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Los Stonehenge gallegos

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POR FIN, TRAS siglos de desinterés absoluto, hay investigadores en Galiza que se han tomado en serio un tipo de estructura megalítica muy abundante en nuestro país, ahora sabemos que unas 40 reconocidas de momento, lo que supondría una cifra igual o superior a los llamados henge de las islas británicas, donde siempre han merecido el mayor de los respetos.

Para describirlo de una manera simple, como todo lo que describo, se trata de círculos concéntricos tumulares, por lo general de tierra y en ocasiones, el círculo más interior de piedra o un par de ellos, sean construidas como muros o conjuntos de menhires. Se supone, aunque por supuesto no se sabe, que servían como centros religiosos y puntos de encuentro. Como las iglesias de ahora, que lo mismo sirven para celebrar rituales religiosos que para montar un concierto. Se les llama indistintamente henges o crómlech, según se prefiera la acepción inglesa o la gaélica.

Leo en un artículo de 2015 en el que el arqueólogo Andrés Bonilla se quejaba del estado de abandono del yacimiento de A Roda, con una datación de 4.000 años de antigüedad. Seguro que sigue igial o peor, comido por la maleza, si es que no se lo llevó por delante una excavadora. Hace unos días, otros dos arqueólogos, Pilar Prieto y Luis Cordeiro Maañón, presentaron en una conferencia los primeros resultados de una investigación referida a estos yacimientos en concreto, y fueron los que aportaron la cifra, que irá en aumento, de 40 estructuras que responden a esta tipología.

Somos más de admirar los henges o crómlech ingleses, escoceses, galeses, irlandeses o bretones que de conocer los nuestros

Es de celebrar que al fin haya quien muestre interés por este asunto, como hay que lamentar que no se haya hecho antes. Hay que reconocer que ya se encuentran ensayos recientes, aunque desgraciadamente poca divulgación al respecto. Si no se divulga y los académicos sólo pueden escribir para leerse entre ellos, malo para todos y todas.

Este tipo de estructuras concéntricas está reiteradamente citada en numerosa literatura de la historiografía gallega desde hace siglos, de ahí que lamentemos la poca atención que le hemos prestado. Como suele suceder en el mundo celta y protocelta o precelta, somos más de admirar los henges o crómlech ingleses, escoceses, galeses, irlandeses o bretones que de conocer los nuestros; y como también es habitual, eso se debe en buena medida a la diferencia entre el respeto que muestran otros pueblos por su pasado y el desdén con el que los gallegos abordamos el nuestro, aunque sea el mismo pasado que otros veneran y cuidan.

Un tal Ramón Barros Sivelo, político, historiador y arqueólogo, autor de Antigüedades de Galicia, ya denunciaba en 1875 que "son monumentos que demandan un examen muy minucioso y detenido, para no darles una interpretación que los lleve más allá de la que por su época les corresponde". Se refería a la confusión a la hora de confundir estas estructuras con castros, dado que unas y otros estaban rodeados de murallas circulares, en ocasiones de piedra, en otras de tierra, a modo de parapetos.

Murguía, en su Historia de Galicia da cuenta de uno en el monte de Corzán y en As Fachas (Mondoñedo) y no encontrando otra utilidad posible para los yacimientos, propone que serían utilizado para rituales druídicos, lo que no casa nada mal con una probable realidad, es decir, que la hipótesis bien nos puede valer. Si hasta Menéndez y Pelayo, uno de los más potentes antihistoriadores de Galiza, da cuenta de dos crómlech en As Pontes de García Rodríguez y concuerda en que podrían ser centros para resolver asuntos religiosos o asamblearios. Claro que Menéndez y Pelayo, a quien no le gustaba la historia de Galiza, resuelve el asunto en una nota a pie de página, como de pasado. Todas las verdades que escribió este señor se encuentran así, leyendo con lupa sus notas al pie. El resto del texto es todo mentira.

José Santiago y Gómez, a finales del Siglo XIX escribió su Historia de Vigo y su comarca. Y también da cuenta de los henges o crómlech conocidos en Galiza, si bien los atribuye a alguna cultura precéltica. Y si nos ponemos a buscar de verdad referencias a estas estructuras megalíticas en Galiza otros en libros, los hay por todas partes y en todos los idiomas, al menos desde el S. XVIII, que fue cuando surgió en Europa una corriente de revisión crítica de las fuentes y de los hallazgos.

O sea que no es en absoluto cosa nueva. Siempre supimos que existían y siempre nos dijeron los historiadores antiguos que merecían un profundo estudio, que al parecer va llegando ahora, con siglos de retraso. Si hasta nos decían dónde estaban. Si hasta un tal Felipe Picatoste en su Compendio de la historia de España, un señor malintencionado que pone a parir a los celtas por ignorantes y perdedores, les dedica un párrafo nada más y le da para hablar de los crómlech gallegos.

O sea que no hay excusa que valga. A los que no lo han estudiado jamás ya no podemos reprocharles su desidia o su desinterés porque están muertos, como mínimo penando sus culpas en el purgatorio. A los demás, a los de ahora, gracias por tratar el tema; y a las instituciones, excavaciones serias, puesta en valor y mucha divulgación.

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