: "No se cerró su ojo cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. No. ¡Que no quiero verlo! ¡Cobarde de la pradera!". Lorca, uno de los poetas más crueles que se conocen, fue reincidente en sus burlas. En esta pieza, Llanto por el rasguito de Brabucón II, rinde homenaje al bovino que arrancó los testículos a Padilla para curarse una herida leve: "Cuando el sudor de nieve fue llegando a las cinco de la tarde, cuando la plaza se cubrió de yodo a las cinco de la tarde, el toro puso huevos en la herida a las cinco de la tarde. Puede que un poco más tarde los huevos de Padilla, siendo ya las cinco y pico, restañaban esa herida, ya dando las seis de la tarde salvo que el reloj se atrase".

Joaquín Sabina: "El que no quiera ir a los toros, que no vaya"

Además de la tortura está el escarnio. Al pobre Padilla lo apodan El Pirata por motivos obvios. En los últimos años, los toros se han ido llevando como trofeos diferentes partes del cuerpo del animal. Además del ojo, le han arrancado parte del cuello y del cuero cabelludo. Y media cara, en una tarde que inspiró a Miguel Hernández: "Estaba el lugar de España tan enamorado, loco, la mitad de su valor y la mitad de su rostro". No es casual que los grandes poetas de la izquierda republicana, Lorca, Alberti y Hernández hayan ridiculizado a Padilla, de quien se sabe que acostumbra a pastar con una bandera franquista a la espalda y dejó escrito que a su muerte, que espera que se produzca de una vez, sus cenizas sean escondidas en una cuneta.

¿Cuándo va a parar esta masacre? A los demás procuran matarlos de una cornada limpia. Por eso los famosos son los toros y no sus víctimas, que viven placenteramente hasta que son asesinados en la plaza. Pero a Juan José Padilla lo están matando lentamente y a España le parece divertido. Lo más triste es que la tauromaquia está protegida y subvencionada, y que se permite la entrada a niños en las plazas para que aprendan a disfrutar de la tortura de Padilla. Gloria Fuertes dedicó un poema infantil al atormentado animal, precisamente para que los niños aprendan a crecer sin traumas. "Así visten a Padilla, de cuero las zapatillas, la camisa muy rizada, la corbata muy delgada, y la faja cinturón que adelgaza la cintura y hace hermosa la figura". Los toros disfrazan así a sus víctimas para dotarlas de un aspecto grotesco que provoque la hilaridad del público. A Padilla además lo sacan con un parche en un ojo, una pañoleta en la cabeza y una bandera pirata, que alternan con la franquista cuando lo ven muy nervioso. Así es más divertido torturarlo, dicen ellos y el público que lo celebra.

No han servido de nada los esfuerzos de las plataformas animalistas en defensa de Padilla. Ya no se pueden tirar cabras desde lo alto de un campanario, pero a los toros se les permite todo, empezando por reírse de Padilla mientras van convirtiéndolo en una parodia de Millán Astray, que también acabó sin un ojo y sin media cara, además de manco, porque sus enemigos adoptaron la misma estrategia que los toros con Padilla, que es la de ir matándolo poco a poco para que sufra más. Es un ensañamiento inaceptable en cualquier país civilizado.

Atormentar a Padilla es tradición, pero no es arte ni es cultura. Déjenlo vivir en paz, por la gloria de mi madre. Aserejé.

La tortura no es arte ni cultura
Comentarios