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Viva la traición

PP

A mí, qué quiere que le diga, como si ahora mismo Murcia se hunde en el Mediterráneo. Me hablan de Murcia y escucho como cuando me cuentan lo que pasa en Wisconsin. Pero debo añadir que en fin, estos días Murcia suscita cierto interés por cuanto hay diputados y diputadas que están de oferta y eso hace temblar a media España, lo que también me importa un pito pero genera cierto interés por cuanto explica qué sucede en ese un país vecino, iba a decir como Portugal pero ya quisieran los españoles ser medianamente parecidos al pueblo portugués.

La moción de censura en Murcia solo sirvió para montar unas elecciones en Madrid. Cuánta ingenuidad de Arrimadas y de Sánchez, que ni recordaban que los del PP tienen una larga trayectoria en cuestiones de comprar diputados y reventar investiduras, como en muchas otras cosas, yo qué sé: administrar cloacas, secuestrar a la familia de un extesorero o reventar a martillazos un disco duro.

Ahora estamos en que si la moción de censura en Murcia sale adelante sería gracias a la compra de tres exdiputados de Vox, ya que otros tres de Ciudadanos se han vendido al PP. Eso es España, que en pocos siglos pasó de ser el imperio donde no se ponía el sol al país bananero donde se compran y venden diputados para conservar una región que nadie sabe dónde queda ni falta que hace. Ni que estuviéramos recuperando Cuba o las islas Filipinas.

Es gracioso que Pablo Casado acceda a todo esto. Ya no manda ni en su casa. Las elecciones anticipadas en Madrid, si finalmente se celebran, pueden ser su tumba. Lo mejor que le puede ocurrir es que Isabel Díaz Ayuso no consiga gobernar, lo que le permitiría sobrevivir como líder. Si la Ayuso saca mayoría absoluta, cosa poco probable, se erigirá como líder estatal, la que se enfrenta al modelo de Feijóo. Pero será peor si necesita los votos de Vox, que exigirá entrar en el Gobierno de la comunidad, confrontando radicalmente la estrategia de Casado de alejarse de la extrema derecha.

Asistimos en plena pandemia a un espectáculo infumable en el que la corrupción y la compraventa de voluntades se exhiben sin complejos para que parezca algo normal. Buena parte de la culpa es de Ciudadanos, ese partido que venía a recuperar el centro político y acabar con la corrupción y está a punto de desaparecer de la escena. No saben en qué país viven. Creen que España es un país imaginario en el que un día te haces una foto en Colón blanqueando a la ultraderecha, pactas con ella, luchas por su espacio y al cabo de unos meses puedes venderte como el paladín del centro.

Pase lo que pase, España está podrida, moribunda y haciendo el ridículo en Europa y en el mundo. Luego se preguntan por qué Euskadi, Catalunya y buena parte de Galiza se niegan a participar en este esperpento que no les va ni les viene. España es hoy en día una vergüenza. Tenemos a un rey fugado por robar millones, a unas infantas que lo visitan para ponerse una vacuna y a una clase política que de derecha a izquierda ejerce la compra de diputados, los adelantos electorales preventivos, las mociones de censura inconvenientes para todos menos para quienes las presentan, y ahora a los condenados cantando como jilgueros para destapar las culpas de otros.

Pues vale. Nos reíamos de Jesús Gil o de Ruiz Mateos, a quienes hoy podemos reconocer como principiantes al lado de esta panda de delincuentes expertos. Cualquier tesorero del PP robó en dos años tanto como Gil y Ruiz Mateos en toda su carrera, y eso nos parece normal, como nos parecería que se presentaran a las elecciones los Payasos de la Tele y las ganaran. No le quepa duda de que lo harían mejor y nos contarían mejores chistes que los que escuchamos hoy. Y por encima tocaban el acordeón, cosa que estos de ahora ni saben hacer.

La persona que más lista en esta historia es la que parece más tonta, que es Ayuso. Si acaba gobernando con Vox, cosa que puede ocurrir porque es una fanática ultraliberal y ultraderechista, por fin sabremos a qué atenernos, a ver si nos damos cuenta de una vez. Mientras Ciudadanos desaparece por méritos propios, ella nos demostrará lo que muchos vienen negando porque no quieren ver la realidad de una España que se debate entre una derecha ultra y una izquierda pasmada que quiere no parecer muy de izquierdas porque sin darse mucha cuenta también lucha por un espacio que queda muy a la derecha. Pues que se maten.

Mientras tanto en Galiza Feijóo tiene la inteligencia suficiente como para recordarnos que aquí no hay espacio para Ciudadanos ni para Vox, y que su modelo de derecha, mal que nos pese a algunos, funciona como un reloj atómico. Esa España en la que impera la traición nada tiene que ver con Galiza, ni con Euskadi ni con Catalunya, por mucho que tengamos que aguantarla como si fuéramos españoles. 

Viva la traición
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