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Misteriosos chinos en la Galicia medieval

Tenemos noticia de su presencia en Galicia hacia mediados del S. XIV. Por tener, hasta tenemos sus caras esculpidas en granito. Lo que no tenemos es documentación o fuentes más o menos fi ables que den cuenta de quiénes eran, qué hacían en Galicia, cómo llegaron a este país y a qué se dedicaron.

Uno es conocido por los amigos como El chino de Betanzos y tiene allí, en la iglesia de San Francisco, un tremendo sepulcro con estatua yacente preciosamente labrada. El hombre tiene unos marcados rasgos orientales, ricas y extrañas vestimentas, una original barba trenzada y una espada. Al otro le llaman Juan de Estivadas y su sarcófago se conserva en Santa María a Nova, en Noia. Igualmente sepulcro de ricos, igualmente hombre de pronunciado semblante oriental y por encima con un bigote a lo Fumanchú.

Los viajes de Marco Polo se habían publicado poco más de medio siglo antes y pocos habían tenido acceso a un ejemplar. En la época en la que vivieron entre nosotros estos dos personajes apenas un puñado de europeos había puesto un pie en China, que quedaba muy lejos de todo y más de Galicia. Como mucho, a través de Estambul podía llegar alguna mercancía de cuando en cuando a algún puerto gallego, aunque no creo yo que el comercio de sedas y jade fuera muy popular entre nosotros.

Las teorías sobre quiénes eran estas dos personas son muchas y muy bien surtidas: del Chino de Betanzos se dice que pudo haber sido un peregrino, aunque no fue enterrado con los atributos propios del peregrino. Obviamente, como su paisano de Noia, en algún momento se convirtió al cristianismo, pues de no ser así no hubiera recibido sepultura en el interior de una iglesia, ni en el exterior tampoco. También se dice que pudo ser un médico personal de la Casa de Andrade, una de las más potentes de la Galicia medieval. No hay manera de determinarlo porque ni una sepultura ni la otra tienen inscripciones que den pista alguna sobre las personas que yacen en ellas, salvo que tenían poder económico como para sufragarse un entierro al alcance de muy pocos.

Del otro, Juan de Estivadas, que no le engañe el nombre. Igual cuando llegó aquí alguien le preguntó cómo se llamaba, él dijo que Jet Li y empezaron a llamarle Juan de Estivadas. O eso o que cuando se bautizó le cambiaron su nombre por otro. Tampoco está claro que se llamara así. Hay mucha leyenda ahí. Dicen algunos que era un medievaltabernero, pero no creo. No veo yo esa teoría muy bien llevada. Que un chino cruzara por tierra todo el mundo conocido, de punta a punta, para poner una taberna en Noia, no lo veo, la verdad. Otros dicen que puede ser hijo de Paio Gómez de Soutomaior, que había participado en una embajada ante el Gran Tamerlán, y de una esclava de Tamerlán que trajo a la vuelta. Pero tampoco me lo creo porque la chica era húngara, que lo sé porque vivía en Pontevedra y que se sepa entre una húngara y un gallego difícilmente se puede engendrar a un bebé chino.

Otra teoría, como era de esperar, dice que podría ser también un médico al servicio de alguna casa noble, probablemente la propia de Soutomaior, con gran influencia en Noia. Luego que si eran mercaderes, que si eran ingenieros, que si esto o lo otro. Todas las personas que se han dedicado a estudiar a estos dos personajes, que tampoco son tantas, muestran su perplejidad y despachan el asunto en cuatro líneas. Para un académico es muy incómodo no tener ni idea de lo que tiene delante y verse obligado a reconocerlo. Lo más fácil es limitarse a una brevísima descripción en plan: "Personaje con rasgos orientales". Es que no hay manera de saber quiénes eran. Tampoco hay manera de saber si eran los únicos. Lo raro es que sólo fueran dos, que los dos fueran ricos y convertidos al cristianismo y que se conserven sus sepulcros cuando se han perdido cientos de gente muy destacada. No quiero decir que fueran una colonia, pero si sabemos de dos igual hubo algún otro. Los más escépticos sostienen que no son asiáticos, sino nobles gallegos con cara de chinos, un rasgo genético que por lo que se ve ha desaparecido.

Lo que quisiera saber es si estos dos personajes que vivieron en la misma época, tan lejos de sus lugares de origen y tan cerca uno del otro, llegaron a conocerse. Pudo ser. De Noia a Betanzos hay una hora por la AP-9. Menos de 100 kilómetros que no debieron asustar a dos orientales que habían hecho un viaje más largo y penoso que el de cualquier otra persona que hubiera pisado Galicia. ¿Se juntaban para celebrar el año nuevo chino? ¿Eran amigos? ¿Se llevaban bien? Serán ustedes, queridos amigos y amigas de la Nave del misterio, quienes saquen sus propias conclusiones.

Misteriosos chinos en la Galicia medieval
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