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Sí, pero no

Cómo podría explicar el PP que no asumiese el mando la candidata más votada

SÍ, PERO no. El PP ha escogido un nuevo camino para designar a la persona que relevará a Mariano Rajoy al frente de la organización. El congreso que culmina el sábado con la elección del líder ha sido planteado, al menos de cara a la opinión pública, como una especie de primarias. Que voten los militantes. Que las bases asuman el protagonismo y su voz decida quién debe llevar el timón en estos tiempos convulsos, con marejadas que agitan el barco y tormentas judiciales en el horizonte. Pues bien, ya lo han hecho. La que fue vicepresidenta del Gobierno ganó la primera vuelta por algo más de 1.500 papeletas. La diferencia no fue especialmente holgada, pero tampoco lo fue la participación de aquellos que estaban llamados a ejercer su derecho a voto. Da la impresión de que los aspirantes no llegaron a motivar ni a los suyos, salvo a los convencidos, claro.

Sí, pero no. Pablo Casado se alzó con el segundo puesto y la tercera en discordia, María Dolores de Cospedal, quedó apartada de la carrera a las primeras de cambio. La rival y parece que enemiga acérrima de Soraya –y sus circunstancias– no fue capaz de convencer más que al 26% de los electores. Eso sí, ganó en Lugo, sobrada. Una victoria en diferido. El resultado en nuestra provincia viene a demostrar una vez más el ojo clínico de la tropa local a la hora de elegir favorito. Si no fuese porque la mayoría ha guardado silencio hasta ahora sobre sus preferencias, casi podríamos pronosticar quién va a perder en el cónclave del sábado Bastaría con saber a cuál de los dos candidatos apoyarán de forma mayoritaria los delegados lucenses.

Sí, pero no. En otras formaciones es suficiente con que los militantes voten una vez. Se cuentan las papeletas y gana el que consigue más apoyos. Así de simple. Sin más historias. Que se lo pregunten a Susana Díaz. Lo demás es marear la perdiz y buscar maneras de tutelar el proceso para que no haya sorpresas desagradables. Para que funcione el aparato. Para los populares, que ya no estaban muy convencidos del asunto este de las primarias, tengo la impresión de que circular a escape libre sería como tirarse de cabeza a un precipicio. Demasiado para el cuerpo. Prefieren las certezas, son menos emocionantes, pero previenen la acidez de estómago. Lo del dedazo, que les funcionó sin demasiados sobresaltos en otras ocasiones, quedó descartado en este momento. No está el horno para bollos. Además de ser demócratas, hay que parecerlo. Ahora bien, nada de hacer el hippie. Mejor colocar una red al fondo del barranco, por lo que pueda pasar. Que se dispute el título a dos partidos. Que voten primero los afiliados, que se expresen. Después, lo del resultado final ya lo vamos viendo. Mejor lo cocinamos con poco más de 3.000 compromisarios. Algunos elegidos, para que la cosa quede más o menos presentable, y otros natos, con mando y abolengo.

Sí, pero no. El asunto se ha venido complicando en las últimas semanas por la negativa de Casado a integrarse en la candidatura de Soraya. Hay pus en las entretelas de la organización. Ambos aspirantes han caído en la red y siguen vivos en la carrera por la sucesión. El problema es que ambos han aterrizado con el cuchillo en la mano y parecen dispuestos a despedazarse. La que fue vicepresidenta reclama su derecho a reinar por haber sido la más votada. El joven diputado de Ávila reivindica sus apoyos y los cosechados por los aspirantes zombi. Aquellos que se niegan a morir o, de pasar a mejor vida, prefieren hacerlo matando. Llegados a este punto solo puede quedar uno. Están probando en sus carnes lo que ya ha sucedido antes en otras formaciones. Unos y otros se miran con recelo. Van acumulando un rencor que difícilmente quedará extinto después de la reunión del sábado. Pasa en las mejores familias.

Sí, pero no. En Lugo, pasada la primera ronda, hay compromisarios que se decantan abiertamente por un candidato, pero muchos, al menos hasta ahora, han preferido mantener la cautela. El primero en apostar por la candidatura de Casado ha sido el diputado Jaime de Olano, mientras Joaquín García Díez, también hizo pública su intención de apoyar al de Ávila. Otros pesos pesados del partido hablan de la "solvencia" de Soraya con la boca pequeña, mientras que Barreiro subraya la importancia de que el PP tenga al frente a una persona con experiencia en el gobierno y recuerda el hecho de que Saénz de Santamaría fue la que más votos cosechó entre los militantes. Blanco y en botella.

Si no hay integración el asunto puede complicarse. La segunda vuelta puede escaparse de las manos de sus arquitectos. Al votar con sobres y en cabinas, cada compromisario puede hacer lo que le dé la gana. Decir que apoya a uno y hacer todo lo contrario. Nadie se va a enterar. Existe un riesgo evidente para un partido que siempre ha defendido que debe gobernar la lista más votada. Se ha hinchado a criticar los pactos de perdedores. Cómo podría explicar que unos cientos de delegados torciesen la voluntad sus militantes. Sí, pero no.

Sí, pero no
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