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Los terraplanistas asesinos

Manifestación negacionista celebrada en Madrid el 11 de diciembre. EUROPA PRESS
Manifestación negacionista celebrada en Madrid el 11 de diciembre. EUROPA PRESS

ME CAEN bien los terraplanistas. Son gente entrañable y cándida que cree que la Tierra es plana. Creen en un Universo alternativo en el que todo gira alrededor de nuestro planeta. Bien por ellos. Uno, un tal Mike Hughes, construyó en 2020 un cohete casero para subir al cielo y demostrar desde ahí su teoría. Pretendía alcanzar 1.500 metros de altura, no sé por qué, si hay aviones comerciales que suben hasta los 12.000. Si quería comprobar desde arriba si la Tierra es plana, se hubiera comprado un billete en ventanilla, pero no. Así que subió al aparato, despegó y al instante el paracaídas salió volando por su cuenta, la nave cayó en picado y nuestro héroe terraplanista se murió para siempre.

Es la única desgracia que han provocado los terraplanistas en los últimos siglos. No se meten con nadie: van a congresos, montan charlas, hacen vídeos en los que argumentan su rollo y recaudan dinero para cosas como la nave de Mike Hughes. Son personas bienintencionadas y crédulas, lo que no tiene nada de malo, al contrario. Todos somos así en mayor o menor medida, usted también.

Las teorías conspiranoicas son una de mis dos o tres grandes aficiones, no porque crea en ellas, sino porque son divertidas y se aprende mucho sobre estructuras de argumentos. A fin de cuentas, lo que hacen y a veces muy bien, es contar una gran mentira y hacerla creíble, como La guerra de las galaxias por ejemplo, que mientras usted la ve cree que todo lo que sucede en la pantalla es real.

Hay terraplanistas, teóricos de los antiguos astronautas, gente que cree en los reptilianos; que Elvis está vivo, que Paul McCartney está muerto, que Michelle Obama es un hombre y mil más. Hay un amplio surtido. Por lo general, quien cree en unas cree en varias o en todas. Puestos a creerse cualquier extravagancia, siempre hay manera de hilar. La Tierra es plana y está gobernada por reptilianos, que son los descendientes de una estirpe noble de antiguos astronautas extraterrestres entre los que se encuentra Elvis, y mataron a McCartney y lo sustituyeron por uno de los suyos. Luego hicieron pasar a Michelle Obama por una mujer, la casaron con Barack y lo hicieron presidente para controlar la Casa Blanca. Listo. Todo encaja a la perfección.

Los seguidores de estas fábulas son cientos de millones. Hay vídeos que tienen millones y millones de visitas y canales de Youtube con millones de suscriptores. Pero surgen desde hace no muchos años, quienes están utilizando a toda esa buena gente para hacer el mal, ésta es mi propia teoría. Lo hizo Trump para malvender su derrota como una conspiración que acabó en asalto con muertos. Ahora los antivacunas, por ejemplo. Están matando a mucha gente, y lo hacen por razones políticas, utilizando como correas de transmisión a todas esas encantadoras personas fantasiosas a las que de pronto les dicen que la vacuna lleva un chip, que no es segura, que dentro de un par de años los vacunados moriremos en masa, que el coronavirus no existe, que las vacunas le cambian a usted el ADN, no sé por qué, si a mí su ADN me parece muy elegante. Y como se lo creen, porque se lo creen todo, se ponen a advertir a todo el mundo de los peligros. Quieren salvarnos la vida, los pobres.

Pero los que van por ahí diciéndoles que no deben vacunarse porque su libertad y nosequé, son los mismos que niegan el cambio climático o la violencia machista y saben lo que hacen. Saben que tienen un caladero inmenso entre los conspiranoicos que antes eran buena gente que decía que la CIA y la Nasa nos mentían. Aquella querida gente bondadosa hoy se vuelve en masa a la ultraderecha. Vea las manifestaciones que hay en muchos países supuestamente bien educados, bien vestidos y bien planchados contra las medidas anti Covid o contra lo que consideran la vacuna una imposición inaceptable porque han visto en Youtube a una señora que nadie sabe quién es, o a un tractorista australiano explicando con todo detalle que la vacuna lleva un chip y cambia el ADN y es cosa de Bill Gates para dominar el mundo porque la Tierra es plana y él reptiliano, como Soros y todo así.

Mis compañeras y compañeros conspiranoicos son ahora voceros de la extrema derecha, a la que estas cosas se les da de maravilla, lo de manipular a la gente crédula para enredar las cosas y extender un mensaje ultra entre personas que nunca se habían metido con nadie. Una vez que ya los tienes, creerán que los menores extranjeros son asesinos y violadores, que no hay maltratadores, que los colectivos LGTBI están para imponer su modo de vida, o que a los niños catalanes no les dejan ir al baño si hablan español y les meten piedras en las mochilas. Sí, esto está pasando cada día. Convirtieron a mi buena gente conspiranoica en potenciales asesinos. No tienen perdón de Dios.

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