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Efecto Mandela

Nelson Mandela. EFE
Nelson Mandela. EFE

Cuando la muerte de Nelson Mandela en 2013, una bloguera llamada Fiona Broome se sorprendió. Ella creía que Mandela había muerto en prisión en los años noventa. Para combatir su perplejidad se puso a buscar y sorpresivamente descubrió que mucha más gente compartía la creencia de que Mandela había muerto en prisión. El caso era llamativo, pues todos los medios de todo el mundo se habían hartado de notificar durante años y años la salida de Mandela de la cárcel, que había recibido el Nobel de la Paz y que había presidido Suráfrica años antes de morir.

Fiona escribió un artículo en su blog postulando lo que ella mencionó como "Efecto Mandela": una creencia falsa, o un recuerdo erróneo compartido por millones de personas. Entonces la teoría se puso de moda y por todo el mundo aparecieron efectos Mandela. Por poner ejemplos que todos podemos compartir, se encontraron casos como el del golpe de Estado de Tejero. Muchos españoles, entre los que nos contamos usted y yo, recordábamos haberlo seguido en directo por la Televisión Española, pero resulta que la TVE no retransmitió en directo el golpe de Tejero. La radio sí lo hizo, pero las imágenes que todos vemos cada 23-F fueron retransmitidas mucho después. Sin embargo, nuestra memoria guarda un falso recuerdo en el que todos vimos en directo a Tejero entrando a tiro limpio en el Parlamento.

Hay decenas o cientos de ejemplos. La literatura o el cine son unas minas de efectos Mandela; Sherlock jamás dijo "Elemental, querido Watson". Doyle escribió unas 40 obras con esos personajes y nunca discurrió esa frase, la más recodada por todos. En Casablanca nadie dijo "Tócala otra vez, Sam". En Star Wars nunca nadie pronunció la famosa frase de "Luke, soy tu padre"; Cervantes no escribió la más famosa de sus citas: "Ladran, Sancho, luego cabalgamos"; el señor del Monopoly, al que todos recordamos como un millonario con un anteojo jamás llevó un anteojo. Los ejemplos son tan numerosos que para contar esto necesitaríamos cien periódicos, cosa que yo solicité amablemente y la empresa me lo negó porque dicen que hay que hablar de otras cosas.

Éramos de los mejores, pero nos ha pillado la pandemia 

Vamos al lío: el Efecto Mandela no deja de ser la manifestación de una mentira en la que todos, o una mayoría creemos, usted la segunda y yo el primero. "Tenemos la mejor Sanidad del mundo", valga como ejemplo. En mi caso, tengo motivos sobrados para creerlo. El Sergas me ha salvado la vida en varias ocasiones, pero también he vivido colapsos en urgencias o consultas. Pues ahora vemos que con las cuentas que nos echan, la Sanidad española no es ni mucho menos ejemplar. La primaria es, seamos generosos, una porquería, y no es por que no esté en manos de buenos profesionales: es por la escasez de buenos profesionales.

Eso es el efecto Mandela. Resulta que nuestra Sanidad, lejos de ser la mejor, es de las peores. Los de las Batas Blancas y otros venían advirtiéndonos desde hace años de los recortes en la asistencia primaria, de la privatización de los servicios, de los cierres de instalaciones públicas, de la precarización de los contratos de los profesionales de la Sanidad. Pero nosotros y nosotras, instalados en el Efecto Mandela no hicimos caso porque estábamos convencidos de que teníamos la mejor Sanidad del Universo.

Lo mismo nos ocurre con la Educación, ahora vinculándola a la Sanidad. Éramos de los mejores, pero nos pilla la pandemia y no sabemos cómo abrir los colegios. No hay enfermeras o médicos para presentarse en los centros de educación, no tenemos protocolos, no tenemos nada de nada. Hemos vivido durante años instalados en un Efecto Mandela que incluía a una monarquía ejemplar, a una marca España que arrasaba por el mundo entero, a unas industrias que vendían ropa a todo el planeta o construían líneas de Ave en selvas y en desiertos.

Y resulta que tenemos ahora un baño de realidad que nos demuestra que ni Doyle escribió jamás: "Elemental, querido Watson", ni tenemos la mejor Sanidad del mundo. Un buen día, ojalá más pronto que tarde, tendremos que comprender que la realidad no es como la recordamos; que vivir en un permanente Efecto Mandela no es lo mismo si creemos en una falsa frase de El Quijote que si creemos que una Sanidad desmantelada es la mejor del mundo. Y dejémoslo así, que si seguimos buscando efectos Mandela podemos acabar todos saltando por la ventana.

Dicen los estudiosos que el efecto puede deberse a un fallo colectivo de memoria o a una deficiencia en la información. Pónganle como quieran, pero no nieguen la evidencia: nuestra Sanidad y nuestra Educación no son nada del otro mundo. O todo es un misterio o somos manifiestamente ineficaces.

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