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Me duele todo

APARENTEMENTE, nada tienen que ver asuntos tan dispares como la retirada de camisetas y bufandas amarillas en la final de la Copa del Rey, la filtración del vídeo de Cifuentes o el bloqueo de la reforma de RTVE acordada por absolutamente todos los grupos salvo el PP. Pero si ponemos estas tres noticias recientes en el contexto en que se producen, comprobaremos que sí, que vienen siendo la misma cosa, síntomas de que el PP y el Gobierno funcionan como un mechero agonizante que se está quedando sin gas. Cuando usted compra un mechero parece que su llama será eterna. Al principio surge esplendorosa, con brío, y usted tiene que mover la palanquita que controla la salida del gas para no quemarse las pestañas. Pero un buen día la llama empieza a languidecer y no hay nada que se pueda hacer para evitar el fin. El mechero se resiste a morir y cree que todavía puede gobernar el fuego una temporada más. Acabar la legislatura y aguantar al menos otra en espera de mejores tiempos. Usted pone a tope la palanquita, pero la llama sale cada vez más fatigada; luego lo agita, lo mueve, lo amenaza, le reza y le canta lo de los novios de la muerte. Cuando lo tira a la basura y compra otro, inmediatamente olvida usted al mechero inservible, su forma, su tamaño y su color. nadie habla de los mecheros cuando están muertos.

La única diferencia es que el mechero acaba sus días con dignidad, tratando de servir a quien lo ha elegido hasta agotar el último aliento. Y eso no sucede con el PP, un partido arrinconado, temeroso, acobardado. Se le acaba el gas y reacciona organizando una resistencia contra el pueblo y contra sí mismo. Lo de las camisetas amarillas demostró hasta qué punto el miedo ha llevado al Gobierno al ejercicio de la venganza y a hacer el ridículo ante el mundo entero; lo de Cifuentes nos hizo ver cómo funcionan los sótanos del partido: cuando saltó el escándalo de su máster falso, recibió en principio todo el apoyo. Hernando pedía a gritos, que es como habla él, la dimisión de Toni Cantó, Cospedal publicaba un tuit en el que hablaba de cacería y en el Congreso de Sevilla, en el que la propia Cospedal dijo en plan Corleone aquello de que "hay que apoyar lo nuestro y a los nuestros", los militantes puestos en pie regalaron a Cifuentes uno de los aplausos más largos que se han escuchado en los últimos siglos. Apenas unos días después, ante el temor a perder la Comunidad de Madrid, se desprendieron de Cifuentes filtrando el vídeo que guardaban desde hacía siete años. Buscaban la destrucción personal, la humillación de la presidenta, una forma de acabar con cualquier intento de resistencia. Cuando le preguntaron a Feijóo si el vídeo lo había filtrado el propio PP, dijo: "No lo sé, no tengo información para opinar sobre eso", que es como decir: "Sí, pero no se lo voy a confirmar a la prensa". El daño que esa filtración ha hecho a la imagen del PPen toda españa puede tener consecuencias catastróficas. Hubiera bastado con que Rajoy pidiera públicamente su dimisión o un cese de militancia para precipitar su caída, pero prefirieron filtrar un vídeo adquirido sabe Dios cómo. Eso dice mucho de la catadura moral de quienes nos gobiernan.

El bloqueo de la reforma de la televisión pública española es otra forma de prolongar la agonía y tratar de mantener viva una llama que ya no da ni para encender un pitillo. Un ejercicio antidemocrático, una forma de demostrar al pueblo que no quieren una televisión plural que ofrezca información veraz y objetiva, sino un vehículo propagandístico que van a utilizar hasta el momento de irse a la basura.

Imagen para el Blog de Rodrigo Cota (29/04/18)Así resiste el PP el acoso. Acoso de los independentistas, acoso de Ciudadanos, que lo adelanta por la derecha; acoso de PSOE y Podemos, acoso de los pensionistas y de las mujeres que salieron a la calle a protestar por la indignidad de tres jueces y de un sistema judicial caótico que favorece a los violadores; acoso de los manifestantes que se quejan de la aberración de tratar como un atentado terrorista lo que no es otra cosa que una bronca de borrachos, otros síntomas de la agonía de un Gobierno dispuesto a aplicar una política de tierra quemada.

El PP ha perdido la oportunidad de morir con la dignidad de un mechero, que sirve hasta el final dando lo poco que le queda y cuando ya no sirve se va a un contenedor sin emitir queja alguna, comprendiendo que ya no puede prestar más servicios. Las divisiones entre miembros del Gobierno son un secreto a voces y la inactividad de Rajoy ha dejado de ser su mejor arma para convertirse en un lastre insoportable. Así vive el PP su suicidio, gastando sus últimas fuerzas en lanzar zarpazos que hieren a los demás, pero sobre todo al propio PP. El PP acabará como Carlos II el Hechizado, que un día dijo: "me duele todo", y murió al instante.

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