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Nacionalismo ofensivo

Xosé Manuel Beiras durante el homenaje a Bóveda de este martes. JL OUBIÑA
Xosé Manuel Beiras durante el homenaje a Bóveda de este martes. JL OUBIÑA

DURANTE DÉCADAS, las primeras, el BNG practicó un nacionalismo preventivo. Siempre era la fuerza minoritaria en los parlamentos, en las provincias y salvo alguna excepción, en los municipios. Estaban ahí a ver qué pasaba. Su meta era crecer y consolidarse. El BNG era como la primera línea de defensa de un castro, una muralla fácilmente salvable. Su discurso era muy radical, pero también lo eran por aquella época los de los otros. En tiempos de Beiras el BNG no estaba hecho para gobernar, sino para ir creciendo, ampliando bases y territorio. En las autonómicas del 97 adelantaron al PSdeG y Beiras le puso una moción de censura a Fraga, operación que no le sirvió de nada.

Cuando en 2005, ya con Quintana como candidato, perdió Fraga la mayoría absoluta, el BNG estaba en caída libre. Había perdido 4 diputados y el 10% de sus votantes. Pero entraron el el Gobierno de Touriño y aquello fue una sucesión de desastres que acabó en la famosa Asamblea de Amio, donde Beiras rompió en dos la agrupación para emprender su carrera en solitario que acabó como acabó: primero en brazos de Podemos y después con todas las Mareas hundidas. Luego volvemos a esto, si me acuerdo.

Volvamos atrás: bajo diferentes liderazgos, incapaces de mantener un gobierno de izquierdas ni como primer partido de la oposición ni como segundo el BNG siguió cuesta abajo. Entre unas cosas y otras habían dejado pasar los años y la estrategia era inamovible. Seguían ejerciendo la política setentera que nunca le había dado muchos frutos, ni pocos. Y en eso siguieron hasta que el propio Beiras, ya ve cómo volvemos a él, sacó su disco de política polifónica y dejó al BNG en los huesos. Beiras había llegado a la conclusión, errónea, de que si una fuerza nacionalista gallega se aliaba con una gran plataforma estatal, la voluntad del pueblo gallego se vería respetada y representada, lo que no sucedió.

Pero aquel zarpazo de Beiras obligó a sus antiguos aliados a ejercer un nacionalismo defensivo. Quedaron como un gato acorralado, imagino que porque no podían hacer otra cosa. Con una gran pérdida de poder institucional y de confianza popular. Para su fortuna, los proyectos de Beiras se desinflaron solos. Las Mareas perdieron las grandes ciudades de norte y del experimento con Pablo Iglesias sólo se salvó Yolanda Díaz, una superviviente que ahora es vicepresidenta y se codea con el Papa. Es una figura política de primer orden, y nadie duda de su profundo galleguismo, que le regaló al pontífice un ejemplar de ‘Follas novas’, pero no representa al nacionalismo gallego, qué le vamos a hacer. Si llega a presidenta de España, que puede llegar, no la veremos defendiendo el derecho a la autodeterminación, ni de Galiza ni de ningún otro país.

Ahora entra el BNG en una nueva fase, la del nacionalismo ofensivo: ir a por todas. Para ello necesita ensanchar electorado y eso sólo se puede hacer, bien quitándoselo al PSOE, bien dirigiéndose a los indecisos, que tampoco son tantos, bien yendo a por el electorado de Feijóo. Es por eso que desde el PP, que también tiene estrategas, buscan encerrar al BNG en su electorado clásico: el del nacionalismo ideológico y de izquierdas, un voto muy militante pero claramente insuficiente.

Así que asistiremos a una partida de juegos de estrategias en los que el BNG nos dirá que el PP no es verdaderamente galeguista y el PP nos dirá que el BNG es un peligroso partido independentista. No es que vaya a ser un juego muy interesante, pero por primera vez asistiremos a un escenario en el que el verdadero rival del PP es el BNG. Desde el BNG se lanza el mensaje de que en el PP están nerviosos. A ver, yo coincidí últimamente con Feijóo, con Rueda y con Pedro Puy y no estaban nerviosos, es la verdad. Si acaso relajados, lo que desde el BNG pueden aprovechar para pillarlos desprevenidos, pero como mensaje no lo veo: "No PP están moi relaxados fronte a nós".

Pero también coincidí con Ana Pontón y la vi combativa y segura de que va a presidir Galiza. Es la actitud de quien sale a jugar convencida de que tiene posibilidades reales de gobernar.

No va a ser fácil, claro, pues la apuesta por un nacionalismo ofensivo, curiosamente pasa por disimular los posicionamientos nacionalistas y en el PP lo saben y ya están en eso, en no permitir que el BNG salga de su círculo de votantes más próximos a posiciones nacionalistas. El caso es que lo que se va a disputar, pues no hay otra manera de gobernar Galiza, es el caladero del votante galeguista de toda la vida.

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