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El relator

Pedro Sánchez y Quim Torra. ANDREU DALMAU (EFE)
Pedro Sánchez y Quim Torra. ANDREU DALMAU (EFE)

MEDIA ESPAÑA está indignada con el relator, aunque ya no habrá relator. ¿A qué se dedica un relator? No se sabe: unos dicen que es un mediador, otros que un negociador, notario, testigo, escribano, secretario, taquígrafo, telegrafista o lo que sea. Nadie lo tiene claro pero todos lo ponen a parir, como si en lugar de ser un relator o relatora, hubieran anunciado que quien  acudirá a presenciar las negociaciones será Godzilla dispuesto a romper España en mil pedazos.

No sé, pero cuando todos los presidentes que ha tenido España en democracia negociaban con Eta mientras Eta ponía bombas, secuestraba, imponía un impuesto revolucionario y pegaba tiros en nucas y se llevaban a un relator, a un negociador o llámele usted como quiera, nadie ponía el grito en el cielo, más que nada porque se hacía en secreto y tardábamos años en enterarnos. Hoy parece que lo peor que le puede pasar a España es un relator.

El relator es peor que Tejero y Satanás juntos; el relator es un maldito golpista que viene a servir a los traidores, felones, chantajeados y vendepatrias. Mucho poder se le otorga a un relator. Pablo Casado profirió el otro día tantos adjetivos contra Pedro Sánchez que no hay otra explicación: el buen hombre se compró un diccionario de insultos y calificativos que incluye espuma para echar por la boca. Nunca en la historia de España, y no me refiero a la historia contemporánea, nadie había insultado a nadie tanto y tan bien. Y todo por un relator, que nadie sabe lo que es, que si Sánchez llega a llamar a un mariscador o a un estanquero adelantamos la guerra civil que se está larvando ahora mismito.

La confrontación solo ofrece dos soluciones y las dos son nefastas
 

Tienen los españoles la creencia de que solo se puede negociar con quienes están de acuerdo en todo. Mire usted a Andalucía: en dos días acordaron un gobierno entre derechas y ultraderechas. Legítimo, eso sí, por lamentable que le parezca a mucha gente. Estaban de acuerdo en lo fundamental, que era expulsar al PSOE del Gobierno y estaban en su derecho. No necesitaron relator porque las posiciones estaban tan cercanas que antes del segundo café ya estaban firmando un pacto. Eso no tiene ningún mérito. Es como si usted llama a un amigo para dar una vuelta en bici y tardan cuatro segundos en acordar hora y lugar.

Lo difícil, y para eso están la política, la diplomacia e imagino que los relatores, es negociar con quien mantiene posiciones radicalmente opuestas. Quienes a lo largo de la Historia han sabido hacer eso son los que acabaron con guerras de cien años, y siempre han tenido a mediadores ayudando. No se entiende que poner en medio a un relator sea muchísimo peor que no ponerlo, y si la soberanía o la integridad territorial de un estado dependen de un relator, va a resultar que el Estado no es tan sólido, o que los que temen la presencia de un testigo lo mismo están mostrando su punto débil, que no sé yo, pero igual sí.

"¡No hay que negociar con independentistas!", chillan Casado, Rivera y Abascal. Pues no, si les parece negociamos con un Telettubie o con un pequeño poni la cantidad de abrazos que tenemos que repartirnos para ser plenamente felices, querernos unos a otros mucho más que antes y, sobre todo, preservar la unidad de España y resolver el problema catalán. El diálogo puede fructificar 
o no, pero la confrontación sólo ofrece dos soluciones posibles y las dos son nefastas: la prolongación del conflicto hasta convertirlo en una metástasis sin remedio, o la victoria aplastante de una parte sobre la otra. Los que hoy reniegan del diálogo son los mismos que negociaron con la ETA; los que hablaban catalán en la intimidad; también están Guerra y Felipe, que una vez nos hicieron creer que eran socialistas. Desde sus gobiernos se montaron el Gal y no acabaron encausados porque en España la Justicia es tope independiente.

¿Dónde está el problema si se negocia? ¿Qué pasa si en medio hay un relator, sea cual sea su función? Da lo mismo que ejerza de secretario, de mediador o de camarero. ¿Qué perdemos? Si las negociaciones fracasan seguimos como estábamos y se vuelve al tablero de salida, pero si algo sale bien será motivo de celebración, digo yo. Cuando Aznar, el que mueve los hilos de Pablo Casado, hacía concesiones a ETA acercando presos, reduciendo condenas o refiriéndose a ellos como un movimiento de liberación, nadie montaba macromanifestaciones para quejarse.

Bien, el caso es que para lo que se pedía al relator era para unas negociaciones entre partidos, no entre gobiernos. Los partidos pueden sumarse o no, como decidan. Si a algunos les da la gana de sentarse a hablar con un mediador entre ellos, ¿qué pasa, no pueden? ¿Si lo hacen están traicionando a España? A ver si no va a resultar que los traidores son los que elevan la tensión buscando un conflicto social para sacar votos. A ver si sentarse a hablar ahora es alta traición y montar el GAL, la Gürtel o la Kitchen es prestar un inestimable servicio  al Estado y a los ciudadanos. 

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