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Petroglifos de barcos fenicios

qweqwewqCuando los estudiosos empezaron a tratar de entender la historia y el origen del pueblo gallego, sobre todo a partir de la segunda mitad del S. XIX y en adelante se encontraron evidencias de un contacto con culturas mediterráneas. Algunos tanto se entusiasmaron que dijeron que la actual Galiza, o sus principales ciudades tenían orígenes en la Grecia descrita por Homero en La Ilíada. Un disparate, por supuesto.

Otros mucho más precavidos, puede que en exceso, sostenían que, caso de haber contactos entre los pueblos galaicos y los griegos, fenicios, tartesos, púnicos o cualesquiera otros, serían indirectos, es decir, que si aparecía en un yacimiento una ánfora griega se achacaba a que habría llegado aquí de cualquier manera, traída por un comerciante que habría comprado el recipiente en un almacén chino de un polígono industrial de la época, valga la metáfora, y lo había luego vendido por aquí, pero que en todo caso no había líneas comerciales directas entre nuestra civilización y aquellas otras.

Con el tiempo y las campañas arqueológicas, se demostró que sí, que hacia el II o III milenio antes de Cristo había rutas comerciales abiertas y permanentes entre nuestros abuelos y las culturas mediterráneas; que algunos lugares eran auténticos puertos comerciales abiertos tanto hacia el Mediterráneo como al Atlántico. Por ejemplo, el situado en el actual yacimiento de A Lanzada.

Y hay más. Hay un artículo interesantísimo: ‘Los barcos de los Petroglifos de Oia. Los tesoros del hechicero y una nueva embarcación’, trabajo que firman Fernando Javier Costas Goberna y mi admirado Antonio de la Peña Santos. En ellos dan cuenta de diferentes petroglifos que representan embarcaciones de inconfundible factura mediterránea y que están datados precisamente entre los milenios que mencioné en el párrafo anterior. Hubiera terminado antes poniendo otra vez el II y el III, pero ahora queda así.

Los tres barcos descritos en el artículo se encuentran cerca unos de otros, en el municipio de Oia. Su conservación, como suele suceder, es precaria, sin contar conque uno de los barcos, el más grande y mejor detallado, pues se aprecia el mástil, los remeros y la curvatura del casco, fue volado cuando se puso de moda el Ciprianillo, un libro con múltiples versiones que es como una guía para buscadores de tesoros, que iban al lugar, dinamitaban, no encontraban nada y se largaban frustrados. Ya hablaremos usted y yo del Ciprianillo.

Bien, pues a pesar de la voladura que hizo desaparecer un fragmento de la representación y al parecer dos ancletas descritas en una versión del libro para incautos, se aprecia perfectamente el resto del barco, que es una preciosidad. Recientemente, hace cosa de un par de semanas, apareció un nuevo petroglifo que representa a un barco mediterráneo, éste sí en un estado de conservación impecable, seguramente por llevar unos cuantos siglos o milenios enterrado hasta que lo descubrió una riada. ¡Gracias, cambio climático!

Es una prueba más de que hace 3.000 o 4.000 años, el noroeste peninsular no estaba poblado, como nos cuentan siempre, por una panda de tribus de paletos aislados e ignorantes hasta que llegaron los romanos. Tampoco es plan de ponernos en modo La vida Brian: además de esta cosa y esta otra y la de más allá, ¿qué han hecho los romanos por nosotros? No es eso, es simplemente constatar que antes de la llegada de los romanos comandados por Décimo Junio Bruto en el 132 a.C, mil años antes o más, los pueblos galaicos ni estaban aislados ni eran imbéciles.

Eran pueblos que tenían el sentido de la organización territorial, un prototipo urbano plasmado en los castros, auténticas fortalezas defensivas y además, rutas comerciales. Probablemente aquí venían a por el codiciado estaño y de ida y vuelta traían cualquier tipo de mercancía de la que hubiese demanda. El caso es que si ellos comerciaban con nosotros es porque existía un intercambio beneficioso para ambas partes, además de que tal como se navegaba por aquella época, siempre de día y cerca de la costa, los numerosos puertos gallegos, naturales o no, ofrecían descanso y refugio.

Al parecer, los petroglifos de los barcos estaban construidos sobre regatos, de tal manera que diera la impresión de que los barcos navegaban realmente. Eso no lo hace un paleto; eso lo hace un artista. Y está bien que nos conozcamos y nos respetemos como país, y eso se hace desde el principio de los tiempos, pues por muchos miles de años que hayan transcurrido, de ahí venimos y desde aquí construimos el mundo celta, según dicen todos los del mundo celta menos nosotros.

Petroglifos de barcos fenicios