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Nuestra policía y más allá

Una patrulla de la Policía Autonómica AEP
Una patrulla de la Policía Autonómica. AEP

DIEZ O doce años hace que llegaron las últimas competencias a Galiza. Cuando nos gobernaba Fraga entraban a chorros. Fraga tenía mentalidad de funcionario y le gustaba ejercer. Era un político nos guste o no. Si lo hubiéramos elegido presidente del Estado español hubiera puesto todas las trabas posibles al traspaso de cualquier transferencia, porque lo suyo era gobernar con todas las competencias posibles. Pero como en lugar de España lo pusimos al frente de Galiza, hizo lo que había hecho siempre a lo largo de su carrera: gobernar y ejercer el poder, que es para eso para lo que están los presidentes. Entendió que su papel como presidente autonómico no era permitir que desde Madrid le gobernaran su institución. Por eso en Madrid nadie le tosía, ni unos ni otros, porque era un hombre autoritario y esa autoridad la practicaba con soltura. En estas cuatro décadas, nadie fue más presidente aquí que Fraga. No digo mejor o peor: digo más.

Ahora porque en España andan discutiendo sobre los indultos a los presos políticos catalanes y por eso pasó casi desapercibido el debate sobre la Policía Autonómica. Casi desapercibido, dice usted, pero se hizo un hueco. Hubo titulares del tipo: "Feijóo quiere echar a la Guardia Civil", y en las redes sociales, como siempre, toda la derecha de fuera empezando por mucha del PP, salieron con su eterna cantinela de que Feijóo es un peligroso nacionalista. Ojalá lo fuera, pero de momento no es una cosa ni la otra.

Aunque en Galiza tenemos un cuerpo que lleva tal nombre, no existe la Policía Autonómica. Existe un cuerpo adscrito a la Policía Nacional y dependiente del Ministerio del Interior, o sea que de autonómica nada. Y no tiene competencias, por ejemplo, sobre Tráfico. Ese cuerpo policial es estatutario y constitucional, por eso existe en Euskadi, en Nafarroa, en Catalunya y hasta en Canarias, aunque ésta no termina de arrancar. Y dependen todas ellas de la Comunidad, no del Estado.

Feijóo siempre ha potenciado su perfil de gestor, cualidad que valora con más o menos razón una mayoría clara del pueblo gallego, qué le vamos a hacer. Fraga era un hombre de acción y Feijóo es un técnico. Nada que objetar sobre alguien al que se le vota masivamente, pero a mí me gustaba más Fraga por esos empeños en gobernar todo aquello que pudiese, y aunque lo hacía por motivos personales, pues le encantaba presidir Galiza, trajo todas las competencias que pudo en el tiempo en el que estuvo. Nos gustará más o menos, pero la inmensa mayoría del autogobierno que tiene hoy Feijóo, y el que tuvo Touriño, son herencia de Manuel Fraga. Y es muy poco, también es verdad.

Un presidente de una comunidad histórica, que hay que empezar por ahí, que por diversas razones no somos comparables a La Rioja o a Murcia, a lo que debe aspirar es al desarrollo total del Estatuto de Autonomía, y cuando eso se logre o antes, reformarlo hasta los límites de lo legal, de lo constitucional y un poco más allá, hasta donde le dejen sin meterlo en la cárcel o en el exilio, que tampoco vamos a exigirle a Feijóo que acabe como Pablo Hasél.

Cualquier paso que se dé en ese sentido será mejor para los gallegos y las gallegas. La Policía Autonómica y todo lo que esté contemplado. Y lo puede hacer Feijóo como lo hacía Fraga, poniendo firmes a González o a Aznar porque no exigía nada a lo que el pueblo al que representaba no tuviese derecho. Si total a Feijóo en Madrid lo ven como a un nacionalista, que actúe como tal aunque no lo sea, qué más le da. Fraga lo hacía y ahí anduvo el hombre hasta que perdió unas elecciones por aburrimiento y se fue a dormir al Senado, que es lo que hacen los senadores que tienen un mínimo de decencia.

Fraga tenía mentalidad de funcionario y le gustaba ejercer

Estamos limitándonos a gestionar mejor o peor, que eso ya es cosa suya, las competencias que trajeron otros hace décadas. Eso es una barbaridad. Que somos Galiza, repito, y merecemos todas las transferencias a las que tenemos derecho y muchas otras a las que por el momento no tenemos derecho, como las necesarias para poner unas urnas y que la gente decida a dónde quiere que nuestro país vaya a parar. Eso está lejos, ya, pero mientras tanto lo menos que debemos hacer es buscar cada ápice de autogobierno que nos corresponda y exigirlo, como hacen vascos y catalanes. Claro que ahí gobiernan nacionalistas y aquí Feijóo se resiste a escindir a su partido del PP español para ser de verdad libre. Si total arrasaría. Un presidente gallego debe aspirar a tener competencias sobre nuestros recursos, nuestros impuestos, nuestra energía y para empezar, nuestra policía.

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