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Rueda y Calvo: la sucesión y la gaseosa

"Es poco inteligente proporcionar la sensación de que hay división interna"
Feijóo y Rueda en O Hórreo. PEPE FERRÍN (AGN)
Feijóo y Rueda en una aparición juntos. PEPE FERRÍN (AGN)

ES CURIOSA la naturaleza humana. Somos ambiciosos, algunos de forma modesta y otros con toda inmodestia. Ahora que va a quedar vacante el cargo de presidente de la Xunta y tras unos días de silencio, el coruñés Diego Calvo no ha aguantado más y se ha lanzado a reclamar un congreso extraordinario y urgente. Como siempre que tiene oportunidad de enredar las cosas, el ourensano Baltar lo ha secundado.

Pues lo que proponen es una trampa, y procedo a explicarme. Diego Calvo quiere un congreso para elegir a un presidente de la Xunta. Pero para ser presidente de Galiza debe usted ser diputada. Y como el congreso del PPdeG es para elegir al presidente del PPdeG, imaginemos que se presenta usted, conocida militante que no es diputada, y lo gana. De ahí no saldría una presidenta de la Xunta y el evento no serviría para lo que quiere Diego Calvo que se celebre. Tampoco me gustaría a mí, que no soy del PP, que al nuevo presidente lo elijan los militantes del PP, pues llegado al punto de no tener un repuesto claro, lo procedente sería disolver el Parlamento y convocar elecciones para que todos y todas pudiéramos votar al nuevo presidente o a la nueva presidenta, que podría ser o no ser del PP.

Lo que se pretende en realidad es dificultar el paso del sucesor lógico y natural, que es Alfonso Rueda, conselleiro desde 2009 y vicepresidente primero desde 2012 hasta hoy. No podemos comparar las trayectorias de Rueda y Calvo. Bueno, poder podemos: Calvo fue presidente de la Deputación de A Coruña, concelleiro en Ferrol, creo, y ahora es vicepresidente de la Mesa del Parlamento y preside el PP de A Coruña. No es poca cosa, pero no es suficiente. No veo por qué quiere presidir la Xunta un señor al que Feijóo no le dio en 13 años una consellería. Podía haberlo nombrado conselleiro de Ambicións Persoais, por ejemplo, o secretario xeral de Ir Buscar os Bocatas, pero ni eso. Jamás lo consideró para darle un cargo en ninguno de sus gobiernos.

Alfonso Rueda, por el contrario, lleva años siendo el número dos: el que preside los consellos de Goberno en ausencia de Feijóo y asume la presidencia en funciones si éste está enfermito, cosa que no sé si ha sucedido alguna vez, pero que es lo preceptivo. Ha llevado un porrón de consellerías; sabe cómo se gobierna porque lleva 13 años haciéndolo con Feijóo y, ha sido secretario xeral y preside el PP de la provincia de Pontevedra, y lo más importante: no está nervioso. En tiempos de zozobra como los que vivimos en el mundo entero, la gente nerviosa inspira inseguridad. Y Diego Calvo está nervioso. Ni sabe medir los tiempos, ni es capaz de contenerse. A la menor ocasión llamó a los medios pidiendo a gritos un congreso. Sus aspiraciones políticas son tan legítimas como las de usted, que milita en el PP, pero no son realistas. En todo caso entrarían en el ámbito de un realismo mágico que vive en su cabeza. Eso lo entiendo perfectamente porque yo también escucho voces, aunque no les hago ni caso porque mi señora no me deja. "¡Con quién estás hablando! ¡No hagas caso a las voces, parvo!", me ordena cada vez que me ve pensativo.

A Rueda, por otra parte, lo veo tranquilo. No pierde el tiempo en luchas internas y no hemos escuchado ninguna declaración pública en la que pretenda imponer el recorrido de la sucesión. Y eso es importante, a mi entender. Tampoco creo que tema un congreso, pero pienso que no toca. Ahora además es tarde. Un congreso tiene unos plazos mínimos, por mucho que se apuren como ocurrió en el de Sevilla que entronizó a Feijóo, y eso retrasaría todo el proceso, lo que no es bueno. No veo por qué todo el pueblo gallego tiene que quedarse pasmado mientras los militantes del PP eligen compromisarios y los compromisarios eligen a un presidente que igual ni siquiera puede optar a la Xunta porque no es diputado. Imaginemos que gana usted. Es más imaginemos, ja, ja, es broma, que gana Baltar. Pues estaríamos en las mismas. Si Feijóo hubiera querido un congreso, Feijóo hubiera convocado un congreso. Ya podía estar celebrado a estas alturas. Y si no lo hizo por algo habrá sido, ya está. 

Debería existir una aplicación que midiera e hiciera públicos valores como el nerviosismo o la templanza de los candidatos; y otra que nos dijera quiénes escuchan voces que dan malos consejos y quiénes no se dejan deslumbrar por ambiciones mal calculadas. Si al final la política, como tantas cosas es perseverar, trabajar, medir los tiempos, estar siempre ahí y labrarte una trayectoria. La experiencia nos dice que quienes pretenden saltarse esos pasos para pasar de un salto de la irrelevancia a lo más alto, acaban estrellándose, lo que es natural.

Dicho todo lo anterior, añadiré que es poco inteligente en este momento proporcionar la sensación de que hay una división interna en el PPdeG. Es que dentro de nada hay unas elecciones municipales en las que los tres grandes partidos se juegan mucho, como el poder de las grandes ciudades, de cada municipio y de las cuatro deputaciones. El BNG de Ana Pontón está acelerando y al PSOE no se le dan mal las municipales, pero si algunos en el PP siguen experimentando con gaseosa, por mí estupendo, qué quiere que le diga.

Rueda y Calvo: la sucesión y la gaseosa
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