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Mujeres peligrosas

HAY COSAS que sucederán o están sucediendo sin que ello dependa de lo que cada uno opine, le parezca bien o mal. De entre todas ellas, una de la que más me llama la atención, por sus previsibles consecuencias, es la deriva que ha tomado el feminismo. No soy experto en el asunto, ni en éste ni en ningún otro, pero creo que hasta hace un par de años existía un feminismo defensivo, llamémosle así, que reclamaba sus derechos, el primero de ellos la igualdad: igualdad de salarios, igualdad al acceso a cargos directivos, igualdad de oportunidades. Ese feminismo defensivo consiguió algunos logros destacables, el primero de ellos el de que su lucha entrase en los hogares. Millones de mujeres consiguieron, en mayor o menor medida, que los hombres compartiesen labores de hogar y crianza de niños. Consiguieron, en parte, que la publicidad rebajase su alto grado de sexismo y que la mujer sea cada vez menos vista como un objeto. Van logrando que la prensa trate los casos de violencia machista como lo que son en lugar de referirse a ellos con titulares como, "Muere una mujer al caer desde un cuarto piso durante una discusión con su pareja".

Puede que el feminismo defensivo haya agotado su ciclo, o puede que los movimientos feministas consideren que aquello era lento o insuficiente. El caso es que se advierte un cambio de estrategia que abarca todos los frentes. El feminismo ha salido de su letargo y ha iniciado una ofensiva que, de perseverar, en poco tiempo puede lograr sus objetivos y sobrepasarlos. Ya no se trata de exigir derechos ni de conquistarlos: se trata de tomarlos porque son suyos. Para ello sólo tienen que unirse y avisar, que es lo que están haciendo: "Estamos aquí y no nos vamos sin lo nuestro".

En Pontevedra se celebró este fin de semana un encuentro de mujeres columnistas organizado por Susana Pedreira y Diana López Varela. El nombre del evento es explícito: As mulleres que opinan son perigosas. Esta semana que entra, el jueves 8, está convocada una huelga de mujeres bajo el lema: "Si nosotras paramos, se para el mundo". Verídico y amenazante. Si paran las mujeres se para el mundo. Eso lo sabemos todos desde siempre, aunque los hombres no pensemos demasiado en ello, quizá porque las mujeres jamás han parado. También nos dicen que si las abejas mueren nos morimos todos y tampoco es algo que nos quite el sueño hasta que ocurra. La diferencia estriba en que las mujeres tienen realmente el poder si lo quieren y hoy son conscientes de ello. Pueden parar el mundo mañana mismo, y lo pueden hacer durante el tiempo que quieran. Y yo creo que lo harán, no mañana, pero sí algún día no muy lejano.

Si es usted un hombre, imagínese como mujer. Puede que sea uno de esos hombres que imagina a menudo ser mujer, pero en este caso la finalidad es otra. Deje de tocarse. Bien, es usted mujer. Cobra menos que sus compañeros hombres por hacer el mismo trabajo. Nadie la quiere contratar si está en edad de quedar embarazada o tiene niños pequeños, se mete en un metro o en una discoteca y cada cinco minutos viene un cerdo a tocarle el culo; en su puesto de trabajo ve a sus compañeros ascendiendo mientras usted y el resto de las mujeres siguen ocupando cargos de poca responsabilidad aunque ustedes vayan sobradas de méritos. Es verdad que aunque no le parezca justo, procede usted de una cultura en la que durante miles de años se ha enseñado que las mujeres son inferiores y aunque usted sepa que no es así, tampoco pueda hacer gran cosa al respecto. Integrarse en una plataforma feminista, por ejemplo.

Ahora imagínese que de pronto la lucha feminista empieza a cobrar protagonismo. Mujeres en Hollywood denunciando el acoso machista, huelgas feministas. ¿Qué haría usted, querido amigo, que todavía está imaginando que es una mujer? ¿Quedarse como un pasmarote o aprovechar la oportunidad para unirse a las suyas, meterse de lleno y ayudar a convertir su lucha en una batalla de verdad? A fin de cuentas, usted pertenece a la mitad de la población mundial. La mitad que lleva años perdiendo pero que tiene las armas para nivelar la situación. Ya está. Ya puede usted volver a ser un hombre. La pesadilla se ha terminado.

​Hay más. Hace cosa de un año acudí a la presentación de un libro de una acreditada escritora feminista. En la mesa, con ella, se encontraba una periodista igualmente reconocida. Al acabar el acto, tomando una caña les dije que me había gustado el evento y que tanto la escritora como la periodista habían estado muy bien. La feminista me contestó en plan irónico: "Gracias por tu bendición". Supongo que mi comentario le pareció paternalista o condescendiente, aunque no era ni una cosa ni la otra. A mí su respuesta me pareció una falta de educación, pero me hizo comprender algo. Las mujeres no necesitan a los hombres para ganar esta batalla. Puede que sea la última gran revolución pendiente y puede que de todas, la única que puede llevarse a término sin armas ni algaradas. El día que lo hagan, el feminismo habrá vencido. Basta con parar el mundo.

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