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Jeroglíficos

Una persona escriba mensajes con emojis. DP
Una persona escribe mensajes con emojis. DP

EL RETROCESO social, moral e intelectual en el que estamos inmersos no lleva al intento de la reinvención de la escritura jeroglífica. A veces los procesos llegan así, de esa manera. Uno no se da ni cuenta. El cauca se reverdece y el guamachito florece y la soga se revienta. Pues es lo que ocurre desde hace años con los emojis, esos símbolos jeroglíficos con los que hoy pretendemos comunicarnos. En este momento de la evolución, no podemos vislumbrar un mundo en que los emojis puedan sustituir al lenguaje escrito, sea en el idioma que sea.

La escritura jeroglífica que practicaban los egipcios y las culturas prehispánicas de América era de una precisión absoluta. Si usted quería mandarle un mensaje a su hermano, imaginemos, cogía una pluma y un papiro o un pergamino y escribía: "Amadísimo hermano. Espero que tus días sean venturosos. Te escribo para recordarte que mañana celebramos en casa de papá y mamá una festividad para honrar a uno de nuestras numerosas y falsas deidades. Cantaremos nuestros cánticos tradicionales y comeremos las viandas propias de nuestra época y lugar. No llegues trade, ya sabes cómo se pone mamá si no acabamos la celebración antes de la puesta del sol". Todo eso lo hacía dibujando pajaritos, gatitos, caritas, manos y otros símbolos que en realidad eran palabras que conformaban el texto con absoluta precisión, de tal manera que su hermano, al leer la carta, interpretaba exactamente lo que usted había escrito: "Amadísimo hermano. Espero que tus días sean venturosos. Te escribo para recordarte que mañana celebramos en casa de papá y mamá y blablablá".

Eso daba mucho trabajo, que se aligeró notablemente con la invención de nuevas formas de escritura, más rápidas y mucho menos complejas, como esta que está usted leyendo. Todo para ahorrar tiempo, claro: tiempo de aprendizaje, tiempo de escritura y tiempo de lectura. Para hacerlo más fácil, vaya. Y por ese mismo motivo se crearon los emojis. Es más facil poner una carita riendo a carcajadas que escribir: "¡Qué gracioso. Me parto de risa!". Pero es una escritura que al contrario de las anteriormente citadas, carece de normas gramaticales y por tanto se puede interpretar de mil maneras posibles. De momento esta nueva escritura imposibilita formar la más elemental de las estructuras.

Yo lo intenté. Antes de los emojis estos, se hacían sonrisas o guiños tecleando signos de puntuación, pero afortunadamente no les vi futuro y los ignoré. Luego, cuando se inventaron los emojis traté de expresarme a través de ellos. Empecé poco a poco, pero honestamente. Un día un amigo me mandó un mensaje dando cuenta del fallecimiento de su padre y le contesté con una carita llorando a chorreones y un pulgar señalando hacia abajo.

Pasé así unos días, intentando crear literatura epistolar breve y concisa, hasta que me creí preparado para ir un pasó allá, como un niño que aprende a juntar una consonante y una vocal, y me vine arriba. Una vez, una política me envió un mensaje diciendo que no le había gustado un texto mío. Eso pasa de vez en cuando. Yo le contesté con el siguiente mensaje, a saber: dos caras tristes, tres pulgares señalado hacia arriba y dos hacia abajo; otras dos caritas tristes; una pensativa, seis de unas carcajadas, otras dos de las mismas carcajadas pero ladeadas, un diablillo rojo y enfadado, una docena de corazones, tres caras rodeadas de corazoncitos, otra lanzando un beso y siete porciones de tarta. A modo de despedida, le puse a un señor bailando, que o es Elvis o John Travolta o ninguno de los dos.

Lo que yo creía estar escribiendo era exactamente esto: "Gracias, A., por tu crítica, que entiendo es constructiva. Tomo nota, aunque como imaginarás mantengo mi opinión. Un día de estos nos llamamos para un café. ¡Saludos!". Por lo que me dijo un amigo que sabía de estos asuntos, ni de lejos mi mensaje decía eso ni ninguna otra cosa. Parecía, dijo, un texto escrito por un periquito comiendo pipas sobre el teclado de mi móvil.

Nunca más me escribió aquella política y cuando coincidí al cabo de unos meses en un acto con ella, no me acerqué a saludar por miedo a que me vaciara en los ojos un spray de pimienta. Hubiera sido un momento muy incómodo. Cierto que transcurridos un par de años, cuando ella ya no ejercía la política y había vuelto a su profesión, me la encontré un día por la calle y me saludó muy afable. Nos paramos a charlar un rato y por supuesto no le saqué el tema del mensaje. Lo sacó ella. Me preguntó si me había cogido el teléfono un sobrino y le dije la verdad: que el nuevo lenguaje jeroglífico está en pañales y no parece que de momento las Humanidades estén dispuestan a entrar en el terreno, por lo que pasarán años o siglos hasta que alguien esté en condiciones de escribir una novela con emojis. Me perdonó y también muy honesta, me dijo que lo mejor de dejar la política era no tener que leerme, aunque a veces lo hacía, y me aconsejó que mejor siguiera intentando con los emojis.

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