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El peregrino metido en un saco

rodrigo costaHAY UNA LEYENDA. No se me alebreste. El verbo alebrestar lo utilizaba mucho Cantinflas y viene a decir que no se suba usted a la parra. Claro que hay muchas más que una leyenda, pero hoy le toca a usted, querida señora amiga mía, una en concreto. Se trata de una leyenda que funcionó durante un montón de siglos, originada en el XII y extendida hasta nuestros días. Tan bien funcionó la historia que los autores o autoras, aunque autoras no hay ninguna porque la sociedad era ya entonces muy machista, los autores, en fin, plagiándose a unos a otros, la ubicaron con personajes alemanes, italianos, franceses o españoles. Con interpretaciones libres y cambiando la nacionalidad y los nombres de los personajes, también la conclusión, hay decenas de relatos que cuentan esta leyenda cuyo cuerpo argumental viene siendo el que sigue. Yo me quedo, lo adelanto, con la versión de Kuntz Kistener, autor alemán cuyo relato es el que más me ha gustado, por su estilo, por la estructura argumental y porque es el único que se puede leer traducido al cristiano.

La historia es la siguiente: un mozo, cuya edad nos se nos especifica pero que a juzgar por el relato no supera los 20 años, emprende el Camiño de Santiago desde Alemania a instancias de su padre, un millonario conde repleto de rentas, de tierras y de vasallos. En otras versiones en chaval es francés, italiano, navarro o español, pero como queda dicho nos quedamos con la versión de Kistener que es la más hermosa.

Bien. El chaval millonario, que casualmente se llama Jakob, es decir, Santiago, va caminando, caminando, caminando, acabo de meter tres gerundios, y de pronto se encuentra a Eldam, otro alemán, en este caso pobre, que también está peregrinando hacia Compostela. Se caen bien, se hacen mejores amigos y deciden continuar juntos la peregrinación.

Así fueron, caminando, caminando, dos gerundios más, que estoy batiendo un récord, y atravesaron media Europa y casi la otra mitad. A falta de unas pocas jornadas, pongamos seis o siete, que el relato no lo precisa, Jakob, el rico heredero, cae enfermo y siente que se muere. La sensación era real. El pobre Jakob se estaba muriendo, en principio para siempre. Según algunas versiones italianas y francesas, moría por beber aguas pestilentes, aunque nuestro autor, Kistener, no se molesta en explicarlo. El caso es que sintiendo la muerte a la vuelta de la esquina, Jakob pide a su compañero de viaje, Eldam, cuyo nombre olvidé referenciar en su momento, que lleve su cadáver hasta Compostela y se lo presente al Apóstol, pues tal era el propósito de su viaje. A cambio, Jakob promete a Eldam que, una vez cumplido el trámite, podrá presentarse ante su padre y recibir su herencia: el condado, los castillos, las rentas, los vasallos, todo.

Jakob, tal como había pronosticado muere esa misma noche y Eldam hace un saco de cuero, no sabemos cómo, pues ninguna de las múltiples versiones lo
aclara, mete el cadáver de Eldam en el saco, se lo echa al hombro y termina el Camiño con gran sufrimiento, pues al pesar de la inoportuna muerte de su compañero de camino, se suma el enorme sacrificio de cargar con su cadáver durante tanto tiempo. Pero resulta que una promesa es una promesa y una herencia millonaria es una herencia millonaria, así que el esforzado Eldam
prosigue la ruta subiendo y bajando con el cadáver del pobre Jakob a hombros hasta que termina el peregrinaje, llega a la catedral de Compostela y presenta el cuerpo de su amigo al propio Santiago. Es entonces cuando el argumento pega un giro bestial: conmovido, el apóstol Santiago resucita al bueno de Jakob, premiando así su devoción y su gran sacrificio.

Como decia al principio, existen numerosas versiones de esta leyenda, que viene circulando desde hace casi mil años. La última adaptación la hicimos en cómic el dibujante Jano Viñuela y yo como guionista en 2010, que fue presentada en la colección Un camiño de viñetas en el Salón del Cómic de Barcelona. Había tantas versiones libres del fin de la historia que decidí quedarme con la mejor, la de mi amigo el alemán Kuntz Kistener, que es la que sigue:

Resucitado Jakob ante el Apóstol, despierta y no recuerda nada, solamente que un buen día se quedó dormido y despertó en la catedral. Así como despierta, le dice a Eldam que le cae muy bien y que una vez celebrada con éxito la peregrinación, debe partir inmediatamente a Alemania para ayudar a su padre a administrar su fortuna, con lo que Jakob deja a Eldam igual de arruinado que estaba, e incumpliendo su promesa de regalarle la herencia millonaria.

Como se anunciaba, esta historia viene circulando, con numerosas variantes, desde el año catapum hasta hoy. Y hay decenas de versiones originadas en media Europa, pero contándola, contándola, contándola, que son otros tres gerundios, llegó hasta nuestros días. Será mentira, sin duda, pero a mí me encantan estas historias que siendo la misma, tienen tantos orígenes y tantas interpretaciones. La que dibujó Jano Viñuela con guion mío se llama O peregrino metido nun saco. Véala usted en Internet, ya verá qué maravilla.

El peregrino metido en un saco
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