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Apostar al asesino

Una mujer se detiene ante el altar improvisando en memoria de Samuel Luiz en A Coruña. CABALAR (EFE)
Una mujer se detiene ante el altar improvisando en memoria de Samuel Luiz en A Coruña. CABALAR (EFE)

LA SUCESIÓN de reacciones a las noticias que se iban conociendo tras el asesinato a palos de Samuel Luiz nos demuestra claramente la sociedad asquerosa que hemos construido y en la que algunos se mueven con asombrosa ligereza. Los medios, por llamarles de alguna manera, de la extrema derecha y sus cachorrrillos apostaron desde el principio por un perfil de los asesinos que se fue deconstruyendo a medida que se iban conociendo los detalles.

"No fue un crimen homófobo. Su condición sexual nada tuvo que ver", empezaron diciendo, obviando que si matan a palos a una persona al grito de maricón de mierda, pues algo sí tendrá que ver su condición de homosexual. Por si acaso, difundieron al mismo tiempo una versión en la que los asesinos serían inmigrantes musulmanes porque "los musulmanes son homófobos y violentos", mensaje que circuló en las redes sociales con notable éxito. Así, cuando se supo que los detenidos eran vecinos de A Coruña, se apresuraron a difundir con gran desconfianza: "Nos dicen que son vecinos de A Coruña, pero nos ocultan que son moros". Vale.

Al publicarse que entre las personas detenidas se encontraba una chica juraría que hubo quien descorchó una botella: "¿Ves cómo la violencia no tiene género? Las mujeres también matan". Delirante. Todas aquellas voces fueron apagándose cuando se supo que todos los detenidos eran de nacionalidad española y que el único inmigrante, con o sin papeles, que intervino en el suceso fue un senegalés llamado Ibrahima Shakur, quien salió en defensa de Samuel en la primera fase del crimen. Al parecer, fue la presencia de Shakur lo que llevó al agresor a ir a buscar a su rebaño de borregos para rematar a Samuel Luiz.

No lo entiendo: que haya gente que ante un asesinato tan brutal prefiera a unos autores antes que a otros, como quien en la Eurocopa va con Escocia o con Dinamarca, solo puede ser producto de un discurso de odio que cala como agua fina y que va haciendo su trabajo de empodrecer y dividir a la sociedad española cada día un poco más. Y no ayudan discursos como el de la loca de Ayuso: "Veo mal la inversión de la carga de la prueba, y acusar sin motivos, sin pruebas como ha pasado con el chico de Galicia". Es verdad que será un juez quien dictamine si hubo o no delito de odio, pero parece conveniente repetir que mientras lo apaleaban y lo pateaban hasta matarlo no dejaban de referirse a él como maricón. El simple hecho, totalmente premeditado de no mencionar a la víctima por su nombre, Samuel Luiz, sino como "el chico de Galicia" ya dice mucho sobre Ayuso. Algo así como el famoso "esa persona de la que usted me habla" tan utilizado en la derecha para no nombrar a alguien del que no quieren saber nada. Discursos como ese avivaron a mucha otra gente, conocida o no, que inundó las redes sociales sembrando sospechas sobre los inmigrantes y difundiendo falsos rumores.

Cuando se convierte un asesinato en una apuesta sobre los agresores, que pueden ser mejores, peores o diferentes en función de su origen, de su nacionalidad o de su credo, algo estamos haciendo rematadamente mal. Ya ni vale la pena entrar en las cargas policiales que se produjeron en algunas de las manifestaciones que condenaban el crimen. Eso ya es algo habitual. Siempre cargan contra los mismos y las mismas, qué le vamos a hacer.

De momento sabemos pocas cosas con certeza: que un grupo de descerebrados asesinaron a un homosexual mientras lo insultaban por serlo; que todos los detenidos son de nacionalidad española y que los discursos homófobos, xenófobos y machistas que sirven como base ideológica a Vox y al ala dura del PP están funcionando entre una parte de la población. Ese mismo día en que asesinaron a Samuel hubo más agresiones en diferentes lugares de España, coincidiendo, ¡oh, casualidad!, con la celebración del Orgullo LGTBI.

Fomentar estos comportamientos, restarles importancia o blanquearlos es algo en lo que están poniendo todo su empeño la ultraderecha, sus palmeros, sus voceros y sus votantes. También quienes pactan con ella, lo siento. Sí, también los que se apoyan en la ultraderecha para gobernar cualquier institución a cambio de ceder en cuestiones como reventar a martillazo limpio un monumento a las víctimas de Franco o mantener una calle con el nombre de un general golpista.

Pero en fin, mientras los fachas negaban la agresión homófoba y por si acaso sembraban el bulo de los moros asesinos, estaban muchísimo más preocupados por una viñeta de El Jueves sobre Ortega Lara, porque para ellos un chiste es mucho más grave que un asesinato. El Estado español nos está quedando hecho una piltrafa desde que la ultraderecha nos marca el paso. Pero esto irá a peor. Las agresiones contra el colectivo LGTBI, la criminalización de todos los inmigrantes, sobre todo si no son cristianos, la negación de la violencia machista, todo ello generará todavía mucha más violencia. Al tiempo.

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