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La puerta al más allá, o no

Si la Portalén sigue en su sitio es porque no se consideró buen emplazamiento para un molino

Ilustración. MARUXA
Ilustración. MARUXA

Hace muchos siglos, tantos que no hay quien se atreva a decir cuántos, unos ancestros de usted y míos decidieron montar un santuario. Eso fue mucho antes de la cristiandad, de la romanización de Galicia y de la cultura de los castros, en época de nuestros padres celtas. La única manera de precisar científicamente una fecha es calculando que eso fue en el año catapum. Eligieron la cima del Monte do Seixo, un lugar desde el que si no hay nubes se ve el mundo entero sin necesidad de prismáticos.

El Monte do Seixo es un emplazamiento lleno de magia, puede que solamente comparable al Monte Pindo o al Pico Sacro en cuanto a su significado religioso. Está repleto de mámoas, pedrafitas y petroglifos, pero el santuario de arriba es lo más. Lo curioso es que hoy mismo sigue siendo un templo pagano y hay quien mantiene la tradición. Aunque el conjunto megalítico está compuesto por muchas rocas tope bonitas destacan dos. Una es la llamada Marco do vento, un menhir de seis metros de altura y el doble de perímetro, uno de los más grandes y espectaculares del país. Dice una leyenda a la que he tenido acceso en mi imaginación que fue abandonado allí por Obélix porque era demasiado grande para él. La otra, la que nos ocupa, es otra piedra enorme, puede que también un menhir originalmente, que un buen día cayó y se partió en tres. Sobre dos de las partes, que dejan un buen espacio, los celtas colocaron una piedra esférica, tallada, que hace las veces de dintel, conformando así una puerta.

La puerta, llamada Porta do alén o Portalén, es un acceso al más allá, al mundo de los muertos. No se asuste, que como todo lo religioso es más bien un cuento. La Portalén es también un oráculo. Dice la tradición que si usted le hace una pregunta y luego atraviesa la puerta de este a oeste, su duda será respondida. Yo hice la prueba: le pregunté quién iba a ganar las próximas elecciones municipales en Ribadeo y no obtuve respuesta alguna, bien porque la puerta es un fraude, bien porque desconoce la respuesta, en cuyo caso igualmente es un fraude. O eso o es que se quedó sin batería o está estropeada, a saber. El caso es que además, si una vez que usted efectúa el rito no regresa por donde entró atravesando la puerta en sentido contrario, se queda para siempre en el más allá, entre los muertos, pero eso también es mentira, salvo que yo esté en este momento en el más allá, pues no hice el camino de regreso. Oh, tengo miedo.

Decía antes que la ancestral religión se sigue practicando y eso sí es verdad. Allí, a la entrada, hay amuletos de todo tipo que los practicantes dejan como ofrenda: velas, mandíbulas de caballo y hasta estampitas de la Virgen, que hay gente que se hace un lío con las religiones. Cualquier día va uno y deja ahí una lavadora vieja como ofrenda a los dioses.

Hay que reconocerles a nuestros antepasados una voluntad de hierro, pues el acceso al lugar era casi imposible hasta hace no mucho tiempo, no digamos miles de años atrás, cuando se estableció el santuario. Ahora es más fácil porque construyeron un parque eólico, que a su manera no deja de ser otro templo pagano. Hoy va uno por una pista de grava que lo lleva en coche hasta el lugar y por el camino hasta puede ver un par de mámoas destrozadas porque los gallegos somos tan respetuosos con nuestro patrimonio que si podemos montar un molino sobre una mámoa, mucho mejor que en otro lugar. De hecho, si la Portalén sigue en su sitio es porque no se consideró buen emplazamiento para un molino.

Como todos los lugares de culto precristiano, en su momento se cristianizó. La idea era buena y siempre funcionaba. Tiene sentido. La cristiandad, en sus inicios, elegía para sus cultos los lugares a los que la gente ya estaba acostumbrada a ir a rezar a sus dioses, plantaba allí una cruz y asunto acabado. De esa manera era más fácil que el pueblo cambiara de religión.

Es imposible a estas alturas saber a qué deidad o deidades estaba dedicado el santuario, pero lo que es seguro es que merecía mucha vocación, pues los trabajos, tanto para levantar el menhir del Marco do vento como el dintel de la Portalén son hercúleos. Incluso hoy con una grúa no sería fácil acometer estas empresas sin grandes dificultades.

Todo lo antedicho, al menos en lo que respecta a la parte religiosa del asunto no dejan de ser meras suposiciones, estén más o menos fundadas. Está claro que tanto el menhir como el dintel de la puerta fueron colocados ahí por manos humanas, pero no se puede demostrar en modo alguno que lo hicieran para montar un santuario. Igual era para practicar algún deporte o para habilitar un escenario para la orquesta Panorama, que aquí hay mucho yeyé experto en el mundo celta, historiadores, antropólogos y arqueólogos que no pueden hacer otra cosa que moverse en el terreno de las conjeturas. Eso de la puerta al más allá, al mundo de los muertos, entre usted y yo, me parece una patraña de cuñados que se las dan de entendidos, como si alguien pudiera meterse en la cabeza de los que vivieron hace seis mil años. No se fíe.

La puerta al más allá, o no
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