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Balada de despedida

Puerta del Sol. EP
Puerta del Sol. EP

Hay varias canciones para llorar que son muy efectivas. A los que nos gusta llorar nos vienen bien algunos trucos. Y hay ciertas normas: llorar es un acto íntimo. Imagínese que aparecemos usted o yo en el salón de casa cada cuatro horas llorando a lágrima perdida, lo que pensarían nuestros convivientes. Las canciones para llorar es mejor ponerlas una vez que uno ya ha empezado a llorar, para llorar más y mucho mejor. Si no, simplemente entristecen, pero por sí mismas no generan el efecto del llanto. Incluso pueden hacerle reír, que es lo contrario a lo que deseamos. Sin embargo, si las escucha usted una vez que el llanto ha comenzado, ¡ya verá qué bien funcionan! ¡Puede usted llorar alegremente durante al menos una hora!

Mi preferida, la que más recomiendo se titula así: Balada de despedida do 5º ano Jurídico 88/89. Entiendo que ese título al principio ocasiona una lógica incertidumbre, pero no es culpa mía. Los autores son Rui Lucas, António Vicente e João Paulo Sousa. No sé si escribieron más canciones para llorar, pero si no es así se equivocaron. El resultado es multiplicador si en lugar de poner solamente el audio la vemos en vídeo. Ahí también que saber elegir, pues a pesar de que la obra se compuso para despedir a los graduados de Derecho de la promoción 88/89, muchas tunas portuguesas la han interpretado desde entonces. Hasta hay tutoriales para aprender a tocarla con mandolina y guitarra.

La mejor versión hasta la fecha, sin ninguna duda, es la que se interpretó en la Universidad de Coimbra en 2013, en la tradicional Queima das Fitas, que es como una fiesta de graduación para nuestros hermanos portugueses. En esta versión todos y todas lloran y se abrazan, tanto los tunos como el público, como si se les hubiera muerto la Virgen de Fátima. Hasta los de la mandolina están muy tristes. Así que la cuestión va como sigue: usted está llorando por el motivo que sea: da lo mismo que sea de emoción, de tristeza o de que se le ha muerto su serpiente pitón. Entonces se va corriendo a Youtube y busca la Balada de despedida do 5º ano Jurídico 88/89. Asegúrese de que es la versión de Coimbra de 2013, que luego la cosa no sale como usted esperaba y la culpa siempre es mía. Es muy fácil culparme a mí de todo porque soy gordo y llevo gafas.

La música, como usted comprobará, mueve a la tristeza desde el primer acorde, y la letra, querida mía, la letra es una oda a la llorería. Le pongo la primera estrofa para no desvelar el argumento: "Sentes que um tempo acabou, / primavera de flor adormecida. / Qualquer coisa que não volta, que voou, / que foi um rio, um ar, na tua vida". Si hay en esta transcripción algún error ortográfico es porque hice un copia y pega de una web de letras, pero no me diga que no es para emocionarse.

Para despedir al 2020 también sirve, que a fin de cuentas es una balada de despedida. Perdone un segundo, que estoy llorando. Ya está, ya pasó, todo bien. Pero si relee esta primera estrofa, parece que los autores más que en la promoción del 88/89 de los estudiantes de Derecho de la Universidad de Coimbra estaban pensando en 2020. Sientes que un tiempo acabó, primavera de flor adormecida; cualquier cosa que no vuelve, que voló, fue un río, un aire en tu vida. Los tíos que compusieron esa letra eran unos Nostradamus. Puede que todos nos sintamos un poco así, sabiendo que un tiempo acabó y que todo lo que se perdió en 2020 nunca se recuperará, empezando por todas esas vidas.

2020 fue un año para despedirlo así, llorando como un bebé, sin control; de rabia, de pena, de impotencia o de esperanza, que todo eso lo mereció y mucho más. También fue un año que nos abrió los ojos y mostró nuestra fragilidad, la poca cosa que somos cuando viene un bicho microscópico y la emprende con toda la humanidad, a la que pilló enfrascada en lucha de gigantes, que cantaba Antonio Vega, otro que también hizo algunas canciones para acrecentar el llanto. Y vimos que el enemigo no siempre está en otro pueblo buscando la manera de vencerte, que también hay mucho de eso; el enemigo puede ser tan letal y tan poca cosa que supongo yo que bueno será enfrascarnos en estas guerras y no en otras. Y eso no tiene nada que ver con aspiraciones políticas o sociales, que cada uno lucha por lo que mejor le parece. Pero eso no impide que debamos llorar por las pérdidas, por los fracasos colectivos o individuales y porque no nos parece justo que venga un virus a meterse con nosotros, como si ese bicho pudiera hacer otra cosa, yo qué sé, reflexionar e irse.

Bien volvamos a lo importante, que es la Balada de despedida do 5º ano Jurídico 88/89. ¿Alguna vez le he dado yo a usted un mal consejo? Sí, ya lo sé. Pero esta vez sé lo que digo, hágame caso.

Balada de despedida
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