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El ADN del Colón gallego

El ADN del Colón gallego, de Rodrigo Cota (12.06.21)HAY COSAS que se me escapan, lo digo en serio. Como la reciente publicación, afortunadamente en otro periódico, de los próximos trabajos que, auspiciados por la Asociación Colón Galego, pretenden encontrar restos óseos de miembros de la familia Colón de Poio. Utilizarán drones, georradares y otros equipos que solamente están al alcande de la NASA, del Mossad y de la Asociación Colón Galego.

El principal objetivo es buscar en el cementerio de San Salvador de Poio. Dicen, y eso es verdad, que está perfectamente documentada la presencia de un tal Juan Colón y que si ese señor sólo tuvo hijas, el apellido se habría perdido, lo cual es una soberana barrabasada. Por un lado, si aparecen 47 lápidas sin el apellido Colón, habrá que levantar todas las tumbas porque las personas allí enterradas son candidatas a ser parientes del esclavista precisamente por no llevar el apellido. Delirante. Pero es que hay otra cosa, que es de primero de guardería: en aquellos tiempos, cuando se bautizaba a un churumbel los padres elegían el nombre y los apellidos. Los tres hermanos Pinzón llevaban como primer apellido Alonso, Yáñez y Martín y eran hijos del mismo padre y de la misma madre.

Hay miles de ejemplos en los que se le ponía a un chamaquito o a una chamaquita el apellido de la abuela materna o de un bisabuelo. Era muy habitual que las familias, sobre todo las numerosas, fueran repartiendo entre su descendencia todos los apellidos de los ancestros, precisamente para que no se perdieran. También hay numerosos casos en los que la hija heredaba el nombre y el apellido de la madre. Un caso que debieran conocer quienes tienen una asociación que lleva ese nombre, por su relación con la teoría del Colón Gallego es el de Urraca de Moscoso, hija de Urraca de Moscoso, pero podríamos poner cientos de ejemplos.

También era habitual que las personas tuvieran un único apellido, que podría ser de un abuelo, de una abuela o de cualquier otro que hubiera pasado por la familia. Y luego, claro, los apellidos que se perdían porque había que ir renovando con cada entronque. Por eso los genealogistas se vuelven literalmente locos para estudiar esa época, porque en una misma familia, en tres o cuatro generaciones salen a veces decenas de apellidos y es muy complicado saber quién es hijo o hija de quién. Yo conozco a un excelente genealogista portugués, una eminencia, que un buen día dijo que recibía mensajes divinos y así sigue. Lo juro.

O sea que o el arzobispo es un tarado, cosa que dudo, o tendrá que autorizar que se levanten todos los huesos del cementerio por si caso. Que alguno lleva el apellido Colón, se levanta; que no lo lleva, con mayor motivo. Dicen también que revisarán los archivos parroquiales para buscar actas de bautismo. Si encuentran uno que avisen, pero en el actual Estado español los registros bautismales no fueron obligatorios ni sistemáticos hasta el siglo XIX, aunque había parroquias que llevaban por su cuenta libros para tal efecto. Y en Galiza no sé si habrá con suerte tres o cuatro, tirando por lo alto. No me parece a mí que eso se hiciese en la parroquia de San Salvador de Poio, que en aquella época tendría siete vecinos o veintitsiete y se conocían lo suficiente como para saber quién era quién y todos y todas iban a los bautizos de los demás. No se registraba nada de eso, ya se lo digo yo.

Aluden al misterioso informe elaborado por el CSIC sobre los documentos originales de los Colón de Poio. Todos esos documentos fueron cuestionados desde el principio, hace más de cien años, por presentar manipulaciones. Yo los vi con mis gafas. Todos fueron razonablemente discutidos e invalidados en su día salvo los referidos a Juan Colón, que es en quien centran la presunta investigación ¡oh, casualidad! De los demás no dicen nada y hacen bien, del mismo modo que hacen bien en ocultar, yo diría usurpar, el citado informe, que nadie lo ha visto salvo un par de miembros de la Asociación Colón Galego, por mucho que se les pida. Se niegan a pesar de que ese informe es un bien público pagado entre otras personas por usted, con lo que le cuesta llegar a fin de mes, que en eso somos iguales.

Otra solución es pedir el informe directamente al CSIC, que yo no lo hago porque sé de sobra lo que pone: que la tinta con la que se adulteró el texto atraviesa el papel de cara a cara y no permite ver lo que hay debajo. Lo sé porque la autora del informe le puso un correo a la Asociación en el que lo decía, que también lo leí con mis gafas.

La falta de rigor es tan abrumadora que cualquier aficionado, como usted o yo, adivina al instante que todo esto es una superchería para creyentes. Si usted o yo fuéramos el arzobispo, sacaríamos del templo a los mercaderes. A latigazo limpio, que si lo hizo Jesús bien lo puede hacer un arzobispo. Ya no se trata de que el asunto sea o no sea serio. Para mí no lo es demasiado, a pesar de que creo que Colón era gallego, nos guste o no. Total, hay ADN del propio Colón, de su hermano Diego y de su hijo Hernando, suficiente para determinar no su identidad, sino su lugar de procedencia. Eso está en una universidad andaluza. Cuando quieran, que lo digan. Visto lo visto, mejor que sea de Cuenca, que si no estos se vuelven todavía más locos.

El ADN del Colón gallego
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