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"Gracias por mantenerme vivo"

Rodríguez volvió a su profesión de albañil tras grabar dos discos

Entre 1970 y 1971, Sixto Rodríguez, cuyo nombre artístico era solamente Rodríguez, grabó dos discos en Detroit. Esta historia me la contó mi hermana Mercedes Celsa, que me llamó desde Londres sólo para eso y a quien no debemos confundir con mi otra hermana, Marcela Aurora, que es la que me compra ropa para gordos. A veces no les hago mucho caso porque siempre están transmitiendo bondad, amor fraternal, y cosas de esas, pero esta vez me lo tomé en serio.

Rodríguez no vendió ninguno de sus dos discos. Fue uno de los mayores fracasos de la industria discográfica a pesar de que contaba con buenos productores y el sello discográfico, Sussex Records, lo dirigía un tal Clarence Nosequé, que había ocupado el mismo cargo en la Motown. Pues no funcionó. Todos los que se habían involucrado en el asunto no daban crédito. Eran dos discazos grabados por un poeta y compositor al que consideraban mejor que a Bob Dylan. Así que tras el segundo fracaso, la discográfica lo despidió.

Sixto Rodríguez. ALBERT OLIVÉVolvió a su profesión de albañil y dejó la guitarra para tocarla en casa. Pero resulta que hacia 1975, no se sabe muy bien cómo, apareció una copia de su primer disco en la Sudáfrica del apartheid. Se dice que lo llevó una turista estadounidense, quizá una de las pocas que lo había comprado. Como no lo había en ninguna tienda, empezaron a hacer copias piratas, igual que ahora pero antes, y empezó a causar furor en un país donde todo estaba censurado. Eran letras con un alto contenido social, con unos arreglos coloridos, quizá en exceso y algunas de ellas como I wonder o Sugar man, muy pegadizas.

Un empresario avispado compró los derechos para Sudáfrica a Sussex Records y el disco empezó a venderse como rosquillas. Luego publicaron también el segundo y un tercero con viejos singles y descartes de los anteriores. Durante más de 20 años fue el artista más escuchado y vendido en Sudáfrica, más famoso que Elvis, que The Beatles o los Stones. Sus canciones se convirtieron en himnos antisistema y aunque estaban censuradas y no se podían escuchar en las emisoras, sí se podían comprar en las tiendas. Cosas de las dictaduras.

Todo esto no lo supo el propio Rodríguez, que seguía poniendo muros y derribando las casas en ruinas de un Detroit en caída libre. Vivía en una casa algo cochambrosa en un barrio chungo sin saber que su antiguo sueño de convertirse en una rock star se estaba cumpliendo en un mundo paralelo, a miles de kilómetros de distancia.

En Sudáfrica todo lo que sabían de él era nada. Las fotos de sus portadas y ya. Se le daba por muerto. No había información, había desaparecido, no había vuelto a grabar, lo que les parecía extraño pues allí creían que en Norteamérica también era un artista reconocido y aquellos dos o tres discos habían sido en su día un éxito. Así que circuló una versión épica y muy rockera que sostenía que Rodríguez se había suicidado en un escenario. Unos decían que pegándose un tiro, y otros, los más espléndidos, que se había quemado a lo bonzo.

Un periodista musical y un musicólogo empezaron por su cuenta a buscar datos sobre Rodríguez, sobre esa muerte que daban por cierta y sobre el pasado del artista. Apareció una chica australiana, otra, que había estado viajando por los Estados Unidos y allí nadie sabía nada de ningún Rodríguez, lo que avivó el misterio. Mientras tanto, los años transcurrían con la cadencia habitual y llegó el CD. Se reeditaron los tres discos de Rodríguez y todo el mundo volvió a comprarlos, y Sixto Rodríguez seguía sin enterarse. Tenía 10 discos de oro y no lo sabía.

Bien, por no alargar la historia, gracias a una serie de carambolas, se supo que Rodríguez no se había matado, que seguía donde siempre, y lo llamaron para llevarlo de gira por Sudáfrica. Lo alojaron en una suite espectacular, como el gran artista que era y durmió en el sofá para ahorrarle trabajo a la mujer que tendría que hacerle la cama. Eso fue en agosto de 1997, 27 años después de grabar su primer disco y muchos creían que quien se presentaría iba a ser un estafador, pues Rodríguez se había suicidado.

En su primer concierto de esa gira, él, que nunca había tocado para más de 50 personas, se encontró con miles y miles de fans de todas las edades. Subió al escenario como una estrella, que es lo que era, y dijo: "Gracias por mantenerme vivo". No denunció a quienes se habían hecho millonarios robándole la fama y la fortuna, y el dinero que gana desde entonces lo reparte entre familiares y amigos. Sigue viviendo en su casa del barrio chungo de Detroit a pesar de que un disco doble grabado en vivo agotó todas las ediciones y ha hecho muchas giras desde entonces.

Pues no sé a qué viene esta historia. Puede que a todos y a todas nos gusta creer que una vez hemos hecho algo que alguien aprecia en algún lugar del mundo, que hemos influido en alguien, que hay por ahí alguna persona, ya no digo millones, a la que hayamos ayudado en lo que sea. Pues eso es lo que hizo Rodríguez pero a lo bestia, y nunca presume de ello.

"Gracias por mantenerme vivo"
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